20.6.08

La demostración

I

Luisa, la trucha, sabía que el agua habitada no era infinita, mas no podía demostrarlo científicamente a los demás peces.
--el agua en que vivimos es infinita --le decían los doctores, sus amigos académicos, los peces músicos y los transeúntes que al pasar se encontraban con ella en las corrientes.
--es cosa de sentirla: adonde vas, siempre hay agua --le insistían.
--Luisa, cierra los ojos, vuelve a abrirlos: siempre tocarás agua.
Así, con cada entrevistado ocurría lo mismo, y todos le pedían una demostración.
Pero ella sabía que una demostración solo era posible a través de la propia experiencia. No era posible establecer un lenguaje desde el agua, porque dicho lenguaje solo a ello pertenecía. Los símbolos, las ecuaciones, las variables, las constantes, todo lo que se hiciera en el agua pertenecía al agua.
Un día vio a un pececillo huir de un cazador que apenas alcanzó a rozar sus escamas con sus afilados colmillos. En el acto se dio cuenta de que algunas escamas descendían esparcidas en pequeños remolinos y que variaban de color. Esto la hizo mirar hacia arriba y se dijo: ¡Esto me puede servir!
Un tarde entró al gran salón de conferencias y a viva voz se hizo ver:
--¿Saben de dónde viene la luz?
--¡Luisa, otra vez tú con tu teoría!
--¡Vamos, respondan!
--Pues viene desde arriba, del Agua Infinita Impenetrable, ¿De dónde más vendría?
--¡Arriba no hay agua!
--¿Pero qué tontera estás diciendo? Si te oyeran los Peces de la Suprema Corte, te arrestarían.
--Sí --se acercó uno diciendo--, agradece que somos peces científicos de mente abierta.
Un miembro de la Suprema Corte estaba infiltrado entre los asistentes, y al calcular que su institución podría ser ofendida, intervino:
--Señorita, si usted dice que arriba no hay agua, responda entonces ¿A dónde van los peces cuando mueren?
--A dónde van no sé, pero sí sé que al menos salen del agua. Si la luz viniera desde esta agua o de otra más arriba, nuestras escamas serían mucho más oscuras a este nivel de profundidad... La luz no está en el agua.
--¡Blasfemia! --gritó otro pez infiltrado de la Suprema Corte que no pudo aguantarse camuflado. El público se escandalizó.
--¡Por favor, orden en la sala!
--Señorita, ¿Le ha tomado el peso a su afirmación?
--Sí, profesor, y creo que ahora sí estoy en condiciones de poder demostrarla.
--Por favor, explíquese.
--De acuerdo: si la luz está en el agua, es posible construir un transporte que continuamente nos lleve hasta ella, o bien vestirnos a nosotros mismo con un traje especial. Si los materiales están en el agua y la luz también, no habría problemas.
--¡Es algo arriesgado!
Al año, tanto las instituciones científicas como las morales legitimaron la proposición de Luisa, y concedieron al cabo la autorización para financiar el proyecto.
Cinco años después una comisión de veinticinco peces y otras especies acuáticas curiosas partió rumbo a la luz, algunos dentro de sofisticadas naves, otros en espectaculares trajes, dotados de cuatro aletas angostas y articuladas que servirían (según los estudios) para levantar el volumen del cuerpo de los peces, de este modo a través de la generación de sombra comprobarían la existencia de luz ("demostración por contraste", la llamaban los peces de la Academia).
Si los peces volvían, traerían pruebas y cambiaría para siempre la Historia de la Picisidad, en caso contrario, Luisa sería encerrada en un manicomio y la historia seguiría su corriente.

II

Eduardo, el sapo, sabía que el pantano habitado no era infinito, mas no podía demostrarlo científicamente a los demás sapos...




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