27.12.06

La emergencia

Es esta, amada mía, la última emergencia de las risas y la luz
que a don del beso cubre la fiesta desde tu boca,
correr desnudos y desnudas para uno y tanto una
en nombre de las olas junto al fuego que insinúa
a la noche ardiente y marina un colmillo clavado de tierra
de voces y jugos animales,
de sabores que estallan al cederlos.
El vegetal también impaciente
de tantos y tantas en colores aceitosos y veloces
difíciles memorias en la piedra de las diarias estatuas.
Hoy todas y todos en el juego de los ciclos
en la entrega inmensa al tiempo de los astros,
a la fe de la humedad donde se duermen los amantes,
a la melodía sagrada cuando sumas las gracias.
Es esta la última emergencia del día,
de las horas que olvidaste en lo escrito.
Mañana será la primera,
tras la resaca y la ignominia
de los que no participaron.

(¡Salud y Felices fiestas!)









19.12.06

Entre líneas

(Recomendación: hacer click sobre la imagen, si sus ojos no le ofrecen una íntegra lectura)
(Agradecimientos: por el click)

17.12.06

Ahora da lo mismo el título

Es que tengo los dedos planos y el corazón machucado.
Es que si escribo voy a terminar dando vueltas dentro de una O rodeado de tinta.
No, papel no. Directo con las teclas. La caligrafía es importante.
Es que me preguntan "cómo estoy" y digo que bien, pero no, pero debo sonreir. Nadie está para escuchar que el otro está mal, salvo si sale en la tele y llora bastante.
Es que digo que estoy bastante bien.
Estoy a punto de borrar este texto, cancelarlo, poner en off todo lo que está on e in.
Quise escribir sobre Pinochet, pero en realidad no me interesa, y si me interesara, no me interesaría que le interesara a alguien a través de lo que yo escribiere.
Insípido, amargo, pesimista pero bien. Traición.
Vuelvo a caer en lo de estar mal con cara de estar bien.
¿Y después nos exigimos sinceridad? ¡Basura!
Hoy estoy con cara de culo. No voy a traicionarme.
Me miro al espejo y me veo a mi mismo
con toda mi explendida asimetría.
Ya no me conmueve ni la poesía mamona, la cursi, ni la inteligente ni la idiota ni la rebelde. Y escribo.Y escribo puntos seguidos como puntos aparte porque se me da la gana. Hoy no estoy para esas cosas. Ni para coherencia alguna. No he comido frutillas.
¿A quién le interesa el signo zodiacal de esa modelo o esta otra?
Otra vez el insomnio. No tengo cigarrillos.
Tengo ganas de hacer un invento, para transportarme a otra ciudad, con un solo botón.
Es que de verdad ando estúpido. La estupidez como la papera o la viruela, preferible una sola vez. ¿Haz fumado yerba mate cuando no quedan cigarrillos? Duele el estómago. Duele como cuando te enamoras y te ignoran, pero sin fiebre y sin pelo sucio. Exceso de alcohol, la misma ropa por una semana, la misma capa de desodorante, buscando ver a Dios en el ojo de una mosca. Un número para la felicidad en la medianía. Las cosas por contar sin destino.
¿A quién le cuento sobre aquello que me maravilló en el día? una lucha con mi pésima memoria.
Puedo tomarme todo un día viendo como. Otra cosa. Esto se acaba. intentaré dormir. no me despido. qwertyuiopasdfghjklñzxcvbnm las teclas de izquierda derecha presionadas con mis dedos planos en dirección al corazón mmm todavía machucado. ¿Quedó coherente? No es necesario responderme. Mala idea terminar con una pregunta. Estoy siendo abierto. mejor , basta. Tiempo top top tiquitaca trrrrrrrr paf! nada intencional. Besa antes de decir hola.

3.12.06

Aires y ciertos otros

Que baste el aire cuando el hombre vea la luz en su origen, no sobre las cosas. Aire para que las lágrimas cuelguen y se balanceen en las mejillas como caracoles suicidas y cristalinamente tristes. Aire para cuando duelan los ojos de tanta luz desafiada, para cuando la sangre acuda a ellos como si fueran golletes o algún invento que elogie el vaciado. Que baste el aire cuando el perdón explote en la boca con la intensidad de los astros, que baste cuando la piel quede expuesta a los números entre gritos y pasteles llenos de hongos. Que baste el aire cuando el hombre vuelva ser pequeño, célula, fracción insignificante en sí mismo. A veces pienso que sólo estoy hecho de venas, luego existo.

***

Venir desnudo, sólo con placenta entre las manos, para irse seco y dejar un centenar de juguetes como testimonio del tiempo y el espacio y uno. Uno, qué exagerado decirlo. Te pregunto. ¿Venir desnudo, sólo con placenta entre las manos, para irse seco y dejar un centenar de juguetes como testimonio del tiempo y el espacio y dos? Un árbol para hacer papel, papel para hacer hojas, hojas para hacer cartas de amor: un árbol para hacer cartas de amor... y es lo mismo: las hojas las bota el viento, aire que no se respira. Que baste el aire para morir desnudo. Que baste para pensar el último deseo.

***

Estaban en la disputa de si el pastel de cumpleaños debía ser circular o cuadrado. Si es circular, pensaban, las noventaiuna velitas calzarían perfectamente. Lo Circular resuelve lo impar. La velita número uno iría al centro, las demás se irían poniendo ordenadamente como espiral, si no en su forma exacta, sí al menos en el orden de los círculos, de menor a mayor; pero la última vela por poner debía no parecer la última, sino una más del montón, y eso era un problema porque la última en poner debía estar tan íntegra como la primera, y las velitas no eran nuevas, eran acumuladas de años y cumpleaños diversos anteriores, algunas estaban quebradas otras quemadas, todas muy distintas; la cosa es que en ese caso, era mucho mejor poner una sola vela al centro. Pero noventaiun años, ¡Son diez más diez más diez más diez más diez más diez más diez más diez más diez más un años!. Cuadrado favorecería la proporción entre los trozos a repartir, y la diferencia de cada vela sería irrelevante, porque ninguna sería centro, pero esa velita que hacía lo impar del total sería el problema... ¿Y si ponemos noventa solamente? total, ¿quién se va a poner a contar? ¡Rayos si es cuadrado! ¿Cuál es la raiz cuadrada de noventa? ¡Mejor rectangular!... Finalmente se decidieron por que fuera rectangular.
¿Y qué hicieron con la velita esa? Bueno, hicieron otro pastel, y pusieron esa velita, la de mejor calidad, sobre ese pastel, circular y sólo para el festejado. Ambos pasteles eran del mismo sabor.

***

Laurelio del Monte coleccionaba botellas. Todas muy bien cuidadas reposaban sobre repisas, quietas hasta que Laurelio se acercaba y las frotaba con su pañuelo, para luego mirar a través de ellas como si fueran lupas. Hacía una ronda de limpieza y otra, muy curiosa, de "verificación de calidad", como él mismo decía, que consisitía en torcer las tapas asegurándose de que estaban correctamente selladas. Si había una botella que cedía el giro, Laurelio quitaba la tapa y arrojaba la botella al basurero.
Laurelio del Monte coleccionaba aire en botellas.

***

- Las velitas no prenden, hay mucho viento, cierra esa ventana.
- Es que hace mucho calor.
- Cierra la ventana por un rato, hasta que se cante el Cumpleaños Feliz.
-¡No sé cómo pueden cantar con este aire!





***

6.11.06

En el supermercado

- Una promotora de una marca de bebidas light conversa con una promotora de una marca de galletas light sobre la última de una marca de hamburguesas.

- Una señora escoge el trozo de longaniza más grande en la parrilla para degustar, mientras su marido compara precios de detergentes y lavalozas.

- Una mujer con un bebé en brazo es detenida en la entrada por los guardias de seguridad, tras ser sorprendida por las cámaras de vigilancia guardando una cerradura entre sus prendas.

- Una cajera llama al administrador porque una barra de chocolates no viene con código de barras.

- Una voz baja anuncia por el altavoz el extravío de un menor de edad: llaman a su mamá para que lo vaya a buscar a la sección de carnes y pescados.

- Una anciana pide que la atiendan en la sección de vegetales. Una señorita se acerca y le dice que primero debe sacar el número de su turno.

- Un guardia se me acerca y me pregunta que qué estoy haciendo. Le digo que estoy haciendo la lista de lo que tengo que llevar.

26.10.06

De los tres tristes tigres que fueron expulsados de los trabalenguas


Tres tristes tigres tragaban Mudai en un bar
El zoológico abrió su lógica y los zoos quedaron libres
El catalejo dio la vuelta al mundo y se descubrió a sí mismo
por dentro
no por el lado
pausado haciendo
malabares con un meridiano sobre un paralelo
pisando despacito como la hache

Tres tristes tigres tragaban Mudai en un bar
Salieron borrachos a las seis
entre rayas incompletas y risotadas

Tres tristes tigres tragaban Mudai en un bar
Fueron expulsados de los trabalenguas.





