19.6.06

I, II,III y IV o V (Un día u 86.400 segundos)


Un día u 86.400 segundos...

I.
Una persona maravillosa acaba de regalarme una canción. No sé si regalo propiamente tal, pero sí regalo en su recibimiento, al menos. Y la estoy escuchando. Luis Alberto Spinetta canta su Vidami. La agradezco.
Ayer disfruté de un sabroso vino y de un considerable cúmulo de palabras aéreas atrapadas y abandonadas, una conversación con un buen amigo, luego de haber resuelto, en parte, la cuestión del bar y su recurrencia. Otra vez la luz no podía quedar ajena: algo así como que en la oscuridad del bar puede manifestarse el rayo más pequeño de luz, la razón más pequeña de alegría, y esa cantidad es suficiente para distinguir aquello que también se encuentra en el mismo lugar. Y como toda buena respuesta parcial - parcial por no ostentar absolutismo -, no pudo decirse sin ser precedida por una pregunta: ¿Cuántos de los que están aquí realmente lo están pasando bien?

II.
Una persona especial acaba de enseñarme una canción. Vidami, de Luis Alberto Spinetta. Acabo de escucharla. Estoy agradecido.
Buena ley sería, para todos y todas, regalar al menos una vez en su vida al menos una canción. Hace bien recibir al menos una... Compruébelo usted mismo. Y si no le es una sorpresa, obligue amablemente a alguien para que lo haga.

III.
Esas cosas a uno lo pillan desnudo. Podría uno estar preparado, como lo hacen los que acostumbran a salir en fotos, siempre con su mejor par de dimensiones. Pero uno gira y se revuelca, a veces como los chanchitos de tierra (isópodos, para los exigentes) a veces como una pelusa, en sus tres dimensiones, y no está preparado para sacrificar una de ellas, para borrarla o esconderla o inmortalizarla mediante dos. Por eso esas cosas hasta te sacuden.
No es un mundial, que ocurre cada cinco años (¿Son menos?), tampoco es el aniversario de tu (mi) nacimiento. Es lo de hoy. Lo que pasa y deja su cara de pena porque otra vez no lo viste, como ayer, y como ayer de ayer, y como ayer de ayer de ayer... ¿Puede uno ser tan abstracto como para reducir la vida a años, a conjuntos de años redondeados y terminados en cero?
Es lo de hoy, lo que pasa sin más porque simplemente uno no queda. Dicho hoy, es con la tardanza de un dibujante, que mientras ve el mar lo atestigua tanto con su mano como con sus pulmones. Es con la tardanza del espino, verde en primavera, amarillo de verano, sin engaño o traición. Es con la tardanza del juguete, que reserva sus movimientos y voces hasta el exclusivo reencuentro con su
dios niño.
Esas cosas son pequeñas, pequeñas virutas de tiempo que si son acogidas, remolinean a contrapunto junto al pulso, y uno resulta la melodía más extraña del día.

IV.
Disfruté un vino con un gran amigo. Una linda persona me brinda una canción. Leo a Couve. Cada minuto el día vuelve a empezar. Salud.

V.
¡Terrible bien!