13.10.08

Ventanilla de tren por la noche

Alguien pudo confundir una bandada de pelícanos con objetos voladores no identificados, pero lo que alguien no pudo confundir fue un racimo de luces dispersas rayando el vidrio del vagón. Sodio, ojos anaranjados desparramándose sobre las casas. La muchacha de abrigo verde sostiene su delicada vertical con un brazo, paralelo a una costura que remata en flor alrededor de su muñeca pálida. Su cabellera mansa trasciende sobre la velocidad de los árboles; su transparencia huele a primavera y es capaz de cerrar cualquier impar de ojos. Alguien pudo seguirla de cerca.
Con gracia se mecen las luces de los postes sobre su cabeza. Desconocemos su nombre, se nos extravía en la compuerta.
Alguien pudo alcanzarla y decirle: "¡Señorita, no olvide su corona!", y a la altura de sus labios morderle la sombra.


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