24.7.06

Canción escrita en la mano

Algunos queremos morirnos pronto. Algunos queremos detener al sol con una sonrisa. Algunos queremos querernos. Algunos queremos que no nos quiten las ciudades a balazos. Algunos queremos que los otros vivan.

Mientras corrías, yo te veía correr. Mientras llorabas, yo leía los subtítulos. Mientras la noche llegaba sobre ti, yo apagaba un cigarrillo con el pie.

Tus palabras me causan dolor. Mis huesos están ocultos. Tu sangre recorre las calles. Y frente al sillón iluminan los satélites la pereza.

Un concurso de belleza no embellecerá al mundo. Tu gesto de saludo, la mano agitada con tu cara de terso caucho, no tiene destino. Tu bello cuerpo no es un diamante. Y frente al sillón iluminas la miseria.

Hoy estamos tristes, sin embargo cantamos canciones de amor. Y nos amamos en secreto, para que no nos quiten el uno al otro. Celebramos todo lo que tenemos.
Y
Y
Y
Y nos arrodillamos bajo un dios con serios problemas existenciales.

Coro:

(Silencio, moviéndonos para estrechar una caricia)

20.7.06

calenda trastornada o el testimonio de las neuronas en el purgatorio

Alcohol, ojo, alcohol, ojos, alcohol, ojo, ojos, alcohol, ojo, alcohol, ojos, alcohol, alcohol, veo, veo, veo, leve, tacto, piel, y, aire, tacto, tactos, roce, aroma, huelo, cuello, aire, humo, aire, ¡Aire!

... No es una buena manera de comenzar un puñado de párrafos. De comenzar un día tampoco.
Algo de cuerpo arrastrando por las calles, mitad conciencia, mitad instinto, vinculando con expresiones faciales inconclusas noche y día, para saciar una expectativa, una misera expectativa que luego del descanso se esfuma entre resuellos disueltos tras las sábanas suavemente tibias: síntesis, recopilación, restauración de neuronas a la fuerza; el placer como humo en la boca.
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El señor corales muy amable nos invitó a entrar. Duro él, como una piedra de cal, hablaba y hablaba, mientras juntaba entre sus manos el dinero de la entrada. ¿Ocho? ¿Seis? ¿Más? ¡Da lo mismo! Hay una hora en que la cantidad de seres - humanos después de todo - , se simplifica, o se asume verdadero o falso, o basta con decir que es 1 igual a existe. Circo. Los leones iguales a los payasos; al menos en una asimilación del espacio. Velorio. Más bien un velorio; sin muerto y con payasos, leones y hombres lampiños (mujeres barbudas en su defecto). ¿Música?

- un computador encendido.
-¡Eso no es música, por favor!
- ¡Silencio! pa' ver si suena la respiración... polifonía, orquesta sin músicos... música por sinergia, por olvido, por costumbre.

Colores de Rembrandt, formas de Picasso y Goya, Guernica o Disparates, minotauros, todo en claroscuros: los muros, los apoyados en la mesa, los que van al baño, los que siguen bebiendo, los que duermen, los inquietos, los que hablan por ahogo diurno. El señor corales botellas en mano y la anciana en silla de ruedas contemplando el espectáculo. Yo deambulando acotado. Dionisio, horripilante, en su peor alegoría.
Los policías entran y no parecen muy convencidos de que celebramos una fiesta de cumpleaños. Algo no encaja. fruncen los ceños. Uno de los dos tiene cara de buscar la torta, pero no la encuentra ¿Estará en el WC? Algo no encaja, definitivamente... Sin embargo no hay manera de comprobar que en un velorio con payasos parecidos a leones no pueda celebrarse una fiesta de cumpleaños.
Por arte de magia la policía desaparece (mas no puedo dar fe sobre la existencia de algún mago)
minuto + minuto + minuto + minuto +...
Alguien quiere irse. Nos vamos.
Afuera es día, luz de día llenando los recovecos, salvo tras nuestros párpados, intradós rojizo, iris miserable... más allá de los pies no hay caída, vamos al ritmo de los tacos. ¡Atrofiadas semifusas!

Sin embargo............................................. la vasta piel, las manos desnudas imperantes, un sueño, un par de bocas oscureciendo una almohada como un par de nubes lejos de Dios...................................

día+día+...

Los días lunes son los verdaderos fines de semana. ¡Mierda!