7.4.08

Relojes viejos

En la gran plaza de La Cebolla Que Nos Simpatiza, quince relojes antiguos discutían acerca de la existencia y de la no existencia. Uno alzaba la voz y se lamentaba por los relojes jóvenes que por carecer de péndulos caían en el flagelo de la pendulación.

-Créanme --decía-- y fíjense: los jóvenes ya no tienen péndulos, ¡Ellos se están convirtiendo en péndulos, con ese individualismo de hacerse a una muñeca y viajar a cualquier parte!
-Los tiempo cambian, Rodomiro, ten paciencia.
-¡La tengo! ¡La tengo! ¡Los jóvenes no la tienen!

Así, cada uno exponía su punto de vista y se adhería a uno de los dos grupos oponentes: los Pendulacionistas Positivos (abreviadamente WEYRGNM) o al Frente De Protección Al Péndulo En Su Lugar (cuya abreviatura puede darse por entendida). Los primeros toleraban que los jóvenes relojes fueran ellos mismos péndulos al aquietarse en los brazos, los segundos se oponían rotundamente y estaban dispuestos incluso a atentar contra cualquiera que se negara con una cuchara.

-¡Es un problema de in-di-vi-dua-lis-mo!
-Eso no es individualismo.
-Señores por favor, no griten tanto que estamos en la plaza.
-¿Trajiste plata para el pasaje?
-Otra vez los jóvenes no asistieron.
-¿Y los jóvenes?
-No vinieron.
-¿Entonces cuál será la decisión?

Hubo un silencio rectangular por algo así como ocho días. Entonces, el viejo Grimildo, asumiendo que todos eran unos aburridos, metió su mano en su chaquetón y desde el bolsillo del corazón sacó una cajita verde como esas que contienen argollas de compromiso.

-¿Qué tienes ahí, Grimildo?
-Ya verán...

Adentro, un pequeño reloj (joven) se balanceaba sentado sobre una especie de colchoncito, con sus extremidades rodeando sus extremidades al ritmo de un minuto. Grimildo acercó sus inmensos sentidos de la visión al diminuto, y le preguntó:

-¿Pues bien, joven reloj, te gustan las papayas?
-¡Me encantan!



-