S.L. XXVIII

Rectangularizar la mirada para evadir todos los demás sentidos. Los olores, por ejemplo, que parecieran no proceder de geometrías ni de fantásticas exclusiones topológicas. El tacto, tan propio de las superficies expuestas, ese no saber de dónde vendrá la próxima caricia, desde qué lugar nos tocará la muerte. Algunos sonidos, silbidos atraviesan los muros, las espaldas de los transeúntes, voces escondidas, entremezcladas con perfumes cuyos colores los anuncia la televisión, una mujer modelo, delgada y en blanco y negro curvándose sobre lo que asoma como un sillón, también en blanco y negro. Ella es rubia –dicen las voces--, dice un transeúnte que deja escapar una voz de su abrigo, la mujer a su lado imita la mirada, imita los ángulos de la mirada, ángulos que se acomodan en la rectangularidad de la mirada, esa mirada que surge de otra rectangularidad, algo menos transparente, vidriosa, fantástica, para mantener los sentidos en sus orígenes, para recordar que la verdadera mirada es humana, animal, de luz y carne, para recordar que lo rectangular pertenece a la mirada abstracta, de los calces industriales, de la economía de los materiales, de la producción y la fácil incorporación a la vida diaria. La mirada rectangular concentra sí la ilusión y la acompaña industrialmente de realidades congeladas, compactadas igualemente rectangulares y fantásticas, distantes de todos los demás sentidos, a sus lados, a sus cuatro lados, sin lugar a sombras. Cajas negadas de las sombras, negadas de su coporeidad. Una sucesión de miradas rectangulares tiende a completar un escenario inconcluyente, en todas las direcciones, la proximidad es tan fina que todo lo que dista pareciera estar unido, pero es solo una gran ilusión de continuidad. En realidad cada elemento observado, y nombrado, pertenece a un rectángulo. Si tal rectángulo es dividido dado un eventual reconocimento de diferencias en su interior, y nombres relacionados, la ilusión es la realidad anterior. Se trata de un proceso interminable, un viaje hacia lo diminuto, sin que los nombres sufran alteraciones proporcionales. Y esta es precisamente la gran ilusión. Que los nombres no son afectados por los tamaños de los elementos descubiertos en la sucesión de miradas rectangulares. Cada palabra conserva su largo, su ancho y su fantástico espesor.
[Seres Laterales cap.XXVIII]
[foto: Team New Orleans, US Army Corps of Engineers]

