23.10.06

Efecto Crisálida

A ver, cuénteme. Vaya contándome: qué le sucede.

Tropiezo con los ojos, que vienen de frente y se pierden en mi espalda. Intento retener los gestos amables bajando los párpados. Disminuyo la velocidad del paso para esperarme, para saber de dónde vengo y hacia dónde siempre creo llegar, pero sin darme cuenta me encuentro cerrando una puerta por dentro. Oficina y casa, la luz de interruptor interrumpida, la voz grabada en la radio diciendo la hora en punto, la impresora remeciendo el escritorio, la señorita que viene a buscar sus papeles y deja sólo su perfume, y que no me amará jamás y yo a ella tampoco. La llave, el sobre de la compañía eléctrica bajo la puerta, el silencio de la bienvenida, el televisor y el polvo del día sobre las cosas que no cambian solas.
Y otra vez, y otro día igual a otro, y la gente que anda, que va y viene para encerrarse, para cumplir, que va para volver; porque el día es eso: salir para volver, salir a hacer para volver.
En la mañana, antes de marcar la tarjeta de asistencia, paso a comprar el mismo tipo de pan, leche y queso y jamón, en la misma panadería que queda en la esquina de la cuadra donde cumplo mis horas traspasando documentos de papel a la misma computadora con las mismas teclas. Y me como el pan y boto las sobras empujándolas con mi meñique izquierdo.
No tengo miedos propios. Todos los miedos los aprendo en el noticiario. No tengo más anhelos que los que me sugieren los modelos en las gigantografías, en las pausas comerciales de programas estelares por televisión. No tengo miedos propios... ya lo dije.
Ya no cuento los minutos, como cuando empecé a trabajar, ahora cuento los días. Me paso, desde que entro, hasta el momento del hambre que coincide con la hora de almuerzo, traspasando números y nombres de personas. Me entretengo, a veces, relacionando a personas por apellidos, invento relaciones familiares entre ellos, imagino ascendencias cuando considero los números de registro. Y de esa manera vivo un día tras otro, patentes desde que marco mi tarjeta hasta el hambre y luego desde el hambre hasta el próximo hambre.
Disfruto mi trabajo, porque con él pago mis deudas. Porque además me da el tiempo para soñar lo que quiero y olvidar lo que no tengo. Pero lo disfruto sólo cuando estoy en él, porque cuando estoy en casa pienso en el vidrio de la ventana que aún no repongo...

¿Y qué lo hizo venir hasta acá?

...Es que ayer en la mañana, cuando me disponía a tomar un colectivo hacia el trabajo, vi a una mujer llorando en la calle. Y estaba sola.

20.10.06

La mitad sin escribir

Braulio Tilín, el menor de siete hermanos, miraba muy atentamente a su madre en la cocina. Le entretenía verla con un cuchillo en la mano, sobre todo, como ahora, cortándole los cogotes a las gallinas para las sabrosas cazuelas que todos en la casa disfrutaban.
Cuando el cuchillo separó la última cabeza, Braulio se acercó y dijo:
- Mamá, quiero ser poeta.
- ¡Ah, qué bien! - respondió su madre, con un tono de cierta indiferencia, concentrada en una vena que no se le despegaba del delantal.
- Sí - prosiguió el niño, entusiasmado -, quiero ser poeta, quiero escribir para abajo.
- ¿Cómo es eso?
- Sí pues mamá, los poetas son los que escriben hacia abajo.
- Pero yo también escribo para abajo... y no soy poeta, que yo sepa.
- Sí, pero tú y mi papá y mis hermanos escriben para abajo, pero ocupan toda la hoja. Los poetas escriben para abajo, pero dejan una mitad sin escribir.
- Ah, entiendo.

La madre no comprendía mucho en realidad a qué se refería su pequeño de 7 años. Algo había escuchado de poesía, en su lejana niñez; algo sabía de que había un poeta famoso, o dos, no, que una había sido mujer, algo así, no se acordaba bien. Es más, el único recuerdo que tenía era el de su profesora diciéndole: "Mira, ese señor que sale en ese cenicero de cobre es un poeta importante". "Si sale en un cenicero de cobre, será importante"- pensó.
Tras recordar brevemente, trató de relacionar eso de ser poeta con sus quehaceres domésticos: "Eso de dejar una mitad sin escribir debe ser como cortarle una cabeza a una gallina y quedarse con la cabeza... o con el resto". "¿Será la cabeza o el resto?"- se preguntaba, mientras miraba perdida los ojos amarillos del ave seccionado.

Receta de una cazuela*:

Ingredientes:
- 1 pollo
- 7 papas medianas
- 1/2 Kg. de zapallo
- 3 choclos
- 2 Tzas. de arroz
- 1/2 Kg. de porotos verdes al hilo
- una cebolla
- cilantro a gusto
- 1 lt. caldo de ave
- sal
- pimienta

Preparación:

Trozar el pollo, el choclo en dos cada uno. El pollo dorarlo en una cacerola grande, añadir sal y pimienta y cebolla. Luego agregar 1 lt de caldo de ave, más papas, porotos verdes, esperar unos 15 min. y agregar el arroz, luego servir con cilantro fresco picado.

*http://www.cocinadelmundo.com/paises/chile/sop/5983.html

16.10.06

Lenguas



Lenta por la boca sombra,__________________________
___________________la boca luz arriba en el hallazgo___
Ten___________________________________________
Ten en tanto a tientas te ando_________________________
Tentáculos _____________de fruta ombligo y tinta flor______
__________________________________el extravío_______
Paladar catedral el tibio umbral________________________
al tiempo de yacer el gemido___________________________
_____________________gesto______________________
______________________Y____vocal__________________
manos que hacen de labios____________________________
_______________________(saliva de mar____ ¿Y?)__________
____________________________________________________

____UUUUUUUUUUUU___olas__MMMMMM___violentas________
______________________________________________________
Sexto el sentido__________la lengua que no es lengua________
por los poros lazos________la lengua que osa irse de la boca____
Hambres de bestias_______la lengua que muerde y dibuja_____
es hambre de dioses______la lengua que oxigena otra lengua___
_______________________________________________________
(Los corazones de fondo... sin violines, sin orquesta)____________
_______________________________________________________
_____________________y ahora___sinfonía en el sol..._________
_______________________________________________________
_______________________________________________________
_______________________________________________________


13.10.06

Accidente de carretera

Llueve en primavera. Ella lava los platos. Él se lava las manos. En la tele, el periodista dice que hay sólo dos víctimas fatales en un accidente de carretera. Ella se sienta a ver su teleserie favorita. Él se despide y se marcha al trabajo. No hay beso.

12.10.06

La placita celeste

Los pájaros naranjos llegan a eso de las siete a la placita celeste, para llenar como crema chantillí los imponentes pinos rosados que coronan el pavimento achurado. Abajo, las mesitas amarillas reciben al ritmo del sol las cálidas conversaciones de viejos y jóvenes cesantes que muy violetamente se disponen para jugar con naipes y dados azules. A eso de las doce, llega Machote, el perro verde, ladrando a sus rodillas, avisando que ya es hora de almorzar.

Todo lo demás es blanco zinc, sobre papel de servilleta.


7.10.06

Cara y sello de la sangre


Sangre encerrada sólo imita el secreto del reloj,
cuando el tiempo de la carne se reduce
a la abundancia inconclusa. Falta,
mitad partida en glóbulos instantes.

Comparece nuestra piel ante el aire y le permite
entrar por los pliegues,
arrugas - digámosle al espejo,
presencia que no revela músculos colores.

Carne y piedra cargan nombres,
viento y flor se los llevan
al silencio. Forma intacta acogida
en sarmientos recuerdos.

Sangre abierta funda arte,
desafía al sol, al prisma y al ojo,
tocando por fuera lo que afuera era antes,
implicada en todo como polvo muerte.



(imagen: fragmento dibujo tinta, original 38x51cms, s/t, autor Comunidad Viabinaria)




5.10.06

Saludos a Diego

¿Hacia el final ya sólo nos juntamos para fechas que llamamos importantes? Parece que así fuera. ¿Lo decidimos así, o sólo podemos decir que "es parte de la vida"?
Así como hay decisiones que nos reúnen en la novedad y luego en la permanencia, también hay decisiones que nos distancian, que nos acercan a otros descubrimientos y nos abren la posibilidad de otras permanencias. Lo hemos decidido cuando jóvenes (en muchos, probablemente): emprender una carrera, formar una familia, morir con tranquilidad. Otras veces ser y estar es un mismo regalo que se muestra distinto cada día. Trazamos el rumbo, pero no escogemos el papel. Algunos ya contienen dibujos, líneas, círculos; otros cargan borrones, otros permanecen siempre en blanco.

