9.12.08

EL perfil del perfil

Me subí a un colectivo* y me senté atrás, del lado donde te pueden multar si te bajas por ahí. Luego subió una señora y, unos cuantos paraderos más allá, ella: la que hubo sido en mi juventud mi complemento sentimental no autorizado (por la moralidad y las buenas costumbres). Ella no se dio cuenta, a mi suponer, de que a una señora más a su izquierda iba yo, disimulando mi presencia disfrazado de pasajero. Rápidamente me puse a pensar en lo fea que es la ciudad de este lado del auto con el propósito, claro, de no ser advertido por la susodicha; me torcí en mi eje de pasajero sentado hasta poner de perfil el perfil que ya podía bastar para pasar desapercibido.
¡Y pensar que años atrás la vi de frente, cerca bien cerca de los ojos y de la boca, en tres, cuatro dimensiones! Y ahora que ni quiero que me reconozca, ni que me roce con el reojo, ¡Y que ni me salude!
Quizás si sigo forzando mi perfil para no ser visto puede que llegue a esconderme en una verticalísima línea recta... paralela a mi eje de pasajero...

Y me baje cuando ella se baje
Y la siga sin que se dé cuenta
Para ver en qué perfiles anda ella ahora metida.



*En mi país los colectivos son automóviles como los taxis, pero sirven públicamente como los autobuses.
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