10.12.08

De poesía y humor

No sé en qué irá el tratamiento de la poesía en cada partición del mundo. Me limito a mi horizonte y a un segmento de él, en particular. Una pregunta que surge con la prontitud de la tecla enter y sin ahondar con exactitud barroca.
Me pregunto de qué manera el aprecio por la poesía ha perdido popularidad frente a la insulsa mazamorra de programas televisivos, a toda esa superficialidad que orgullosa refriega en el gusto su miseria, sin asumir obligadamente que uno signifique el extremo opuesto del otro bajo el acostumbrado método de las comparaciones lineales. Y lo primero que me surge como respuesta es la falta de humor. Pues que a la poesía le falta humor. Tanta gravedad en clave academicista sesga la propiedad para con la poesía de todo acontecimiento humano hacia una parcialidad de índole intelectual, separándola de su naturaleza originaria, de su brutalidad fecundadora. El poeta, responsable de su poesía, pareciera estar rodeado de una escenografía que
él mismo ha montado(con su cofradía) a partir de elementos que ha escindido de su acontecer como habitante social. No ha bajado del Olimpo, ha bajado de su Olimpo; o más bien lo ha bajado a la Tierra, ¡y no!--corrijo--, sino que lo ha bajado a su Tierra. Nos es común, en cuanto a personas "sin poesía" y poetas (por distinguir de alguna manera, aunque resulte odiosa), racionalizar nuestras percepciones de la realidad y construir desde estas particiones una realidad general. Pareciera ser que cuando se desechó la idea de que la Tierra era el centro del Universo se desechó también la idea de que la humanidad era una sola especie, entonces cada hombre se creyó el cuento de que era un centro y el otro (desde un necesaria construcción de un yo) pasó a conformar su entorno. Querámoslo o no, el poeta resulta una especie de otro cuando estamos del lado de los "sin poesía", y bien un centro cuando nos pasamos a su lado. Curiosamente esto daría pie para pensar que muchos de los que se consideran del lado de la poesía son por tanto poetas. Vieramos cuánto poeta colea por aquí y por allá proclamando su propio arte, fundamentando su universalidad desde sus mortales constataciones particulares (por no decir derechamente, egoístas).
Ahora bien este modo de racionalizar no es el que supuestamente conlleva a una construcción, a un Universo, como es el caso cuando comprendemos un fenómeno físico, por ejemplo, como cuando consideramos la velocidad y podemos comprenderla como la distancia dividida en tiempo mediante una ecuación, una relación inserta en inabarcables relaciones más. Esta separación "sin poesía"-"con poesía" más bien destruye una esencial partida del hombre-creador. Decirle a un hombre que no está en él la capacidad de crear es un insulto, es reducirlo a materia. Todo ser humano (y esta es una sentencia de fe más que de empirismo) es creador, dentro de los márgenes de su naturaleza, en más, cognitiva.
La falta de humor podría provenir del hermetismo autoinstaurado en cada segmentación de la comprensión de la realidad. Por un lado los sin poesía atragantados de vanal risotada y por otro los con poesía atragantados de vanal amargura. Dionisio y Apolo antípodas, cada uno estableciendo relaciones entre su ombligo y el perímetro del mundo, perímetro donde al fin y al cabo los seres humanos felices se reúnen.