31.3.07

Chocolate dulce

Cinco cuadras corriendo. En una mano los documentos necesarios para cambiar de nombre, en la otra un bolso con semillas de cacao.
Baltazar puso la alarma del reloj a las seis de la mañana. Se levantó a las ocho. Tomó una ducha rápida y salió de su casa con la esperanza de hallarla por casualidad en una esquina. Por suerte -se dijo- tengo su nombre escrito en un boleto de micro.
El color del otoño se impregna lentamente en los árboles, como una mancha de chocolate en la camisa. El aire fresco sacude los pulmones. El almacén de don Víctor todavía no abre. El bus que se dirige a la costa pasa a las diez y media.
En la segunda cuadra hay un jardín infantil y una escuela para niños con problemas de aprendizaje. En la tercera hay un semáforo con un hombre verde que le falta una pierna. En la vereda del frente hay una faena, hombres que instalan una cañería de agua potable. Tres obreros fuman de un solo cigarrillo.
Baltazar se tropieza con un arbusto en la cuarta cuadra, ahí plantado en la mitad del camino. ¡Qué falta de criterio!- exclama.

El arbusto es extirpado por orden municipal.
El hombre verde recibe una nueva pierna verde.
Los niños del jardín infantil salen a recreo.
Los niños con problema de aprendizaje miran por las ventanas.
Los trabajadores empiezan a moler el hormigón.
Baltazar llega al paradero un cuarto para las once.
Don Víctor bebe una taza de café apoyado en la puerta de la cocina y mira hacia la calle.

Nota: Pintar todo con tonos grises salvo el momento en que el otoño se hace más intenso, que puede ser de color chocolate dulce.