En el mesón poníamos cada uno una botella de cerveza y empezábamos a conversar, de lo que fuera. La redondez del tablón nos hacía ver el mundo, donde las personas eran las burbujas que subían solas y se unían a la espuma. Tema tras tema sin titular hilábamos sin nudos, como una larga trenza de colores unidos sólo por la falta de oscuridad. Todo tenía lugar en ese cerco de sillas: desde las caderas de la compañera más guapa en palabras, hasta la estupidez de los políticos en signos de exclamación. Todo podía caber en una mesa con cervezas y nosotros alrededor, horas exprimidas minuto a minuto. Siempre eramos los mismos comensales, siempre podíamos cambiar el mundo... incluso cambiábamos hasta de parecer.
No siempre fue con cerveza o vino, pero sí - debo reconocer - cuando así lo hacíamos, de ojos por testigo que paríamos sobre la tierra ideas bastante voladoras. ¡Qué manera de cagarnos de la risa!, cuando las sacábamos a la mesa, cuando las sacábamos a pasear.

Hay familiares que sólo veo en Fiestas Patrias y en Año Nuevo: dos días al año. Hay amigos de infancia que se fueron con la infancia. Hay familiares que sólo vi cuando falleció mi abuelo. Hay amigos en mi cabeza, pero seguro que yo no soy amigo en las de ellos (¿"antiguos amigos" corresponde decir?). Hay amigos que sólo veo los fines de semana. Hay familiares que no quiero ver. Hay familiares o amigos que no puedes ver. Hay viejos amigos que por alguna cagada todavía no te atreves a ver. En fin.
También hay amigos que extrañas, y vuelves a la mesa.


El lunes fue una de esas importantes fecha, esas en que nos juntamos y el tiempo de la amistad recobra su continuidad. Hay que decirlo: nuestro amigo Diego exponía su tesis para Magister en Matemáticas. Todo resultó excelente, por tanto correspondía brindar
, celebrar, festejar. Nos pusimos al día.
Cada uno en lo suyo, los viejos comensales sacábamos a la voz nuestros rumbos llevados a cabo y a trazar.

Pero ¿porque ocurre algo importante es que debemos juntarnos, o es que lo que ocurre personalmente amerita al menos reunirnos? Es que debemos presentarnos, para demostrar nuestra alegría, cuando alguien se la merece, cuando la necesita, cuando simplemente debe ser compartida. Somos en cuanto a lo que nos rodea, así lo creo.

Estoy contento de ver Diego y a los demás reunidos. A Diego, porque ha demostrado una vez más ser un rebelde genuino capaz de conseguir, siempre desde sus ángulos, lo que se ha propuesto. A los demás reunidos, porque seguíamos siendo esencialmente los mismos, porque estábamos allí celebrando a uno de los nuestros, porque a pesar de las distancias y el tiempo, todavía podíamos seguir hilando colores, todavía éramos trazos de un mismo papel... Al menos así me pareció, si
por testigo a mis ojos sólo tuve.

Abrazos y que siga la fiesta.


1.10.06

Como un embudo (vómito onírico)


¿Y qué vendrá a nuestra mesa?
¿Tu mantel tejido con los nervios
descubiertos en la calle?
El dolor del otro, del otro, el otro dolor:
el secreto de esa sonrisa que se asoma:
la felicidad por comparación.
La carne vieja cuelga bajo el miedo,
el grito eterno es silencio, morder es darle luz
a nuestros diálogos anémicos...
Un desfile de dientes se abre paso por tu sueño,
la saliva inunda todo,
es mar cuando la ceguera es caer
en el ombligo
infinitamente.
La piel como la leña, hoy en tu lecho,
la sangre goteando desde el sol,
cada gota una golondrina
volando contra un perro solitario.
Como un embudo lo nombrable acontece y viaja
acogiendo la espiral en su tiempo,
lo amplio es un punto,
la muerte es un punto,
el dolor del otro, el otro, el otro dolor
golpea hasta la cabeza más anestesiada
Una sacudida genital sacude la pertenencia.
Y yo yo yo yo yo yo yo ¿por qué? ¡Porque yo!
Yo es una ilusión.
Yo es una ilusión.
Yo es una ilusión, todo lo demuestra.


27.9.06

Fluxus patientĭa




P
or las orillas de la piel
un suspiro avanza hasta el aire.
Justamente, escoge algún viento,
para llenar el vacío de la espera.



19.9.06

Ciego de lágrimas (canción escrita en la cervical)

Alguien dijo que era tarde,
que el tiempo había pasado
frente a la paciencia de los espectadores.
Debí haber llorado, debí haber abierto mi carne
para satisfacer tu alegría.
Así es como la sombra viene junto a la luz, ¿no?

Debí haber llorado - te susurro al oído -,
porque así como caen los árboles para ver
cuán extensas pueden ser las ciudades,
así también caen las lágrimas
para ver los globos y el pastel
en la fiesta del frente.

Hemos crecido, lentamente, con las manos
empuñadas,
pero un minuto siempre basta para abrazarnos
cuando los años comienzan.
Debí haber llorado, porque el aire lo permitía.
Ahora es tiempo de comtemplar el mar por dentro.

Debí haber llorado - te susurro al oído -,
porque así como caen los muros para ver
cuán débiles fueron las ciudades,
así también caerían las lágrimas
para ver los globos y el pastel
de la fiesta que perdí entre mis brazos.

Debí haber llorado, antes,
antes que las lágrimas hubieran alcanzado
el peso suficiente para quedarse
por siempre en los ojos.




18.9.06

Marcos(Marcos(Marcos(...)))

Marcos, el niño, tiene en su pantalón un bolsillo donde guarda una cajita de madera
que en su interior se puede ver a un niño con algo entre sus manos. El niño es Marcos, y entre sus manos tiene la cajita de madera semiabierta.


Adentro de una cajita hay un bolsillo. Adentro de un bolsillo hay un niño. El niño es Marcos, y entre sus manos se tiene a él
con él con él con él...








12.9.06

Pueblo chico o el infierno grande

...en las grandes ciudades, las de calles que se exhiben interminables, todo es muy estrecho. De una esquina a otra, cruzando de una tienda comercial a otra, sólo veo rostros (escasamente ojos y boca) y oigo pasos y bocinas y huelo humos y perfumes para pieles, todo tan fabulosamente mezclado, que llega a formarse ante mi pequeño volumen, una sola gran bestia de metal y carne. Todo está tan cerca de todo, que apenas hay espacio para verla venir como la esperanza lo exige.
Deprisa debo cruzar, y sin chocar - es lo convencional y la idea -, pues cualquier encuentro fortuito de hombros puede resultar ofensivo.
¿Hacia donde crecen las ciudades? ¿A qué velocidad se hinchan o se tejen, variando sus entramados de cables, luces y antenas? ¿Cuánto cada vez más sus alturas hacia sus "centros", en un intento paradojal de tocar el sol oscureciendo los hábitos?
Como un gran poncho de cabezas, como un tejido volcán, de lava centellante pero fría, las ciudades grandes se derraman, enfriando por último sus movimentos compactos e inmediatos hacia sus periferias, espacio donde sí el calor es con luz y penetra la materia, donde sí la luz del sol coincide con el almuerzo, las leyendas y el café: los pueblos chicos.

Los pueblos chicos son habitados por pocas personas. "Poco" es que más personas se conozcan, entre sí.
Recuerdo cuando la fui a visitar, cuando usted vivía en el piso catorce, ¿se acuerda?: debíamos estar muy cerca para sentir que sí estabamos uno al lado del otro.
En los pequeños pueblos, estar uno al lado del otro incluye a los vecinos (tanto, a veces, hasta cuestionarse sobre la privacidad en los dormitorios), incluye al suelo, a la tierra, y al cielo, por supuesto.
De tal manera ocurren las cosas, que los creyentes sí pueden ver a su dios en el cielo y no en el último piso, así como también para los niños con sus juegos, que pueden cambiar cuando quieren las dimensiones de sus improvisadas canchas de fútbol, o simplemente cambiar de lugar los arcos, para que la señora del frente no se apropie de más pelotas descontroladas.

En el proceso de expansión, como un gran círculo que aumenta en el tiempo su diámetro, estos pueblos chicos, tarde o temprano, se ligan a las grandes ciudades...
¿Es así como ocurre,
o tan sólo es que los pueblos chicos son una etapa de las grandes ciudades en la conquista del espacio?

Las expansiones de las grandes ciudades, o simplemente las expansiones, llegan a un grado en que se intersectan entre sí, llegan a un tiempo en que las lavas bordean la mixtura (o el encuentro entre hombros), y claro, los perjudicados son los pueblos chicos, como presencias unitarias.

Bueno, señorita, me tengo que ir. Todavía tengo que entregar toda esta correspondencia: todas estas de deudas y todas estas de amor que encontré perdidas por ahí.

- Adiós. tenga cuidado en el camino, váyase por el pavimentado... ¡Y no se olvide mañana de mí!

- Sí, de todas maneras, ¡Cómo olvidarla! ¡Adiós!

