23.9.08

Aprecio de la forma de un viaje anticuadamente vertical

Si te alejas del mar, por un cerro hacia su cumbre, te acercas a un silencio. A mayor altura, mayor silencio. Cerca del mar rondan los sonidos de los hombres, de sus ciudades y de sus artefactos; rondan incluso los ruidos, el egoísmo. El sonido comienza desde las olas, el gesto incesante del mar entre las rocas y a través del arena. El niño dice que el mar enreda sus dedos en los dedos del arena. Una especie de amor --dice la madre-- imposible. Mucho más adentro, el corazón del planeta vibra y sus ramas de energía se sacuden hacia el Espacio, más allá de los satélites de televisión. Hay sonido en el fondo. Centro es con sonido, periferia es con silencio. Pero es una periferia hacia lo alto. Y aquí viene el problema, y es que lo "alto" es una propiedad, sino una adjudicación, tridimensional. La alineación de nuestros ojos con respecto a nuestra vertical admiten un arriba y un abajo. También nuestra ubicación sobre la superficie de esta esfera influye en la afirmación: arriba (cielo) y abajo (tierra/mar). Pero esa es una afirmación anticuada del espacio. Demasiado anticuada como para hablar de la fotografía de una estrella a 100, 200 años luz, Quién sabe! Digamos de una vez: arriba no está el sol, arriba no está el cielo. Ni arriba ni abajo son objetivos, salvo que nuestras cabezas sean el centro del universo. Lo cierto es que hacia el mar hallamos sonido y hacia el cielo hallamos silencio. Ahora, curiosamente ir hacia el silencio implica una reducción de superficie para pisar (¡Y menos oxígeno también!). Estamos hablando de espacio natural. Quedan fuera los edificios racionales. Digamos que una cumbre ideal sería un punto. Entonces el mar --pensamos en el sonido-- es la máxima extensión y al frente --digamos así, ya que no nos regimos por convenciones anticuadas-- tenemos la cumbre --pensamos en el silencio--, con la mínima extensión. Consideremos ahora que una menor superficie de suelo implica menos habitantes sobre ella; en este sentido en la cumbre-silencio hay espacio máximo para un hombre. Tenemos una suerte de correspondencia entre silencio, alejamiento de la tierra y unicidad (que no soledad). Esto sigue siendo tridimensional, de todos modos, pero más bien como los gases, o sea: tenemos el mar cerca de la tierra, una masa gigantesca de agua; esta misma agua para ir a la cumbre se "aliviana", se aleja como vapor, se parte, deja de ser masa de agua, deja de ser sonido de ola y se convierte en silencio de nube. Pues bien el hombre cuando accede a una cumbre se aleja de su ciudad y se acerca a sí mismo, tanto que oye los latidos de su propio corazón, rodeado de silencio; pareciera que hasta el mínimo movimiento de sus cabellos interrumpieran el silencio. Y claro, como no, si sus cabellos juegan sobre su cabeza.
A lo lejos, se siente la vibración de la tierra: una especie de recuerdo, como el mismo juego de la música y Mnemósine...



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Foto abajo: kangotraveler
Foto arriba: dawnzy58