5.12.08

Casting para un ídolo

Usted está convencido de que cree en la ciencia. Pero lo que menos hace es cuestionar y verificar afirmaciones provenientes de sus populares eruditos, sabiondos y expertos. No es que ponga en duda la calidad intelectual de sus referencias, lo que pondría en duda --si fuera tal el caso-- sería la exposición de sus razonamientos y los efectos en usted.
Usted dice que cree en la ciencia, pero sus argumentos no superan la teoría. Como buen creyente de ciencia sabrá que entre teoría y demostración hay un centenar de hoyos negros (por poner un ejemplo que le resulte familiar). Entonces de qué realidad me habla, de qué mundo concreto me habla, de cuántos quarks estamos hablando.
Usted pretender demostrar la inexistencia de lo que, según sus convicciones, no existe. Pruebe primero que usted existe, sin recurrir a fotografías y por un periodo de doscientos años como mínimo. Empiece por demostrar --así como ejercicio-- porqué un dedo no puede apuntarse a sí mismo. Como buen creyente de ciencia sabrá, y conocerá, que un ejemplo no es una demostración. Siga ejercitando.
Usted ha limitado su conocimiento a titulares y, como dispone de buena memoria, los ha concatenado de manera tal que parecen un solo discurso de implicancias. Pero como buen creyente sabe, conoce, que la apariencia no es suficiente y necesaria. Le propongo otro ejercicio: confeccione un discurso con todas las imágenes que no ve cuando pestañea.
Usted cree en su creencia en la ciencia, cree en usted mismo. Pero usted deja de ser el mismo cada instante. Incluso cuando se mira al espejo usted ve la apariencia de su pasado que ha dejado de ser, pues el ojo tarda su tiempo en llegar a su propio reflejo.
Si esto le parece una afirmación, verifíquela. Si esto le sabe a verdad, indague en su demostración, tal como lo hace con el resto de sus confianzas. Si me cree sin razones, puedo convertirme en un ídolo y suyo; claro que menos placentero como sus otros y como su yo.