2.9.06

Senil, postrado y pasillo azul con espejo al fondo

Fue cuando abrí los ojos, cuando mi carne inmóvil permanecía tibia bajo las sábanas de añejos ardores, cuando los ladridos, más allá de la ceguera, parecían venir desde un solo perro. A los lobos los desaparecieron esas bestias que nombran. No hay lobos. Perros, sí, ladrando unos sobre otros.
Los perros son parecidos a los lobos... ¿Te acuerdas de los lobos?... Bueno, esos mismos.
Al cabo de un suspiro - tiempo sensato, cuando la cabeza está limitada al centro que no es sino el cuello - la llamé. La llamé sin mi boca, nada de boca. La llamé con mi mano: lancé mi placa dental contra el espejo del pasillo, y este, en plena ejemplificación de su condición conforme a su época, se partió en miles de pedacitos. Todo el pasillo quedó cubierto de pequeñísimos espejos. Me tapé la cara con la almohada. Claro está, ¿cierto?; los espejos ya no los hacen como antes.
Mi dentadura falsa - en verdad la verdadera, porque es la que ocupo - quedó en el suelo rodeada de su propio reflejo multiplicado; mi cara ya no estaba sobre mi cuerpo, allí, al frente, en el muro. Algo de mis ojos, algo de mi nariz terminaba en su contorno sobre el suelo... Seguro que hice lo menos correcto, ¡Seguro pensarán que me comporto como un niño!, pero es que no se imaginan cuánto necesitaba llamarla.
Necesitaba llamarla, pero no desde aquí, no desde este hueco putrefacto, desde este rectángulo infernal pasado a mí, desde esta "idea de cama" como dijo la enfermera la muy puta, que me manosea y se limpia las uñas en las arrugas de mi ano, la misma que es dueña de este ataúd sin techo, ¡Puta, puta! ¡Y de blanco, la puta!

- Tiene que tomarse los remedios el caballero, ya está en la hora...

Necesitaba llamarla como cuando éramos jóvenes: al filo de su cuerpo oculto: justo ahí. Esperaba que el sonido, el impacto en el espejo, fuese suficiente como para alcanzar su oreja más cercana; que mirara al suelo y viera esos dientes que nunca nunca la hurguetearon desde las costuras; que se acercara luego, y pusiera sus dedos, sus hermosos dedos entre mis labios adictos...
Pero lo único que conseguí fue verme esparcido bajo su falda y rodeándome los dientes, los verdaderos, - al hecho - los inútiles.

1.9.06

Tocando para los ojos



Descubre los rincones de mi espíritu

Deslizando los dedos lentamente
La lectura presionada
Suave adivinanza del tacto




31.8.06

Pan a las palomas



En la plaza, el anciano reparte trocitos de pan a las palomas.

- ¡Sepa él cual es la de la paz!
- ¿No es una blanca, dicen?
- Al cabo que se merece inmenso banquete, ¿No?
- ¿Cómo era el anciano?




29.8.06

Interludio para el Agua



Hacia ir
mirando


Ligero como la gota de sangre en la sangre
tentado a deformar el reflejo


Punto a punto
cual concédese la línea
tajado vacío el distingo
lluvia o lágrima caída

tu cuello

o mi ojo hasta tu boca
alpinismo
que sólo delata el descenso


Porque en la cima sólo soy vapor
espesor y caricia que no conservarás

25.8.06

Superhéroes en Valparaíso o un modo de apariencia




I.

Por la mañana, y como cualquier habitante, no es extraño verlos por los pasillos del mercado con bolsas con verduras o frutas, o comprando pescados en alguna esquina cerca de la plaza Echaurren, en Valparaíso. Caminando como señoras, perfectas escogiendo el mejor tomate o por allá el de las agallas más rojas y húmedas, no escatiman en dar muy respetuosamente las gracias por la compra a medio rímel y con voz de barítono heroico.
La luz de la mañana revela lo que la noche no puede absorber para siempre, y así la ciudad se recrea a sí misma como un racimo de cabezas y encuentros fortuitos de pies dibujantes.
En el medio rímel, en la delicadeza al cruzar una calle o en el cuchicheo de alguna anécdota de alguna amiga, la noche permanece diminuta, como una larva aguardando. Pasan las horas sin escándalo y el sol oportunamente da la señal sobre el espejo; el rímel se completa. La mariposa entonces abre sus alas para celebrar sobre las luces neón y el desfile estático de los árboles que se nutren de los orines. Comienza la fiesta de los tactos, la estrategía de las caderas y las piernas, el taco seguro sobre el hormigón.

II.

De una conversación, conversando, salió uno y dijo que Superman era el único (no he averiguado si es el único, pero sí al menos cumple las características) personaje, superhéroe, cuyo disfraz era el de un ciudadano común y corriente, y que luego al momento de actuar como superhéroe no se vestía con su traje, sino que se sacaba el disfraz; que siempre cargaba su identidad de superhéroe, pero que a la vez la mantenía oculta; el resto -haciendo la diferencia- vestía siempre de ciudadanos comunes y corrientes, y que se lo cambiaban por el traje de superhéroes cuando se les requería (nótese que hablo en préterito, para poner en duda, hasta el momento, la actual existencia de superhéroes).

III.

La Real Academia Española tiene dos acepciones para el término Travestismo: 1.- Práctica que consiste en el uso de las prendas de vestir del sexo contrario; y 2.- Práctica consistente en la ocultación de la verdadera apariencia de alguien o algo.
Según el significado 2, Supermán es travesti, o practica el travestismo, salvo cuando el deber lo llama.
Según el significado 2, los travestis son superhéroes, o practican el superheroismo, durante la noche (también se cumple "cuando el deber los llama").

IV.

Los superhéroes también compran tomates y pescados cerca de la plaza Echaurren, en Valparaíso.



(Con cariño y respeto a todos los superhéroes del Planeta)


24.8.06

Volver de memorias y destinos



Tal cual unos perfectos desconocidos, ambos, llenaron el lugar destinado a la inquietud, y permanecieron horas tras horas, concientes de cada segundo agotado, tratando de descubrir algún signo de vejez en sus rostros.
Poro a poro las pupilas naufragaban y encerraban con sus pequeños diámetros la extensión inconmensurable del otro; y a tan alto regocijo el recorrido, que ya parecían perforar la luz de los pliegues hasta limitar con el aire; tanto así que, y sin decirlo con las bocas, coincidieron en pestañar al mismo tiempo: un modo,
siendo mortales, de mirarse para siempre.
¿Qué cantaba uno en silencio?, ¿Qué olía el otro al pasar por la frente?, ¿Qué ocurría a un metro a la redonda? ¡Qué importaba!, si cada milímetro de piel al rotar los ojos, equivalía a descubrir una estrella.

***

Pusiéronse de acuerdo por email y luego por teléfono, para juntarse a una determinada hora en un determinado lugar. No hablaron de cómo ir vestidos ni de plata ni de nada más. La cosa era juntarse y después ver lo que se hacía. Llegó uno primero, al rato el otro (dentro del rango de "lo puntual", nada de qué preocuparse), y como tratando de dar con algo con la vista alrededor, se hicieron un gesto de "y ahora, ¿Adónde vamos?"; uno, entonces, abrió la boca y dijo "No sé, dime tú". Así pasaron los minutos y las preguntas, hasta que, y sin calcularlo, llegaron a la habitación de uno. Pero el otro dio a conocer lo tarde que le era y que ya debía volver a su casa. Así que uno se queen su habitación y el otro tomó un bus para ir a la suya.
Al día siguiente, tras haber leído sus mensajes de email, ambos, conversaban muy risueñamente por teléfono. ¿A qué hora?, ¿En qué lugar?

***

Hace unos días, A. salió a recorrer el mundo. Juntó plata trabajando en verano y al empezar el otoño, preparó sus bolsos y a su gente y partió, solo. Algo sabía de los lugares de destino, algo se informó de esos lugares: internet, revistas de papel, conversaciones con amigos, en fin, algo del tamaño del planeta lo tenía en su cabeza. Sabía que extrañaría a sus seres queridos, tanto como ellos a su persona. Pero algo contenía tal emoción: sabía que dentro de todos sus destinos, el último era con volver, sabía que lo último que verían no sería su espalda.
Ocho años pasaron, hasta que su cara se asomó por la ventana de la cocina. Golpeó ligeramente con sus dedos el vidrio, tal como hacía cuando llegaba del colegio para saludar pimero a su mamá. Golpeó otra vez y luego de unos minutos, apareció una persona extraña desde el fondo, desde la puerta que da hacia adentro. "No, ellos ya no viven aquí... se fueron cuando falleció la señora..." (Silencio, silencio, silencio, silencio, silencio,_______ ___ _______ _________ __) Indagó por el lugar donde el resto vivía, pero nada sabían los actuales moradores.
Ya resignado de no volver a hallarlos, de volver a ver sus caras, permaneció un momento en el antejardín, hundiendo la mirada en los ojos de luz de los árboles, reconociendo con mucha calma los rincones de hace ocho años y más. La persona que lo recibió lo miraba repentinamente desde la cocina; sintió entre tanto que algo más debía hacer, quizá hacerlo pasar, quizá ofrecerle un café... después de todo parecía una buena persona, y más, había dormido en lo que ahora es su habitación; de una u otra forma era parte de la casa.
Toda la tarde hasta la noche estuvieron conversando. A. le contaba de los juegos en el patio con los vecinos, de las fiestas familiares bajo el parrón, a cambio de escuchar gustos de comidas, preferencias musicales y una que otra anécdota desde que vivían allí. Ambos conversaban muy agradados mutuamente. Ya la noche inundaba todos los vacíos y todos los recuerdos frente a la calle. Se despidieron con un único abrazo y se intercambiaron direcciones de email y números de teléfono.

