21.12.05

Eso


Sabes que esto se construye de a dos. Lo sabes desde que tienes televisor en tu dormitorio. Los niños ya están grandes y las tres empleadas son sólo saludos al salir de Misa. Saludo a todos los conocidos, como siempre. ¿Todavía fijas la puerta del baño con un cartón en el pestillo?. El otro día pasaba frente a la ferretería, la verde con blanco, y pensé en esa puerta, pensé en las ventanas de atrás sin barniz. Las cortinas impecables en tu inmaculado taller. Taller de la vista perdida. Nunca conocí tu razón de no dar rincón alguno a tus trozos de madera que minuciosamente escogías en los potreros. Tardes enteras. Quién sabe. Vi también, pero en otra ocasión, al Aníbal, te mandó saludos. ¿Cuando ves a alguien que me conoce, me manda saludos?. No me importa mucho en realidad, pregunto por saber, nada más; como nunca me dijiste, como nadie me mandó saludos a través de ti. Yo sé que te molesta una pregunta tras otra sin responder la primera. Pero ya basta, ¿no?. Con tu silencio uno se responde cualquier cosa y termina, siempre, definiendo tu parecer sobre las cosas, y termina decidiendo por ti, y el mundo es más fácil, porque es a partir de lo que yo quiero. Y eso me revienta. Me revienta y te lo digo. Frente a tus ojos el mundo maravilloso de mis especulaciones y por detrás mi vocecilla reclamando un ápice de tu persona. Eso me harta. Esto se construye de a dos. Esto se construye de a dos y tú lo sabes. Un vaso roto en la mesa de vidrio y el vino en tu vestido, no nos es mucho.