25.8.08

Fuga centrífuga


Tuvo miedo al principio, al desprenderse de la música, al entrar en el silencio. Una vez consciente de su plenitud, de la ausencia total de sonido (al menos lo que dependiera de sus oídos), asimiló la calma; y el silencio se fue haciendo lejano, distante, irregular y entrecortado, hasta que fue desprendido. Tuvo miedo, entonces, porque se había acostumbrado al silencio, así como antes a la música. Comenzó a sentir su propia respiración. Pero tuvo miedo, de su propia respiración tuvo miedo, porque le pareció ajena: no podía predecir el aliento precedente, sin embargo podía sentir cómo sus pulmones se hinchaban, y luego el pecho, y luego cómo la piel del pecho levemente se extendía; y después todo volvía a empezar, repasando por todas las etapas de la expansión pero en contracción. Una y otra vez, el aire entraba y salía de su cuerpo; al entrar lo expandía y al salir lo contraía. Una vez consciente de su plenitud, del ritmo implícito, del juego entre su cuerpo y el aire, asimiló la calma; y la respiración se fue haciendo lejana, distante, irregular, entrecortada, hasta que fue desprendida. Tuvo miedo, entonces, porque se había acostumbrado a la respiración, así como antes a la música y antes al silencio. Comenzó a sentir algo que estaba más allá de su cuerpo, hacia dentro sí, pero ajeno a su cuerpo. Tenía miedo, quizá más que antes, porque se había desprendido de la respiración, y eso en sus conocimientos previos era igual a la muerte. Pero, si era la muerte, ¿Cómo era posible que la memoria continuara en una vía de desprendimientos?¿Por qué, si eso era la muerte, sentía que su reflejo se proyectaba en alguna parte? ¿Por qué aún sentía?... Le fue imposible calcular el tiempo que hubo mientras estuvo cuestionándose, cuestionando aquello que tenía que ver con su persona y con su cuerpo y con su aire y con todo lo que fuese suyo y que a la vez, en cuestión, no lo era. Sentía su cuerpo como si este se hubiera transformado en una botella de Klein, sentía su conciencia en ello como si fuera un agujero, algo meramente para representarla... A medida que se hacía preguntas e imaginaba y hacía representaciones, perdía el miedo. Comenzó a sentir otras respiraciones, no una sino muchas, que formaban todas un concierto de respiraciones; algunas más prolongadas otras más breves, unas más lentas otras más aceleradas, sin embargo todas en un solo caudal. Al darse cuenta de ello, se alegró y puso su fuerza en alcanzar todas las respiraciones con todos sus sentidos; sabía que le era imposible, pero solo el intento lo regocijaba. Comenzó entonces a saber el concierto de respiraciones. Pudo luego percibir el silencio único formado por todas las respiraciones, desde el instante en que todas se sumaron en un solo acorde. Y se regocijó. Inmediatamente después pudo percibir la música, cuando un acorde se convirtió en otro y este en otro y este en otro, como si estuvieran formando un compás pero sin cierre. Y se regocijó...

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Foto: Ethan Hein