***

"¡Ya, si no es para tanto! Si cuando vuelva, a cada uno le traeré un engañito"






)A la memoria de Máximo Cubillos(

21.8.06

la era del fuego (juego para dos)

Abracémonos y fundemos así la medida de esta ciudad, luego perdemos la memoria y nos inventamos desde los dedos. Dejémonos monosílabos en los cuellos, como espirales de oxígeno y vapor; luego perdemos la memoria y abrimos los ojos, la temperatura, en los labios, a la velocidad del instinto.
Instinto, instinto, instinto por las venas, como verbo en saliva, como abriendo el hueso con la lengua, como quieras. Olvidando, sí, donde está la ropa, la lámpara y el calendario.
La ropa es esa cosa formada por muchos hilos entrelazados, diminutas fibras unas junto a otras; mira acércate, hay colores... Acá, la lámpara: otra cosa, que se presiona, que es con electricidad, que deja sombras, que nos deforma en la muralla sin colores. Ese es el calendario, para decir meses y años y días: números que se suceden más lentos que los del reloj; tenemos rojos y negros (fíjate que tiene más días negros que rojos). En fin, las ventanas, las calles, los precipicios y los dragones.
Recuerda que no recordamos; que está oscuro, que hay que descubrir hasta el fuego. Recuerda que entendemos que la Tierra es plana, que si vamos más allá de esta medida nos caeremos... al suelo con sábanas y todo.

¡Comunidad Viabinaria!

Boton Comunidad Viabinaria para el fanclav


16.8.06

Monólogo de un plantado o El viaje al fondo de un vaso

Que equilibrio es tres, que justicia es cuatro. ¿Alguien entiende todo esto? ¿Alguien puede entender sin ver antes un triángulo formado por un brazo, una ventanilla y un riel? Esto de viajar en tren puede ser no tan simple como al imaginarlo. Después de mucho tiempo me trasladé, recorrí, en un tren. Y personas allí abajo y personas aquí arriba. Y personas de pie y personas sentadas. ¡Qué idiotez! ¡Qué idiotez de relato! Termino con aburrirme a mí mismo. Nada puede ser más saludable que esto: aburrirse a uno mismo intentando derivar algo maravilloso de una simple mirada, distinguir un triángulo (a la fuerza) y recordar haber hablado que el tres es el número del equilibrio y no el dos, mientras es uno el que intenta lidiar con todo. La coincidencia -una- de llegar a un lugar y comenzar una memoria donde intervienen dos... y uno es uno de esos dos... Pero la memoria está en uno, y por más que en un determinado segundo los dos estén recordando un solo instante compartido por ellos dos, ninguno lo sabrá, cada unno sabrá su parte. Escribir ayuda a dejar de pensar idioteces (escribiéndolas), idioteces de uno con uno.
Al fin y al cabo, generalmente, las mesas tienen cuatro patas; y cuando uno se sienta frente a una ubica las dos piernas entre dos de sus patas. Y si hay otra persona al frente -también a la mesa- lo que nos queda es cuatro piernas entre entre cuatro patas........ ocho no es divisible en tres... Entonces el equilibrio es una mesa entre dos personas: tres. Lo justo -las piernas y las patas- se deriva de lo anterior.

3.8.06

No amor. Sí amar

Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
É que são
Ridículas.

Fernando Pessoa



¿Por qué el símbolo del amor es un corazón? si el pecho duele más cuando uno suspira y no cuando late. Es más, debiera ser el estómago; y no por supuestas mariposas, ¡No señor!, sino por verdaderos demonios columpiándose en tu diafragma.

Ni corazón, ni mariposas, ni ángel.

¿Y por qué todo rojo? ¿No debieran ser morados intensos y pálidos verdes, dolorosos hematomas del espíritu?
¡Ay, de tantas teorías del amor! ¡Tanta charlatanería acerca del amor!
Mientras escribes sobre el amor bajo la luz de tu escritorio, hay más de un millón haciéndolo bajo las estrellas... y usando todas las manos que la locura puede brindarles.

No rojo, no escritorio, no sensatez.

Las viejas cartas de amor sobre el papel ahora se queman sobre la piel, y el humo alborota a los dioses............ ¿Haz suspirado tan lejos?. Esas cartas que sólo son arte en las manos y en el aire de los niños, porque ahora (medidos y consecuentes) la palabra Amor la hallamos en el diccionario, y su significado en páginas cercanas... como la más bella pintura colgando de la pared de un museo... mero documento, libre de la lluvia,del viento, del clima.

No cartas, no niño, no documento.

No, noes, nones, ni, an, in,...

Tanto no es casi desparecer. ¿Consistirá en eso, en desaparecer? ¿En dar, hasta alcanzar el vacío?

Definitivamente, no voy a escribir sobre el amor esta noche, ¿Te me unes?

...........................

(Ahora, y por otros motivos que no develaré, puedo responder tu pregunta:

El pez está tan rodeado de agua que lo único que puede hacer con toda seguridad es nadar)



24.7.06

Canción escrita en la mano

Algunos queremos morirnos pronto. Algunos queremos detener al sol con una sonrisa. Algunos queremos querernos. Algunos queremos que no nos quiten las ciudades a balazos. Algunos queremos que los otros vivan.

Mientras corrías, yo te veía correr. Mientras llorabas, yo leía los subtítulos. Mientras la noche llegaba sobre ti, yo apagaba un cigarrillo con el pie.

Tus palabras me causan dolor. Mis huesos están ocultos. Tu sangre recorre las calles. Y frente al sillón iluminan los satélites la pereza.

Un concurso de belleza no embellecerá al mundo. Tu gesto de saludo, la mano agitada con tu cara de terso caucho, no tiene destino. Tu bello cuerpo no es un diamante. Y frente al sillón iluminas la miseria.

Hoy estamos tristes, sin embargo cantamos canciones de amor. Y nos amamos en secreto, para que no nos quiten el uno al otro. Celebramos todo lo que tenemos.
Y
Y
Y
Y nos arrodillamos bajo un dios con serios problemas existenciales.

Coro:

(Silencio, moviéndonos para estrechar una caricia)

20.7.06

calenda trastornada o el testimonio de las neuronas en el purgatorio

Alcohol, ojo, alcohol, ojos, alcohol, ojo, ojos, alcohol, ojo, alcohol, ojos, alcohol, alcohol, veo, veo, veo, leve, tacto, piel, y, aire, tacto, tactos, roce, aroma, huelo, cuello, aire, humo, aire, ¡Aire!

... No es una buena manera de comenzar un puñado de párrafos. De comenzar un día tampoco.
Algo de cuerpo arrastrando por las calles, mitad conciencia, mitad instinto, vinculando con expresiones faciales inconclusas noche y día, para saciar una expectativa, una misera expectativa que luego del descanso se esfuma entre resuellos disueltos tras las sábanas suavemente tibias: síntesis, recopilación, restauración de neuronas a la fuerza; el placer como humo en la boca.
.......................................
El señor corales muy amable nos invitó a entrar. Duro él, como una piedra de cal, hablaba y hablaba, mientras juntaba entre sus manos el dinero de la entrada. ¿Ocho? ¿Seis? ¿Más? ¡Da lo mismo! Hay una hora en que la cantidad de seres - humanos después de todo - , se simplifica, o se asume verdadero o falso, o basta con decir que es 1 igual a existe. Circo. Los leones iguales a los payasos; al menos en una asimilación del espacio. Velorio. Más bien un velorio; sin muerto y con payasos, leones y hombres lampiños (mujeres barbudas en su defecto). ¿Música?

- un computador encendido.
-¡Eso no es música, por favor!
- ¡Silencio! pa' ver si suena la respiración... polifonía, orquesta sin músicos... música por sinergia, por olvido, por costumbre.

