13.10.07

Estación Los Héroes

Cada diez minutos alguien se marcha, cada diez minutos alguien se despide y va, o viene. Cada diez minutos, cada diez minutos. Pero cada un minuto también, y cada once, y cada cincuenta y cada siempre. Te esperé o pasaste de largo o no llegamos. El reloj se echa a perder o cortan la luz o tengo la cabeza puesta en la luna y la luna tiene otro tiempo, la tierra está siempre allí y no nos vemos. El sol está tan solo, o tan lejos de todos los soles, las estrellas. A las hormigas siempre se les ve tan unidas ¡Distancias de hormigas! ¡Distancias de estrellas que siempre nos quedarán grandes! Paralelos, meridianos, ángulos y carreteras y andenes nos bastan. La línea recta, la vida ficticia. La luna imaginaria en la ventana donde botamos las cenizas y las colillas a sus suertes... como si dispusieran de suerte. Mala suerte es, si te cae una colilla en la boca, en un ojo. Pulmones de tanto reír y de llorar. Abrazos de tanto abrazar, brazos para abrazar, la evolución de la especie. Cabezas que se desplazan, pelados, rubios, negras, onduladas, crestas, sombreros, paraguas de colores, copas invertidas, bastones invertidos, para la lluvia. Lluvia imaginaria. Lluvia evaporada. ¡A voltear las copas! Hace un calor terrible.

A la milésima de desaparecer el guardia y de extinguirse la melodía infiel de su boca, la mujer se reconoció pequeña en medio del frío del cemento de la estación y las cámaras de vigilancia. Pequeña y luego sola. Mucho vacío para un único pasajero. Camino a la salida, subiendo los escalones, uno y cuatro despedazó en diez la infructuosa carta de amor... ¿O carta para el amor? ¿O carta por el amor? Carta de papel y tinta y sueño. Es mejor decir del amor que se ha ido, en vez de que se ha acabado, así es más esperanzador su regreso, sin importar su paradero, su contemporánea estadía, el cuerpo donde se hubo alojado. Carne humana. Pero si así fuera, ¿no debería irse a la vez del par, de los dos cuerpos que lo sustentaron, lo masticaron y lo encumbraron? ...Y que supieron amargo el último sorbo ...y que lo vieron cortarse e irse como un volantín... amargo ¿Qué quedaría haciendo su mitad en una sola carne? Las naranjas partidas se secan más rápido, se les arruga la cáscara y se les opaca el corazón ¿O solo las sandías tienen corazón? ¿O es que la conciencia que extraña su unidad, la conciencia metida en una de las carnes que extraña la unidad de eso sin carne, comparte la suerte de una casa abandonada? La suerte de estar abandonada a su suerte ¡Una casa cuando es abandonada vale por dentro, habitada todos la celebran por fuera! ¡El desamparo! ¡La carne cuando es abierta!...Sin lágrimas, sin saliva en la garganta, sin gesto entre sus orejas, abrió su mano y dejó caer los trozos sobre la voluntad del aire, antes de dejar por completo la estación, montada sobre sus ositos veloces. Va.
Pero el aire no tiene voluntad (no data, nos consta), corrientes sí, y por ello en el suelo adentro, la escalera y en el suelo afuera de la estación terminaron los pedazos de la carta; los pedazos de papel -mejor dicho-, pues la carta se desvaneció en el aire, y en el suelo terminaron nada más que los restos de su caída.



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