[ 12.5.08 ]

Reíanse las reinas

Todas íbamos a ser reinas
pero nos gustó el hipismo
y estampamos camisetas,
cintillos, ponchos, y lo que quiera
el caserito.

Todas íbamos a ser reinas
pero el hipismo era más rentable.
La coca cola sabe a coca cola y no
a ideas metafísicas que complican a esos tres
cuartos de nuestra composición.
El agua es un derecho humano que se evapora,
y la coca cola tuesta la piel,
Bajo el mismo sol.

Todas íbamos a ser reinas
pero hace tiempo susurraba la democracia.
Y en mi pueblo creían que se trataba
de alguna especie
de fertilizante
Luego entendieron que el agua es
un derecho que se evapora.

Todas íbamos a ser reinas
pero con ipod?
con celular?
con bolsas?
por el mall?
con cards?
Todas íbamos a ser reinas.

Todas íbamos a ser reinas
Pero al principito justo
se le ocurrió que lo esencial es invisible a los ojos
Y cerramos los ojos
Y se nos escapó.

Todas íbamos a ser reinas
con marido, gato, casa en la pradera,
televisión y teleserie
donde la protagonista soñara
con al menos una de nosotras
antes del reparto.
Y así fue.




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[ 28.4.08 ]

Expeler unas cuantas partículas

Uno puede olvidarse de que ha sido uno durante el día, y, al encontrarse otra vez con la cara descubierta bajo el cielo, expeler unas cuantas partículas --u ondas, según su gusto-- de mala sangre...
Que tu cabeza dice "tal vez", pero la suya no dice ni "jamás".
Que debías bajarte en la estación siguiente, pero que te pasaste dos y tuviste que cruzar y volver (la cara de despistado no viene por separado).
Que debías devolver en la biblioteca "Casi en silencio" de Hugo Mujica, pero que no, que te lo llevaste bien en silencio en el bolso.
Que el bolso requiere urgentemente una generosa lluvia, como la de anoche, que levantó el aroma a tierra y vegetal y Messenger.
Que otros glóbulos desafortunados más. El resfriado, por ejemplo.
...No en gesticulaciones orales cuyas ortografías querrá jamás reconocer la RAE. Sí unas cuantas notas al azar, en la guitarra, una atmósfera Grunge quizá, o punk (algún recuerdo infantil de MTV podría servir). Nada de electrónica, que es demasiado sutil y requiere una disposición calma de la respiración. Esto es más bien algo con el brochazo gordo, algo con pintura sin diluir, con grumos, sin batir, ojalá pintura roja y esmalte acrílico, para que hasta quitarlo cueste su cansancio... Unas cuantas notas bajas, entre Mi y La, quizá Re, pero no más arriba. Si las cejas se han separado lo suficiente y la respiración ha permitido algún suspiro, podría ser que la idea ha marchado por buen camino. Pero no basta. No basta. El problema es atómico. Ya veremos cómo proceder para erradicarlo.



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[ 7.4.08 ]

Relojes viejos

En la gran plaza de La Cebolla Que Nos Simpatiza, quince relojes antiguos discutían acerca de la existencia y de la no existencia. Uno alzaba la voz y se lamentaba por los relojes jóvenes que por carecer de péndulos caían en el flagelo de la pendulación.

-Créanme --decía-- y fíjense: los jóvenes ya no tienen péndulos, ¡Ellos se están convirtiendo en péndulos, con ese individualismo de hacerse a una muñeca y viajar a cualquier parte!
-Los tiempo cambian, Rodomiro, ten paciencia.
-¡La tengo! ¡La tengo! ¡Los jóvenes no la tienen!

Así, cada uno exponía su punto de vista y se adhería a uno de los dos grupos oponentes: los Pendulacionistas Positivos (abreviadamente WEYRGNM) o al Frente De Protección Al Péndulo En Su Lugar (cuya abreviatura puede darse por entendida). Los primeros toleraban que los jóvenes relojes fueran ellos mismos péndulos al aquietarse en los brazos, los segundos se oponían rotundamente y estaban dispuestos incluso a atentar contra cualquiera que se negara con una cuchara.

-¡Es un problema de in-di-vi-dua-lis-mo!
-Eso no es individualismo.
-Señores por favor, no griten tanto que estamos en la plaza.
-¿Trajiste plata para el pasaje?
-Otra vez los jóvenes no asistieron.
-¿Y los jóvenes?
-No vinieron.
-¿Entonces cuál será la decisión?

Hubo un silencio rectangular por algo así como ocho días. Entonces, el viejo Grimildo, asumiendo que todos eran unos aburridos, metió su mano en su chaquetón y desde el bolsillo del corazón sacó una cajita verde como esas que contienen argollas de compromiso.

-¿Qué tienes ahí, Grimildo?
-Ya verán...

Adentro, un pequeño reloj (joven) se balanceaba sentado sobre una especie de colchoncito, con sus extremidades rodeando sus extremidades al ritmo de un minuto. Grimildo acercó sus inmensos sentidos de la visión al diminuto, y le preguntó:

-¿Pues bien, joven reloj, te gustan las papayas?
-¡Me encantan!



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[ 6.4.08 ]

El niño pasea con un globo lento sobre su cabeza veloz




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EL NIÑO PASEA CON UN GLOBO LENTO SOBRE SU CABEZA VELOZ

[ 24.3.08 ]

Con alitas, con corbatas - Seres Laterales



Y nos podríamos divertir, sentados en la acera, cerca de las ruedas con los pies las manos inconclusas. Tú cuentas a los que pasan con corbatas y yo a los con alitas y nos turnamos, para que no digan después los chismosos que nos quedamos con todos los números.
Es cosa de izquierda y derecha, fácil, nadie viene de los muros. Y las costillas, nuestras costillas, parecen bien sellar aquello que por sobrenaturalezas los seres laterales atribuyen a orígenes utópicos. Y lo sabes bien: para los antropófagos, nuestros corazones son solo carne, y para los dioses polvo como el Cola-Cao (aunque un poco más cuántico y sin preservantes).
Tú dices mira a ese y primero te escucho, aquel hombre con un sombrero tan grande como el mundo de Atlas, saltando de línea blanca en línea blanca por la mitad de la calle. Y hablamos de sus imágenes de cine que se le cuelan por las orejas, las melodías de Morricone sobre Hamelín o el Paseo Ahumada, la Desideria contra Bettie Page en el Plebiscito del 88, y todas esas figuras que los vendedores de edulcorantes coloreados saben bien embutir en las neuronas de los chicos. Tengo hambre.
¿Perdemos el tiempo?
No es una pregunta filosófica la que te hago. Veo que tienes un reloj de verdad, por eso te pregunto. Veo además que es bastante bonito. ¿Tu reloj da horas bonitas? El mío sí, porque está pintado. Pero no perdamos el tiempo hablando de relojes, que bien pudieron pasar unos cuantos seres laterales sin darnos cuenta.
Ahora a ti te toca contar a los con alitas.
Si llevan una sola, cuentas la mitad. Y así sucesivamente, hasta el cansancio.



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Fotografía: SideLong