12.12.05

Cuando sobra la explicación


Cuando la mujer vio en sí que su cuerpo se estaba convirtiendo en el de un hombre, dejó caer su copa de ciegos peces o de peces ciegos. El hombre, al ver que la mujer estaba sufriendo tal cambio y, desde luego, conmovido por su exaltación, levantó su copa de ojos sin pupilas, sin mirar a la mujer. Los ojos de pupilas ausentes, entonces, se alejaron de la copa que los contenía y formaron en el vuelo, en el espacio destinado al aire, un arcoiris. Un arcoiris de ojos subiendo, de ojos cayendo, un arcoiris, al fin y al cabo, de pupilas ausentes. El acontecimiento tranquilizó a la mujer, pero su columna vertebral desapareció al sesentaitresavo acto. Y el río, dispuesto desde un principio a dar casa a los peces, terminó contra su voluntad en una larga cola de león sin león.