Colores de Rembrandt, formas de Picasso y Goya, Guernica o Disparates, minotauros, todo en claroscuros: los muros, los apoyados en la mesa, los que van al baño, los que siguen bebiendo, los que duermen, los inquietos, los que hablan por ahogo diurno. El señor corales botellas en mano y la anciana en silla de ruedas contemplando el espectáculo. Yo deambulando acotado. Dionisio, horripilante, en su peor alegoría.
Los policías entran y no parecen muy convencidos de que celebramos una fiesta de cumpleaños. Algo no encaja. fruncen los ceños. Uno de los dos tiene cara de buscar la torta, pero no la encuentra ¿Estará en el WC? Algo no encaja, definitivamente... Sin embargo no hay manera de comprobar que en un velorio con payasos parecidos a leones no pueda celebrarse una fiesta de cumpleaños.
Por arte de magia la policía desaparece (mas no puedo dar fe sobre la existencia de algún mago)
minuto + minuto + minuto + minuto +...
Alguien quiere irse. Nos vamos.
Afuera es día, luz de día llenando los recovecos, salvo tras nuestros párpados, intradós rojizo, iris miserable... más allá de los pies no hay caída, vamos al ritmo de los tacos. ¡Atrofiadas semifusas!

Sin embargo............................................. la vasta piel, las manos desnudas imperantes, un sueño, un par de bocas oscureciendo una almohada como un par de nubes lejos de Dios...................................

día+día+...

Los días lunes son los verdaderos fines de semana. ¡Mierda!

28.6.06

Cuestión vulnerable

Pensé una vez que un vulnerable era una persona con cierta debilidad de piel, y que por eso su corazón era más susceptible. Una especie de delgadez de piel, de transparencia tal que permitía localizar el corazón y hacerlo tocar lo que acostumbran o pueden soportar las mejillas. Aire, lágrimas, caricias y puñetes.
Una señorita acostumbrada a desnudarse frente a cámaras debe tener la piel bastante gruesa y dura como para no afectar su corazón con tanto flash y ojo punzante; ojo virtualmente mano quita prendas, flash de contornos y brillos ubicados.
Cierto es que esos flash y ojo se limitan a la piel, no se proponen llegar más adentro; con la piel basta y sobra. Será porque el corazón se sacude tan rojo como cualquier otro y por tanto nada vale avanzar para llegar a una predecible conjetura. Pero esta afirmación es con la luz del flash. La señorita desnuda andará vestida en su casa, tanto o más como cualquiera de los que la estamos viendo.
El tímido baja la vista cuando se siente invadido, con sus párpados viste sus ojos. El vergonzoso se sonroja, con color viste su cara. Párpados extendidos y color engruesan la piel; el corazón queda un tanto más lejos; suficiente espacio para sus básicos movimientos.
Un disfraz de vaca carga a un hombre adentro. Es un hombre contratado a modo de publicidad para una carnicería. Varón es por los extremos de sus gestos: se acomoda las ubres a la altura de los genitales humanos promedio. Para expresar sorpresa frente a un niño que le sonríe, lleva sus gruesas patas de vaca a su hocico de vaca y mueve como limpia-parabrisas su cabezota de vaca. Adentro, el hombre, detesta a los niños, detesta vestirse de vaca; mas conforme se sorprende como vaca, porque como hombre será remunerado, al final de la jornada, cuando la vaca penda con sus patas, hocico y ubres vacías. En aquella sorpresa de vaca, las manos humanas jamás tocaron la boca humana; tampoco hubo sorpresa de hombre. Esa es otra distancia.
Pensé una vez que un vulnerable era una persona que tenía su corazón más cerca del aire y que por eso era más fácil llegar a él sin advertirlo.
Si llegas a mi corazón, ¿Cuán cerca estaré del tuyo?

26.6.06

Ese imbécil

-¿Cómo estás?
-Bien.
-Mm.
-¡Y tú!, ¿Cómo estás?
-¿Yo?, bien. En general, sí, bien. Gracias.¿Qué estás haciendo? Digo, trabajo, ocio, esas cosas, deporte, no sé.
- Eee, bueno, en lo mismo de siempre. O sea haciendo lo mismo de siempre, pero me ha ido mejor, o sea haciendo lo mismo pero más. ¿Y tú?
- ¿Yo? Bueno, yo estoy cuidando... ya no vivo aquí, me cambié el año pasado.
-¿ah, sí? ¿Y porqué?
- Porque no aguanté más verte pasar con ese imbécil de la mano, ese imbécil que fue tu novio y ahora tu marido, ese imbécil que con sólo un brinco imbécil te hacía reír, ese imbécil que no salía de tu cabeza, ese imbécil que no me dejaba verte la boca, ese imbécil con respiración de imbécil, ese imbécil que cumple todos tus requisitos, ese imbécil que no sabe amarte porque es un imbécil, ese imbécil que te acaricia como imbécil, ese imbécil rey de los imbéciles, ese, ese, imbécil.
- Mm, ¿Cómo dijiste que te llamabas?
- Me tengo que ir.
- Bueno, cuídate.
- Gracias, tú también.
- Gracias.
- Por nada... ¿Por dónde pasa el bus?
- Allá.
- Oquei, gracias. Ahora sí. Adiós.
-Adiós.



19.6.06

I, II,III y IV o V (Un día u 86.400 segundos)


Un día u 86.400 segundos...

I.
Una persona maravillosa acaba de regalarme una canción. No sé si regalo propiamente tal, pero sí regalo en su recibimiento, al menos. Y la estoy escuchando. Luis Alberto Spinetta canta su Vidami. La agradezco.
Ayer disfruté de un sabroso vino y de un considerable cúmulo de palabras aéreas atrapadas y abandonadas, una conversación con un buen amigo, luego de haber resuelto, en parte, la cuestión del bar y su recurrencia. Otra vez la luz no podía quedar ajena: algo así como que en la oscuridad del bar puede manifestarse el rayo más pequeño de luz, la razón más pequeña de alegría, y esa cantidad es suficiente para distinguir aquello que también se encuentra en el mismo lugar. Y como toda buena respuesta parcial - parcial por no ostentar absolutismo -, no pudo decirse sin ser precedida por una pregunta: ¿Cuántos de los que están aquí realmente lo están pasando bien?

II.
Una persona especial acaba de enseñarme una canción. Vidami, de Luis Alberto Spinetta. Acabo de escucharla. Estoy agradecido.
Buena ley sería, para todos y todas, regalar al menos una vez en su vida al menos una canción. Hace bien recibir al menos una... Compruébelo usted mismo. Y si no le es una sorpresa, obligue amablemente a alguien para que lo haga.

III.
Esas cosas a uno lo pillan desnudo. Podría uno estar preparado, como lo hacen los que acostumbran a salir en fotos, siempre con su mejor par de dimensiones. Pero uno gira y se revuelca, a veces como los chanchitos de tierra (isópodos, para los exigentes) a veces como una pelusa, en sus tres dimensiones, y no está preparado para sacrificar una de ellas, para borrarla o esconderla o inmortalizarla mediante dos. Por eso esas cosas hasta te sacuden.
No es un mundial, que ocurre cada cinco años (¿Son menos?), tampoco es el aniversario de tu (mi) nacimiento. Es lo de hoy. Lo que pasa y deja su cara de pena porque otra vez no lo viste, como ayer, y como ayer de ayer, y como ayer de ayer de ayer... ¿Puede uno ser tan abstracto como para reducir la vida a años, a conjuntos de años redondeados y terminados en cero?
Es lo de hoy, lo que pasa sin más porque simplemente uno no queda. Dicho hoy, es con la tardanza de un dibujante, que mientras ve el mar lo atestigua tanto con su mano como con sus pulmones. Es con la tardanza del espino, verde en primavera, amarillo de verano, sin engaño o traición. Es con la tardanza del juguete, que reserva sus movimientos y voces hasta el exclusivo reencuentro con su
dios niño.
Esas cosas son pequeñas, pequeñas virutas de tiempo que si son acogidas, remolinean a contrapunto junto al pulso, y uno resulta la melodía más extraña del día.

IV.
Disfruté un vino con un gran amigo. Una linda persona me brinda una canción. Leo a Couve. Cada minuto el día vuelve a empezar. Salud.

V.
¡Terrible bien!

13.6.06

Por la ciudad o tus ojos

(Antes del cigarro)
No puedo ver esta ciudad sin ver tus ojos. En la ventana que sostiene el reflejo del sol, en el giro del rostro para poder cruzar con luz roja, en la luz roja, en el envase de pastel que no alcanzó a ser basura de basurero, en la lágrima que se aleja del terminal de buses, en la sombra de una mano que se extingue respetuosa sobre una mejilla, en la prisa del oficinista para llegar a su hogar, en el espejo de la farmacia.
Y cuando veo tus ojos, la ciudad desaparece.

(Después del cigarro)
Entonces me pregunto si pertenezco a la ciudad o a tus ojos. Me pregunto si existe algún rincón que perdure como tal, para disfrutarlo sin cambiarlo.
No he salido de mi casa. La barba me crece y la infancia se me desmorona. Los balancines de la memoria determinan ahora otros pesos. Una bocina que suena y llega hasta mí, me dice que por lo menos hay una mano para mí allá afuera.
Pero no puedo ver esta ciudad sin tus ojos. Y ya estoy apunto de sacar las puertas, el techo y los muros de este cubo, para al menos ver una mirada tuya extraviada.

