10.1.07

Un hombre, un testigo en una esfera



Un hombre corre por la superficie de un esfera, sin detenerse. Avanza hasta completar un círculo cuyo perímetro es igual al de la esfera, y continúa. Pasa periódicamente por un mismo punto, lo que permite decir a quien es testigo que este hombre siempre vuelve a pasar por el mismo lugar. Si el hombre que corre aumenta su velocidad hasta un cierto número, puede el testigo ver que son dos los hombres que corren, uno siguiendo al otro. En tal caso, en cada vuelta el hombre que corre ha de cambiar su apariencia. Para ello es necesario que la esfera tenga un determinado radio, y el hombre que corre tenga, como ya dicho, una determinada velocidad. El testigo, por tanto, bien podría ser el corredor, que intenta o puede verse la espalda, o bien podría ser otro hombre, que espera fijo en un lugar para ver al corredor cuando se acerca y cuando se aleja.
El corredor, por su parte, podría ver al testigo cada vez que pasa por el mismo lugar. Si el testigo no es el corredor y cambia su apariencia, el corredor habrá visto a dos testigos, luego el lugar nuevamente. Si el testigo es el corredor, ha de correr demasiado rápido para ver su espalda sabiendo que su espalda está siendo vista.
Por cierto, me he referido a un esfera supuesta ideal, lisa, abstracta, abordable en pocas palabras con un radio incógnita, y a un hombre y un testigo, sin ir más lejos, imaginarios, con incógnitas velocidades. Sepa mi madre, que con tantos hijos en la casa, no es muy fácil pensar en otra cosa que no sea esta. Al menos hoy.