28.10.08

La orientación

Muy temprano llegamos desde el levante, sobre ruedas, introducidos a lo largo de un predio cercado, con algunos arbustos silvestres y de vegetación generalmente baja. Recuerdo la altura de la vegetación más o menos: de medio cuerpo aproximadamente, pues vimos de vez en cuando algunos monjes con túnicas negras inclinados orando hacia el este. Algunos estaban de a dos, otros solos, algunos estaban acompañados de personas sin hábito, como en retiro.
Luego de recorrer este largo, que parecía ser el patio trasero de la gran propiedad, llegamos al edificio: una nave inmensa con capacidad, yo diría, para unas mil personas como mínimo. El ábside estaba extrañamante en sentido norte, y la nave principal se extendía hacia el sur sin naves transversales como era de costumbre. Había cuatro corridas de asientos: dos que estaban pegadas a las paredes y dos juntas al centro, de modo que quedaban dos pasillos entre ellos a todo lo largo de la nave. Entramos por la puerta que daba al patio largo trasero, por donde veníamos, ubicada en mitad de la nave, aproximadamente, y nos situamos al final. Había mucha gente, pero no quedaría ninguna de pie cuando correspondiera estar sentado.
Después de establecidos, una señorita, con aspecto de guía turística, se asomó desde el altar y dijo por altavoz que debíamos conseguir (supuse que para la próxima ocasión) una tela x (que no alcancé a oir con seguridad el nombre), para poner como alfombra; dio sus dimensiones (que tampoco recuerdo). Al terminar se retiró; entró un cura y empezó la misa.
Acabada la misa, el cura pidió que se levantaran "los siguientes". Entonces nos paramos, nos ubicamos hombro con hombro en el pasillo poniente y mirando hacia oriente esperamos la señal...
"Allah Hu Akbar"... y oramos entonces nosotros.




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