(Otro cigarro)
Re está apunto de cortarse. La se afloja. Sol apenas vibra. ¿Y si salgo a buscarte, te encuentro y mi alejo solo?
(Fin del otro cigarro)

Este día, ni la guitarra calla.
No me desespero, mañana puede ser realmente frívolo. No tengo imaginación.

11.6.06

Entrevista: El dolor de un ángel caído

Llegamos a eso de las cuatro de la tarde al borde de la calle donde entristecen los perros y las palomas con la indiferencia. Una anciana teñida nos hace pasar pidiéndonos amablemente una moneda para su vaso sin monedas, junto con disminuir el volumen de nuestras voces. Nos sentamos y esperamos. “Ya viene”- dijo la mujer – “tuvo algunas cosas de último año que hacer, por eso llegará más tarde”. Asentimos con la cabeza y esperamos. Al cabo de sesenta años aparece por la esquina pintada más de cien veces con rojo y verde, el ser que estábamos esperando. Nos sonríe y nos ofrece una taza de aire. Aceptamos. Algo nos decía que esta entrevista podía ser bastante mediocre.
Nos presentamos, y tras unas palabras de categoría protocolar, aceptó a concedernos esta inesperada entrevista.


- Dicen que usted se cayó porque no pudo sostenerse más en el cielo…

- La verdad es que no fue tan así de sencillo como lo dicen (sonríe). Yo estaba como muchos mirando hacia arriba, buscando lo que nadie encuentra con los ojos, y cuando se mira mucho hacia arriba, el suelo tiende a desaparecer. Y esa fue la causa de mi caída.

- Entonces por alguna razón usted dejó de mirar el suelo o hacia abajo, ¿Podría decirnos qué fue lo último que vio hacia abajo antes de mirar hacia arriba y luego caer?

- Lo finito. (Guardó silencio. Entendimos que debíamos pasar a la otra pregunta)

- ¿El silencio es lo finito?

- Paso.

- ¿La sensación de su caída fue como un tropiezo, un paso en falso, una succión, qué?

- A ver… fue así como cuando en otoño los árboles se caen de las hojas.

- ¿Qué vio durante la caída?

- Lo de arriba y lo de abajo más arriba pasando por mi lado.

- ¿Siente usted que todavía es un ángel?

- Cuando me muevo no. Cuando me muevo me siento como ese perro (el perro que indica está oliéndole el trasero a otro perro)

- ¿Cuál de los dos perros?

- Ése, el que se forma con la cabeza del que está atrás y con el trasero del que está adelante.

- Cuando su caída concluyó, ¿fue dolorosa?

- Al principio sí. La variable de roce hizo tender a cero el tamaño de mis alas. Quemaduras. Las quemaduras son dolorosas. Cuando uno se quema las alas duele bastante. Pero lentamente fui olvidando aquella propiedad, la de tener alas. ¿Me creerán que nunca ocupé las alas? Sólo supe de ellas cuando ya no las tenía. La amputación de mis alas fue lo más doloroso. ¡Pero qué le vamos a hacerle!

- ¿Qué fue lo primero que hizo cuando ya se reconoció en este suelo?

- Me compré una bolsa con maní. Cuando me di cuenta que estaba tocando suelo, miré a mi lado y me encontré a un indigente caído rodeado por unas cuantas monedas. Al parecer caí sobre él y lo boté, botando también las monedas de su tarro. Con algunas de esas monedas compré maní, tras un imposible intento de comprar con ellas alas nuevas…


Al ángel le brillaron las partes que usaba para mirarnos. Entendimos que se iba a poner a llorar. Definitivamente lloró. Por esta razón abandonamos la entrevista. Nos despedimos formalmente, como lo hace cualquier persona con un ángel, y partimos a comprar una bolsa con maní. ¡Al diablo con las alas!, ya sabemos que no venden… o son caras.

Control Remoto

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27.5.06

¿La felicidad es una pistola fría?


Cine, chiste, basura, perforación, doctrina, materia, hoyo, azúcar, pilsen, soda, zumbido, caída, jeringa, mi, mí, coyontura, coyuntura, culluntura, cultura, hambre, orgasmo, baba, zancudo, celo, bocina, gemido, silvido, silbido, cilvido, civil, duna, diosa, billete, guitarra, pena, mamá, chaqueta, remera, camión, borde, cintura, puñete, oreja, betún, zapallo, tallo, rayo, yo, gata, migaja, vuelvo, savia, bencina, moco, cabeza, puñal, karateca, queso, fono, ella, vaso, manos, cigarrillo, dos manos un vaso y un cigarrillo, una persona sosteniendo un vaso y un cigarrillo. La noche. Aquella noche ya lejana. La libertad de abandonar el futuro propio y cambiar el destino por una micro que me lleve al salud con los amigos. Extraño la libertad del bar. El viejo borracho sonriéndome entintado y hablándome de su perra vida, más allá la niña pintarrajeada y el novio tocándole lo que miro disimulado. Extraño la decadencia. Soy más decadente al extrañarla. Ese mundillo, que comienza cuando los curagüillas ya han juntados sus monedas por ahí, expresa una potencia increíble de ojos descontrolados y manos automáticas. Hay que estar ahí para verlo. Y cómo verlo también es importante. Estos bares no son los que aparecen en revistas de gastronomía y patrimonios de las humanidades (sí, así en plural). Si no hemos estado en uno, sencillamente no lo sabemos.
Extraño esa podredumbre de baños convertidos en ricos zoológicos de especies microscópicas, la firma y el teléfono de algún enamorado en la puerta del wc, el pene abstracto dibujado en un muro, el concentrado de resfrío en el ocre del lavamanos. ¿Pintoresco?, ¿Por el olor de todo a la vez?, ni te imaginas.
Trato de recordar -pero no lo logro- cuáles eran las palabras que hacían reir a esas personas, cuál era el momento del salud, cuál era el momento feliz y porqué se justificaba levantar los vasos para chocarlos y beber. A todo esto, supongo que cierta felicidad los atraía a tales sucuchos. Supongo que cierta felicidad existía, pues de lo contrario, la felicidad de un bar de revista no se contrapondría en estética, higiene, apariencia y vestimenta de sus clientes habituales. Hay que estar ahí para verlo.
¿Quién dijo que un indigente no se sienta frente a una mesa?, he visto a al menos dos acomodarse en sus sillas frente a una.
De dudosas ocupaciones todos los clientes, hasta incluso el pelado que llena las garrafas con vasos (sic) y vende las botellas de pisco recargadas con el más fino vino tinto de guarda. De dudosas ocupaciones otroras, pero con inmensos sueños -aunque ilógicos en el discurso- frustrados. Inmensos sueños desde el supuesto de que fueron grandes personajes para la historia laboral, cultural, educacional o artística de la ciudad, reconociendo finalmente de que el copete y la farra los dejó sin trabajo y sin familia... Eso al menos unos cuantos. Los otros simplemente bebedores porque hay que hacer algo en la vida.
Hay un ruido de soledad. Soledad que pareciera intentar disimular el artista de la radio, porque la letra se repite en algunos rostros. Hay otros celebrando, hablando.
Para beber: el alcohol. Para beber en un bar: el alcohol y algo más importante. Eso importante que hace sonreir y permanecer a estos misteriosos "bebensales".
Sigo buscando, tratando de recordar. Pastilla, anuncio, nube, calzón, mueca, tuerca, pestillo, rodaja, cuerda, soldado, aceituna, libreta, porrazo, pollo, rueda, crucigrama, terrunio, alcoba, perdón, tallarín, batidora, hijo, columpio, vela, cadena, sucia, cartón, apio, enchufe, detergente, antena, helecho, sábana, caricia, pañuelo, manjar, listo, escoba, párrafo, noticia, rosa, Magdalena, huevo,
lente, cajetilla, reloj, parásito, bandera, estiercol, salitre, gorro, Tarapacá, ficha, flecha, amor,

ipso colapso casi calipso

¡He perdido tantos colores! (Es por mis ojos, por mis ojos es que doy cuenta de esta terrible carencia) No es la ciudad, no fue la ciudad. Yo soy el que veo todo de un solo color, no es que todo esté de un solo color. Tanto la vitrina como la fruta en la vitrina estuvieron siempre donde mismo, sin alterar distancia alguna respecto a las nubes, respecto a la gente con sus tentaciones. He perdido tantos colores y cuando sólo uno es el que me queda recién entonces extraño al resto. No es la ciudad. YO veo la ciudad. Yo veo la ciudad desde su cáscara, y no es otra cosa la que me llevo a la almohada (no soy ingenioso). La ciudad por dentro es el espejo del baño, es la cara bajo la peineta y sobre la colonia, y debo volver a salir para devolverla al tumulto. Como tú con tus pies, para devolverlos al anonimato sobre las veredas. Siempre volvemos a la calle, siempre salimos de la casa. Nunca volvemos a la casa, nunca salimos de la calle. Dímelo tú. Dime tú, ya que ahora te creo de que las puertas por eso permanecen cerradas: para que nadie de las calles se salga de ellas. Porque lo que llamamos ajeno es simplemente una cara nueva frente a un nuevo espejo (dímelo tú, recién salida de reflejarte en una vitrina para hacer coincidir tu cuerpo con el del maniquí).
Un solo color me queda, qué puedo hacer con él. Qué puedo hacer para él. ¿Lo mezclo con la tierra de mis uñas? ¿Lo mato en mis labios? ¿Lo reduzco a belleza? ¿Algo así como una enfermedad de la luz?
El gallo le canta a la noche. El gallo le canta al retiro. El canto es con el pretérito. La música es con la memoria.
Tú tienes una bonita voz y no cantas.
Yo veo todo de un solo color.
El maniquí vestirá cien prendas sin moverse.
La fruta se pudrirá anhelando una mordida.
El espejito del baño por suerte no refleja los olores.
Me gustas porque no puedo decírtelo.
Necesito dormir.
(bésame a través de lo que amas)

