11.1.08

Pa onde van o Hacia donde van las palabras


Ser fiel a un diálogo hablado en lo escrito, es decir que lo dicho hablado con lo dicho escrito se correspondan en realidad, atenta con la forma, sea la de lo escrito, sea la de lo hablado. Si el sonido es reflejado fielmente conforme a los signos posibles sobre el papel, puede deformar lo escrito a tal grado que puede atentar contra el significado, la continuidad de la lectura, la representación (¿o presentación?) fidedigna del diálogo oído. Resulta paradójico que en ciertos ámbitos la palabra oída no se corresponda con la palabra escrita y que sin embargo signifiquen lo mismo (y ya que no sea la suerte de los sinónimos o de los parónimos). La palabra oída puede resultar nueva en lo escrito, o bien la palabra escrita puede resultar nueva en el habla (esto es positivo de alguna manera). O quizá uno quiere oír que es lo mismo (o escuchar lo que uno quiere). O quizá los signos no por estar ante los ojos son palabras, aun cuando tales signos reunidos sí puedan llegar a serlo. Las s escritas que suenan como h. La d cuando suena muda en una última sílaba entre vocales. Consonantes que desaparecen, vocales que se esconden en el aire (¡o en las intenciones!), que luego aparecen en lo escrito. En fin.
Escribir correctamente --correcto según la moral de lo escrito-- un diálogo entre dos personas que no vocalizan según lo correctamente escrito puede atentar contra el lector en el sentido de que el diálogo podría parecerle irreal. Por otro lado, al escribir tal cual estas dos personas hablan, puede hacer de la lectura algo difícil, algo que atenta contra la fluidez de la lectura. Fluidez del hablar que debiera corresponderse con la fluidez de la lectura, cuando corresponde, valga la redundancia.
Entonces el problema ya no es solo que no nos entendemos.
O el aire nos juega bromas, o las letras se están rebelando... Por culpar a alguien, digo, fuera de nosotros.



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segunda parte: Pa onde van o Hacia donde van las palabras II.