13.6.06

Por la ciudad o tus ojos

(Antes del cigarro)
No puedo ver esta ciudad sin ver tus ojos. En la ventana que sostiene el reflejo del sol, en el giro del rostro para poder cruzar con luz roja, en la luz roja, en el envase de pastel que no alcanzó a ser basura de basurero, en la lágrima que se aleja del terminal de buses, en la sombra de una mano que se extingue respetuosa sobre una mejilla, en la prisa del oficinista para llegar a su hogar, en el espejo de la farmacia.
Y cuando veo tus ojos, la ciudad desaparece.

(Después del cigarro)
Entonces me pregunto si pertenezco a la ciudad o a tus ojos. Me pregunto si existe algún rincón que perdure como tal, para disfrutarlo sin cambiarlo.
No he salido de mi casa. La barba me crece y la infancia se me desmorona. Los balancines de la memoria determinan ahora otros pesos. Una bocina que suena y llega hasta mí, me dice que por lo menos hay una mano para mí allá afuera.
Pero no puedo ver esta ciudad sin tus ojos. Y ya estoy apunto de sacar las puertas, el techo y los muros de este cubo, para al menos ver una mirada tuya extraviada.

(Otro cigarro)
Re está apunto de cortarse. La se afloja. Sol apenas vibra. ¿Y si salgo a buscarte, te encuentro y mi alejo solo?
(Fin del otro cigarro)

Este día, ni la guitarra calla.
No me desespero, mañana puede ser realmente frívolo. No tengo imaginación.