16.8.06

Monólogo de un plantado o El viaje al fondo de un vaso

Que equilibrio es tres, que justicia es cuatro. ¿Alguien entiende todo esto? ¿Alguien puede entender sin ver antes un triángulo formado por un brazo, una ventanilla y un riel? Esto de viajar en tren puede ser no tan simple como al imaginarlo. Después de mucho tiempo me trasladé, recorrí, en un tren. Y personas allí abajo y personas aquí arriba. Y personas de pie y personas sentadas. ¡Qué idiotez! ¡Qué idiotez de relato! Termino con aburrirme a mí mismo. Nada puede ser más saludable que esto: aburrirse a uno mismo intentando derivar algo maravilloso de una simple mirada, distinguir un triángulo (a la fuerza) y recordar haber hablado que el tres es el número del equilibrio y no el dos, mientras es uno el que intenta lidiar con todo. La coincidencia -una- de llegar a un lugar y comenzar una memoria donde intervienen dos... y uno es uno de esos dos... Pero la memoria está en uno, y por más que en un determinado segundo los dos estén recordando un solo instante compartido por ellos dos, ninguno lo sabrá, cada unno sabrá su parte. Escribir ayuda a dejar de pensar idioteces (escribiéndolas), idioteces de uno con uno.
Al fin y al cabo, generalmente, las mesas tienen cuatro patas; y cuando uno se sienta frente a una ubica las dos piernas entre dos de sus patas. Y si hay otra persona al frente -también a la mesa- lo que nos queda es cuatro piernas entre entre cuatro patas........ ocho no es divisible en tres... Entonces el equilibrio es una mesa entre dos personas: tres. Lo justo -las piernas y las patas- se deriva de lo anterior.