28.4.08

Expeler unas cuantas partículas

Uno puede olvidarse de que ha sido uno durante el día, y, al encontrarse otra vez con la cara descubierta bajo el cielo, expeler unas cuantas partículas --u ondas, según su gusto-- de mala sangre...
Que tu cabeza dice "tal vez", pero la suya no dice ni "jamás".
Que debías bajarte en la estación siguiente, pero que te pasaste dos y tuviste que cruzar y volver (la cara de despistado no viene por separado).
Que debías devolver en la biblioteca "Casi en silencio" de Hugo Mujica, pero que no, que te lo llevaste bien en silencio en el bolso.
Que el bolso requiere urgentemente una generosa lluvia, como la de anoche, que levantó el aroma a tierra y vegetal y Messenger.
Que otros glóbulos desafortunados más. El resfriado, por ejemplo.
...No en gesticulaciones orales cuyas ortografías querrá jamás reconocer la RAE. Sí unas cuantas notas al azar, en la guitarra, una atmósfera Grunge quizá, o punk (algún recuerdo infantil de MTV podría servir). Nada de electrónica, que es demasiado sutil y requiere una disposición calma de la respiración. Esto es más bien algo con el brochazo gordo, algo con pintura sin diluir, con grumos, sin batir, ojalá pintura roja y esmalte acrílico, para que hasta quitarlo cueste su cansancio... Unas cuantas notas bajas, entre Mi y La, quizá Re, pero no más arriba. Si las cejas se han separado lo suficiente y la respiración ha permitido algún suspiro, podría ser que la idea ha marchado por buen camino. Pero no basta. No basta. El problema es atómico. Ya veremos cómo proceder para erradicarlo.



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7.4.08

Relojes viejos

En la gran plaza de La Cebolla Que Nos Simpatiza, quince relojes antiguos discutían acerca de la existencia y de la no existencia. Uno alzaba la voz y se lamentaba por los relojes jóvenes que por carecer de péndulos caían en el flagelo de la pendulación.

-Créanme --decía-- y fíjense: los jóvenes ya no tienen péndulos, ¡Ellos se están convirtiendo en péndulos, con ese individualismo de hacerse a una muñeca y viajar a cualquier parte!
-Los tiempo cambian, Rodomiro, ten paciencia.
-¡La tengo! ¡La tengo! ¡Los jóvenes no la tienen!

Así, cada uno exponía su punto de vista y se adhería a uno de los dos grupos oponentes: los Pendulacionistas Positivos (abreviadamente WEYRGNM) o al Frente De Protección Al Péndulo En Su Lugar (cuya abreviatura puede darse por entendida). Los primeros toleraban que los jóvenes relojes fueran ellos mismos péndulos al aquietarse en los brazos, los segundos se oponían rotundamente y estaban dispuestos incluso a atentar contra cualquiera que se negara con una cuchara.

-¡Es un problema de in-di-vi-dua-lis-mo!
-Eso no es individualismo.
-Señores por favor, no griten tanto que estamos en la plaza.
-¿Trajiste plata para el pasaje?
-Otra vez los jóvenes no asistieron.
-¿Y los jóvenes?
-No vinieron.
-¿Entonces cuál será la decisión?

Hubo un silencio rectangular por algo así como ocho días. Entonces, el viejo Grimildo, asumiendo que todos eran unos aburridos, metió su mano en su chaquetón y desde el bolsillo del corazón sacó una cajita verde como esas que contienen argollas de compromiso.

-¿Qué tienes ahí, Grimildo?
-Ya verán...

Adentro, un pequeño reloj (joven) se balanceaba sentado sobre una especie de colchoncito, con sus extremidades rodeando sus extremidades al ritmo de un minuto. Grimildo acercó sus inmensos sentidos de la visión al diminuto, y le preguntó:

-¿Pues bien, joven reloj, te gustan las papayas?
-¡Me encantan!



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6.4.08

El niño pasea con un globo lento sobre su cabeza veloz




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EL NIÑO PASEA CON UN GLOBO LENTO SOBRE SU CABEZA VELOZ