18.3.06

No tenía de vainilla

El payaso llegó y se instaló frente a nosotros; su cuerpo, su traje y nada más. No éramos más de dieciocho los sin maquillaje, allí, sentados alrededor de uno de los tantos uniformados en piedra inmortalizados bajo la caca de las palomas. Con el fin de comprender, dejé de lengüetear mi helado, la señora sentada unas tres bancas más allá se disponía a hacerlo también... ¡Casi botamos el palito al mismo tiempo!

Entonces tocó su nariz elasticada, él, el personaje. Se rascó la escondida con la expuesta y ganó silencio de los aplazados, todos ya curiosos, amasando a la altura de sus hombros una trompetita violeta que hizo venir mágicamente desde sus lunares amarillos.

Ya. Parece que todo bien. Como listo. Las condiciones estaban dadas. Miraba, miraba. Quedó. Habló:

“¿Cuánto espacio entre nuestros pies, para decir que nos hemos alejado lo suficiente el uno del otro?

¿Los pies confirman el abandono?

¿Es dueño de la ausencia quien abandona?”

Cinco segundos. Los autos sonaban extremadamente lejos, quedamos todos como piedra por dentro (pero no como héroes por fuera, nótese). Desee otro helado. La nariz roja era el centro del universo. ¿Qué hacemos?, ¿Fumamos?, ¿Respondemos? El tiempo volvió a la normalidad. ¿Era para mí?

Cuando la impresión del “¿Respondemos?” empezaba a notarse en la cara del otro y la del otro en el otro y la de otro en los otros y así etcéteramente, el payaso giró una vez en torno a su eje y guardó su trompetita. Paulatinamente perdimos el silencio. Los autos sonaban más cerca. El elástico partía en dos esa cara trasera, pero la guinda las juntaba correctamente adelante, hacia el futuro. Unas palomas no contempladas entretenían por el suelo, daban vueltas sin tocarse unas a otras. El vendedor de helados, tras leerme la mente, acudió ante mí llenando al paso el espacio dejado por las palomas; tras atenderme, aproveché de leerle educadamente la de la señora tres bancas más allá. Rico el de chocolate. Más rico el primero que el segundo. Los cabros chicos cruzaron sus juegos y todo cobró el ritmo que no sorprende.



¿Y el payaso?

Bueno, obvio que el payaso se fue.