12.5.06

Terapia



Estimado Sr. Conejo,
La terapia es la misma de ayer, los pasos son los mismos, anote:

1.- Abrir los ojos*
2.- Levantarse*
3.- Bañarse

4.- Vestirse

5.- Desayunar

6.- Lavarse los dientes

7.- Ir al trabajo

8.- Trabajar

9.- Sacar la vuelta

10.- Trabajar

11.- Ir a la casa

12.- Cenar

13.- Lavarse los dientes

14.- Comparitr con la familia

15.- Ver televisión

16.- Ver televisión

17.- Ver televisión
18.- Acostarse

19.- Ver televisión

19.- Cerrar los ojos

20.- Dormir


Si puede apreciar, los asteriscos indican que esos pasos no se han echo correctamente y que deben ser corregidos urgentemente. El resto lo ha realizado de manera óptima.

Si ud. sigue correctamente todos estos pasos, podremos darle de alta.

Si ud. sigue correctamente todos estos pasos, muy pronto estará en condiciones de hacerlos todos los días.

Si tiene alguna duda sobre algún punto, no dude en comunicarse conmigo.

Si quiere que le envíe un beso a su naricita rozada, se lo envío. Aquí va: ¡Besooooos!

Si está pensando en retirarse del juego, olvídelo.


Atte,
su doctor
don Huarén.

pd: Me hacen mal las zanahorias, no me envíe más.

2.5.06

Fiebre amarilla

Estoy escuchando en este preciso momento "A kiss to Build a Dream On" de K.D. Lang. Agradable música. Afuera hace frío. Me como lentamente la uña del dedo que ocasionalmente presiona Enter.
¿Que qué tiene que ver esto con esto?-Nada, nada que revolucione el sentarse frente al monitor y pararse luego para volver al mundo real, el mundo real de las caras del mismo color del resto del cuerpo.
Estuve pensando en lo que dicen los adultos cuando hacen notar que son adultos: "la juventud de ahora no es la misma de antes". Y cuando recurro a la amplia gama de caritas que posibilitan mi expresión, esa frase se ilumina en las teclas de este teclado (el tema de K.D. ya terminó hace rato).
Ahora, no sé qué tan antes es suficiente para un adulto el poder reconocer la diferencia de edad como para referirse exclusivamente a "la juventud". Pienso también en el fútbol por televisión y el público hacinado en una fuente de soda celebrando con cervezas, papas fritas y cigarros. Me emociona. Me dan ganas de gritar Viva el deporte, y que se escuche hasta en el Olimpo.
Es cierto, aunque ignoro el porcentaje, que los niños se adueñan de las frases celebres de sus héroes animados. Y el adulto, siempre sorprendido de lo nuevo, reconoce en ellos que "los niños ahora están saliendo más habilosos". Claro, entre otras hazañas, el niño "nace" controlando el control remoto, "nace" operando computadoras y equipos electrónicos. Mientras que el adulto sorprendido-promedio recién comienza a comprender que el CD no sirve poniéndolo por ambas caras... ni tampoco por una a la vez.
Ahora esto de las caritas... es lindo igual... jamás imaginé cuando tenía dos años de edad que yo podría sonreir con tanta simetría, con tanto equilibrio. Y que mientras más caritas tenga, más expresivo puedo ser. Y confiando en la efectividad de mis amarillas expresiones, no declino en practicarlas frente al espejo por las mañanas, sin combinación de teclas, por supuesto.
¿Que cuál es el sentido de este texto? -Ninguno, ninguno especial. Tengo ganas de abrazar a las plantas de las plazas, de cantar en el bus junto al chofer, de contarle chistes a los vendedores de los quioscos y de compartir mi alegría. Tengo unas enfermizas ganas de expresarme, ¿Puedes entenderlo?
Mañana será un día hermoso, un bello día con aromas de tierras húmedas y nubes bailarinas... cierto, mientras no se me infecte el pc con algún malulo virus, todo bien. Los quiero mucho mucho. Paz en vuestros corazones, la infancia es un gran tesoro, la vejez es un regalo, a caballo regalado no se le mira los dientes, que estén bieeeeeeen ¡Adióooos!

22.3.06

Palabras... ¿prohibidas?

Querida Mamá,

Prohibir una palabra puede ser un gran desafío si por problema se entiende lingüísticamente hablando. Para prohibirla, al menos hay que decirla, y decirla entonces es darla al ojo o al oído tal como es. Veo imposible la manera de prohibirla apenas sugiriéndola o aludiéndola mediante un calificativo que la contenga junto a otras, de igual manera, prohibidas. Decir, por ejemplo, “Están prohibidas las palabras de carácter soez” deja una nube bastante espesa de indeterminismo, partiendo del hecho que lo soez depende exclusivamente del ambiente en que esta sea expresada (ya este planteamiento orbita en el indeterminismo). En un tiempo la palabra caca era motivo suficiente para castigar a un alumno o, en un nivel menor de la gravedad, ser acusado por el compañerito o la compañerita más mamona de la clase (no enfatizaré en este término “mamón”, cada uno haga su definición, investigue, compare). Si la evolución de nuestra especie es sólo un término para grandes temas de trascendencias especiales, no queda ajeno sin embargo si de aplicarse se tratara en este aspecto. Proporcionalmente a la edad (por puro capricho de atribuirlo a algo), la palabra caca también tiene –conforme a la madurez del individuo- su evolución: mojón, plasta, mierda, tronco, churrete, etc, etc. Ahora bien, ¿Cuál de todas estas palabras le resulta soez, cuál más, cuál menos, o ninguna? (si responde ninguna, puede que usted sea soez, ¿alguien lo puede asegurar?)

Pero esto no es lo quiero agregar a vuestro ocio. No en el sentido que estoy temiendo. No. Lo que quiero es mostrarle, o hacerle presente, lo paradojal de nuestro lenguaje verbal: las palabras prohibidas son las que no se dicen. Y claro, porque si la dice quien la está prohibiendo se estaría prohibiendo a sí mismo. Salvo si el “prohibidor” se excluye de dicho manifiesto. Pero ¿Quién es quién para prohibirle a alguien algo que le pertenece a ambos por naturaleza? Salvo, también, si el “prohibidor” dijera, por ejemplo, “desde mañana a partir de las 12:34 horas, queda absolutamente prohibido decir ”. No obstante, al manifestarlo está cometiendo igualmente una falta, o sea, no deja de ser soez, por la sencilla razón de que el prohibidor cree soez dicha palabra. Como ve, parece complicado “normar” la prohibición de palabras, por llamar de alguna manera.

Otro punto es el siguiente. Si una palabra “soez”, figura sola y como adjetivo, no debería significar como tal, ya que no cuenta con un sujeto.

En fin, creo que es una ridiculez prohibir las palabras, cualesquiera que sean, tanto o más como creo lo ridícula que es esta carta. Y si prohibir una palabra requiere de que esta sea nombrada o dicha, expongo a continuación algunas pocas, y sugiero con etc todas las otras que se me quedaron en las teclas (o en el rincón más soez de mi ser); no para que las prohíban, sino para dar por hecho la “improhibibilidad” de su existencia. Afírmense los ojos los queridos mamones:

Caca, pichí, poto, raja, hoyo, culo, culiao, reculiao, hueón, hueón culiao, saco de hueas, pico, zorra, pico y zorra, concha, conchúo, puta, maraco, maraca, chuchetumadre, conchetumadre, rechuchetumadre, rechuchesumadre, ¡rechuchesumadre!, etc

Cierto es que muchas de estas tienen sus derivativos... defina, investigue, compare.

Esperando que te encuentres bien, me despido con un beso.

Tu hijo.

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Querido hijo,

Junto con saludarte, te informo de que pude encontrarte eso de Flash Gordon que me habías encargado...