12.9.06

Pueblo chico o el infierno grande

...en las grandes ciudades, las de calles que se exhiben interminables, todo es muy estrecho. De una esquina a otra, cruzando de una tienda comercial a otra, sólo veo rostros (escasamente ojos y boca) y oigo pasos y bocinas y huelo humos y perfumes para pieles, todo tan fabulosamente mezclado, que llega a formarse ante mi pequeño volumen, una sola gran bestia de metal y carne. Todo está tan cerca de todo, que apenas hay espacio para verla venir como la esperanza lo exige.
Deprisa debo cruzar, y sin chocar - es lo convencional y la idea -, pues cualquier encuentro fortuito de hombros puede resultar ofensivo.
¿Hacia donde crecen las ciudades? ¿A qué velocidad se hinchan o se tejen, variando sus entramados de cables, luces y antenas? ¿Cuánto cada vez más sus alturas hacia sus "centros", en un intento paradojal de tocar el sol oscureciendo los hábitos?
Como un gran poncho de cabezas, como un tejido volcán, de lava centellante pero fría, las ciudades grandes se derraman, enfriando por último sus movimentos compactos e inmediatos hacia sus periferias, espacio donde sí el calor es con luz y penetra la materia, donde sí la luz del sol coincide con el almuerzo, las leyendas y el café: los pueblos chicos.

Los pueblos chicos son habitados por pocas personas. "Poco" es que más personas se conozcan, entre sí.
Recuerdo cuando la fui a visitar, cuando usted vivía en el piso catorce, ¿se acuerda?: debíamos estar muy cerca para sentir que sí estabamos uno al lado del otro.
En los pequeños pueblos, estar uno al lado del otro incluye a los vecinos (tanto, a veces, hasta cuestionarse sobre la privacidad en los dormitorios), incluye al suelo, a la tierra, y al cielo, por supuesto.
De tal manera ocurren las cosas, que los creyentes sí pueden ver a su dios en el cielo y no en el último piso, así como también para los niños con sus juegos, que pueden cambiar cuando quieren las dimensiones de sus improvisadas canchas de fútbol, o simplemente cambiar de lugar los arcos, para que la señora del frente no se apropie de más pelotas descontroladas.

En el proceso de expansión, como un gran círculo que aumenta en el tiempo su diámetro, estos pueblos chicos, tarde o temprano, se ligan a las grandes ciudades...
¿Es así como ocurre,
o tan sólo es que los pueblos chicos son una etapa de las grandes ciudades en la conquista del espacio?

Las expansiones de las grandes ciudades, o simplemente las expansiones, llegan a un grado en que se intersectan entre sí, llegan a un tiempo en que las lavas bordean la mixtura (o el encuentro entre hombros), y claro, los perjudicados son los pueblos chicos, como presencias unitarias.

Bueno, señorita, me tengo que ir. Todavía tengo que entregar toda esta correspondencia: todas estas de deudas y todas estas de amor que encontré perdidas por ahí.

- Adiós. tenga cuidado en el camino, váyase por el pavimentado... ¡Y no se olvide mañana de mí!

- Sí, de todas maneras, ¡Cómo olvidarla! ¡Adiós!