[ 15.7.11 ]

S.L. XXVIII



Rectangularizar la mirada para evadir todos los demás sentidos. Los olores, por ejemplo, que parecieran no proceder de geometrías ni de fantásticas exclusiones topológicas. El tacto, tan propio de las superficies expuestas, ese no saber de dónde vendrá la próxima caricia, desde qué lugar nos tocará la muerte. Algunos sonidos, silbidos atraviesan los muros, las espaldas de los transeúntes, voces escondidas, entremezcladas con perfumes cuyos colores los anuncia la televisión, una mujer modelo, delgada y en blanco y negro curvándose sobre lo que asoma como un sillón, también en blanco y negro. Ella es rubia –dicen las voces--, dice un transeúnte que deja escapar una voz de su abrigo, la mujer a su lado imita la mirada, imita los ángulos de la mirada, ángulos que se acomodan en la rectangularidad de la mirada, esa mirada que surge de otra rectangularidad, algo menos transparente, vidriosa, fantástica, para mantener los sentidos en sus orígenes, para recordar que la verdadera mirada es humana, animal, de luz y carne, para recordar que lo rectangular pertenece a la mirada abstracta, de los calces industriales, de la economía de los materiales, de la producción y la fácil incorporación a la vida diaria. La mirada rectangular concentra sí la ilusión y la acompaña industrialmente de realidades congeladas, compactadas igualemente rectangulares y fantásticas, distantes de todos los demás sentidos, a sus lados, a sus cuatro lados, sin lugar a sombras. Cajas negadas de las sombras, negadas de su coporeidad. Una sucesión de miradas rectangulares tiende a completar un escenario inconcluyente, en todas las direcciones, la proximidad es tan fina que todo lo que dista pareciera estar unido, pero es solo una gran ilusión de continuidad. En realidad cada elemento observado, y nombrado, pertenece a un rectángulo. Si tal rectángulo es dividido dado un eventual reconocimento de diferencias en su interior, y nombres relacionados, la ilusión es la realidad anterior. Se trata de un proceso interminable, un viaje hacia lo diminuto, sin que los nombres sufran alteraciones proporcionales. Y esta es precisamente la gran ilusión. Que los nombres no son afectados por los tamaños de los elementos descubiertos en la sucesión de miradas rectangulares. Cada palabra conserva su largo, su ancho y su fantástico espesor.

[Seres Laterales cap.XXVIII]


[foto: Team New Orleans, US Army Corps of Engineers]

[ 17.6.11 ]

Las sombras de los peces



Pero el que es del mar no gasta su tiempo en dibujar peces en la arena. Pisa hasta donde lo vertical se complace de su propia sombra y vuelve con los dedos lisos para la sal y el viento. Escasas fueron las lluvias y ya los seres de tierra padecían la fragilidad de oler a materia. Aroma... esa otra penumbra. Materia --reflexionaron-- es lo que dura poco, como la arena, y no el trazo que en el fondo es sombra y pronto bocado del mar sin espuma.
Las olas, pequeña, son todos los dibujos esos que pudieron dar sombra, pero olvidados fueron por ciudades artificiales sin tinta. El sol es testigo y les celebra la fiesta dándoles ropaje de oro y plata: el gran triunfo de las escamas.




[foto: Cyron]

[ 7.2.11 ]

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba


Hubo un tiempo para mirar sobre la curvatura y la transparencia. Mirar la luz extendida y como si perteneciera la forma; tan quieta cada segundo, sin pupilas. Aparecía el sol en cada grano de aire, múltiple; diría el incauto: muchos soles, y tomaría las órbitas el malicioso para distraer a los ciegos. Espuma.
Si nos sentamos sobre el filo de la noche, fue solo para oponernos a lo indefectible, ignorantes, en ausencia de un conocimiento que llenaba los poros. Siempre estuvo ahí.

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba, cuando las estrellas eran gases detrás de las fotografías y las plantas ya dominaban una paciencia sublime. Solo tenemos esta espuma que vuelve una y otra vez en la blonda del mar a reventar los soles de un falso sueño, para empujarnos a la cuenta del sinnúmero de la curvatura y la transparencia, al origen de esa luz que recae en los granos de la arena, a la noche que se lleva todo y nos retira a la partida desde los ojos. La luz te asoma hacia el fondo: la espuma no sonríe mil veces, es tu simetría.







[foto: andres.moreno]

[ 21.1.11 ]

La ilusión de haber alcanzado el sol


Empieza como una broma, probar un poco, la vida parece demasiado evidente: nacer, morir: demasiada ceguera para no ver las ramas. Y pruebas.
Y la broma se extiende hasta los bordes, un fondo de ramas difuso, las risas o espinas, lejanas; a veces te toca elegir. Y eliges.
Suena una musiquilla detrás de la primavera, la televisión dice que ya eres adulto, que tus padres son aburridos, que el amor viene en libros de autoayuda, que Dios es propiedad privada. Y sigues probando con la excusa del arte.
Mientras bajas vas encontrando seres parecidos a ti, pero eso no significa que estás acompañado, y lo sabes: te sirven de peldaños; ellos también buscan la promesa de un sol en el centro de la Tierra. Y escarbas, y la sangre te escarba la carne para salir, nostalgia rojiza. Lejana fue la broma. Excarvan todos solos sus propios infiernos.
Miras, me miras, los ojos diminutos, un refugio húmedo, iríamos a la playa, la piel de gallina, agujeros en el sol, lejos está la nave y el amor. Algún recuerdo queda de ese amor, algo quiere decir la forma del ombligo, las espaldas de las madres.
Sonreíamos en esas fotos, pero no eran nuestras sonrisas, no eran las que se abrían en la infancia; esos dientes son más bien carnívoros, dragones huyendo de meteoritos. Nos confundimos de camino. Era solo una prueba, eso lo dijimos al principo, cuando pensábamos que las bromas se extendían. Ahora duele y hace frío. Es como metálico y está oscuro. Pronto nos quemaremos en el fondo con la ilusión de haber alcanzado el sol.




[foto: Campanero Rumbero]

[ 27.12.10 ]

Las historias


En su país, los libros de historia le decían que nosotros fuimos los culpables.
En mi país, los libros de historia nos decían que ellos fueron los culpables.
Por creer en los libros de historia muchos entregaron sus propias historias,
en guerras dirigidas por gobernantes sin memoria.

Y aquí estamos, los gobernados, mirándonos los ombligos,
indiferentes al último olvido,
mientras los gobernantes de tu país y de mi país
se emborrachan con todos los vinos.




[foto: Richard.Fisher]