27.1.08

Pa onde van o Hacia donde van las palabras II



Uno, dos, tres, catorce...
Vertigo-U2


Días atrás leí una nota acerca de la RAE, de incluir abreviaturas Short Message Service (abreviadamente: SMS) en la nueva ortografía. Leí rápidamente, como acostumbro leer las noticias (quizá para salvar su frescor). Pero ahora, pasados los días, puedo leerla como una demorada incisión en la memoria, con la tardanza justa que requieren las palabras para ser incorporadas.
De eso se trata, pues. De incorporar las palabras.
Recuerdo las clases cuando era niño: el profesor dictaba un texto y los alumnos a la escucha lo registrábamos en nuestros cuadernos; ortografía necesaria, a favor de una unidad y complicidad del entendimiento; es decir, un hablar común. La velocidad requerida en la mano para contener tal o cual texto debía corresponderse con la velocidad de la voz. Una capacidad de velocidad. Luego, el cuaderno como receptáculo debía servir también como memoria; una memoria cómplice sí, pero al tiempo que cada alumno, o lector ya, abría y cerraba según su soledad posterior. Tuve problemas con la alta velocidad de registrar, puesto que algunas palabras me llamaban más la atención por sobre otras y me provocaban fugarme... Al volver, al aterrizar o al emerger, ya había perdido la continuidad del dictado. Entonces, cuando esto ocurría, dejaba manchas blancas para después borrarlas con las palabras que me habían faltado (o con las que les falté). Recurría a mis compañeros con caligrafías armónicas y cómplices. Y allí veía entonces los signos de la velocidad. Signos que no son los signos de nuestra lengua.
Hay una oración entre comillas, dentro de la nota, que interrumpió mi atención:
No se trata de crear un diccionario SMS alternativo, sino de atender la nueva realidad "de una lengua que es del pueblo y es callejera" y que ahora se crea sobre las pantallas de los teléfonos móviles y de los ordenadores.
De que sea callejera, podría estar de acuerdo: en las calles los autos corren tanto que el ojo levemente los alcanza. Pero que esa "lengua" callejera sea del pueblo...? ¡Una tontera enciclopédica!. El lenguaje SMS tiene su origen en un producto, por lo tanto es artificial; nuestra lengua (y digo lengua, porque ante todo es voz), así como también para otros pueblos las suyas, tiene su origen en el hombre, por lo tanto es escritura, en cuanto a su carne, y aire en cuanto a su Aire (ψυχή y ἄνεμος). Integrar el SMS a nuestra lengua en igual calidad es una aberración. Sí debe ser aceptado como recodo, pero jamás, manifiesto, como rumbo que nos una.
Por cierto, no deja de ser un síntoma de nuestra contemporánea incomunicación, en el sentido de un deber adaptarnos a los inventos veloces que nosotros mismos producimos con el propósito de comunicarnos. Por ello admito (a conciencia) su uso en tales circunstancias; admito también la paradoja. Pero convertirlo o proyectarlo a favor de nuestra convivencia me resulta un descalabro, un contra-tiempo. Su aceptación --y más, su promoción optimista-- es dividir en dos la lengua y encaminarla por un lado escrita y por otro hablada, es otorgarle dos velocidades, es contradecir al tiempo y a la permanencia en el espacio, dos variables que derivan de nuestro estar con. Carencia de la realidad virtual.
En defensa del uso del SMS surgen precarias justificaciones aludiendo a la economía, al poder decir lo equivalente (dicho en lengua humana) por el menor precio posible y, peor, en el menor tiempo posible. Sin duda esta no es una economía del lenguaje; una economía de bolsillo sí. Al César lo que es del César.
Me pregunto, si esta tendencia de decir, equivocadamente, más en menos tiempo y espacio, nos llevará al límite de tener que reducir nuestra lengua a ceros y unos, a insulsas foto-impresiones, a una nostalgia de música y dibujo. Música y dibujo, aquello nuestra lengua, para jugar nuestra original complicidad de sabernos.



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[imagen: la_cola_de_mi_perro]

Pa onde van o hacia donde van las palabras I