21.1.06

Por estar pensando afirmaciones


Si te dijera que los ruiseñores cantan cuando estoy contigo, te estaría mintiendo. Peor mentira sería decirte: Cuando estoy contigo es como si los ruiseñores estuvieran cantando (¿Te fijas?, el “es como si” potencia la mentira). En primer lugar, porque no conozco a ningún ruiseñor, a ninguno he oído y ninguno ha cantado por donde he andado, y no espero tampoco encontrarme con uno para satisfacer o confirmar mis oraciones, siendo en el peor de los casos, pueriles metáforas. En segundo lugar, porque cuando estoy contigo, nada canta más allá de la forma.
Que te quede claro. Tan claro como lo que sentimos cuando nos sentimos. Y, sin ordenar los lugares traídos a presencia de tus ojos, sabed: Es este lugar, coordenado desde nosotros, el instante del cual somos partes; así la sombra que crece en mi espalda cuando acercas tu mano, el vacío irregular entre los torsos, el aire en el ciclo sublime. También lo que estás pensando y yo frágilmente recibiendo al cerrar la boca; así, cada uno un tesoro desvelado por el tacto y la palabra, hasta la simetría de la quietud y el silencio. Tu nombre no está en el cielo ni en los objetos de los que me sirvo, está cuando te llamo, cuando te llamo bajo el cielo mismo de ayer y frente a los objetos simples entre lo simple. Los dientes del tenedor no son las letras de tu nombre, me es claro; tampoco son los ojales de mi camisa roja. La lectura imaginaria sobre las apariencias, la exclamación utópica proviniendo de transparencias asonantes, las fábulas pululando en la materia,... todo surge como fondo (absurdo) a nuestras adherencias bajo mi memoria. Me basta, para celebrar esta cercanía, lo real que nos concierne, porque eso es lo único que nos pertenece y lo único a lo que ambos irrefutablemente pertenecemos. Algunos se prometen las estrellas y todas las flores de los campos más insólitos en supuestos haberlos, promesas de inalcanzables lejanías al filo de lo quebradizo e incomprensible, pero al final todos terminamos desnudándonos, evidenciando el hallazgo maravilloso al final de nuestras pieles.
Bien sabes de mí cuando me tienes. Los ojos que ves en mí son sólo los míos, y en ellos tan cierto tú como si estuvieras adentro por obra del reflejo. Tan cierto yo en los tuyos, padeciendo feliz la luz esfumada. Tan cierto entre sonrisas el oxígeno indeciso.

He idealizado tu imagen asesinando ruiseñores, pues, porque puedo comprenderlo, el maullido de tu gato, los motores de las micros, el olor a fritanga de los carritos, musicalizan y condimentan idóneamente nuestros encuentros. He idealizado tu imagen con la percepción del recuerdo, otorgándole un tiempo aparte con estos signos recolectados. He juntado todas estas palabras a fin de asomar levemente la inmensa gracia de tu cariño, a fin de verdad y antes, si la urgencia es pertinente, de que algún ruiseñor se me cruce o alguien o algo te llegue con la luna bajo el brazo. T.Q.M.*







* T.Q.M. : Te quiero más.