30.12.08

Fuegos artificiales


Bajo fuegos artificiales nos abrasamos, juntamos los pechos los corazones sordos entre estampidos. Corazones ebrios aturdidos de tantos días sobrios añejos. El cielo huele a pólvora, huele a algo como felicidad; como a algo parecido a humos de colores. Pólvora marca registrada en la máscara nocturna donde la sonrisa debe mostrarse como carcajada para ser vista: estampido de dientes. Pero no hay maquillaje que se resista a la gravedad de unas cuantas lágrimas. En medio de la ceguera, los abrazos desplazan escenarios ingrávidos y dan altar a esos corazones que incurren en la mayor falta de protocolo dionisíaco: encender una llamita de verdad, aunque cueste la indiferencia de la parafernalia: latir con el prójimo.




[foto: Dominic's pics]