28.1.09

Certeza de errante


Por el cielo cruzaron unas aves rumbo incierto.
¿De dónde vienen? --dijo el otro.
De sus nidos --dijo uno.


[foto: el canijo]

27.1.09

Topofobia del muro (o discurso de Lunín Uba Nuba)

La Gran Muralla China podría ser recordada como una anécdota lunar, que por su tamaño, largo y ancho, puede ser vista a algo así como 400.000 km, supuestamente. Claro que tendríamos que creerles a quienes, antes que nosotros, se han despegado de la superficie terrestre dicha distancia o más. A nuestra parte --terrícolas comunes y silvestres, semi-alados-- podría bastarnos la lección de nuestra recordada profesora de historia: "una construcción alzada alrededor del siglo V antes de Cristo por el imperio chino de turno". Y entonces lo importante no serían ni su ancho ni su largo, sino su alto. Ocho metros más-menos que, según mi profesora, levantaron los chinos para protegerse de los mongoles y los manchúes terrestres.
Estados Unidos, en lo suyo, al 2006 levantó su muro (más bajito y más feíto que el chino) en la frontera con México. Lo suyo: impedir la entrada de inmigrantes (terrestres) ilegales desde sur.
Antes, por allá en Europa, entre 1961 y 1990, más-menos, un muro llamado "de Berlín" separó en dos (o más bien en tres: Todesstreifen en medio) un territorio con un mismo nombre (la separación obligó a denominar políticamente las regiones como occidental y oriental). Cinco metros de alto, digamos, para dar sombra a dos economías y metodologías políticas rivales (cuál de las dos más macabra).
Israel tampoco podía quedarse fuera. Su muro aprobado en 2002, debería extenderse 700 km de sur a norte y su espesor bélico debería estar entre 50 y 100 m de ancho. Los gobernantes israelitas de turno dicen (los medios dicen que estos dicen) que es para proteger a los civiles israelitas de los "terroristas" palestinos. No entraremos en detalle sobre esta problemática, pues a los minutos de escribir este artículo, está en pleno que se hierve (aunque sepamos que los israelitas son los equivocados).

Así, por allá, por acá, las naciones levantan sus muros con la finalidad de protegerse. Curioso. Eso dice, la mayoría: protegerse. Curioso pues son las naciones más poderosas (o más armadas) las que recurren al término de protegerse. Las naciones más débiles, en cambio, quedan afuerita, como a la intemperie; tal el indigente en la ciudad acusado injustamente de ladrón. Tan típico de vecinos. Tan típico que da hasta para turismo. Por un lado la máscara, por el otro la vergüenza.
Quizá tengamos futuro para ver si estas culebras estáticas (las que extienden los gobernantes desalmados de hoy en día) la acepten como atractivo turístico nuestros hijos y nietos, cual caso del armatoste chino o de las migas del muro berlinés; o bien como pasajero documento de violaciones de Derechos Humanos, apilado, lleno de polvo, en algún archivador, en alguna bodega de la ONU, como un dato más de internet.

Desde la luna, la historia se escribe de otro modo. Más esférica. Todos los muros parecen cicatrices, y no se ven sus causas. Esto algo nos debe decir. Que algo nos sirva de moraleja.


[Discurso de Lunín Uba Nuba en el Congreso Contra la Privatización de la Luna, Región de Hencke, 14 febrero de 2087, día de los enamorados]


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23.1.09

Poeta en Facebook

Puse Diego Maquieira en Google para ver si algo había sobre Upsilon y me encuentro con que Diego Maquieira aparece al lado de Facebook, o sea una cuenta de don Diego en Facebook. Poesía en red social --pensé. Así que hice clic y apareció una foto, como de él, sentado, rockstar style (tan como de suyo), sepia, tipo sepia. Bajo leyendo (como se va por estas cosas de la vida) y resulta que la cuenta no es de Diego Maquieira; digamos de su persona, de la que escribió Upsilon, el poeta, el hombre que escribe.
Así me voy dando cuenta de cuantos nombres centellean en internet junto a fotografías de ojos abiertos como en vivo de otro vivo. Nombres en cero a la espera de un clic, para luego asomarse y titular poemas en verdana que irritan los ojos.
Por la tierra andarán pues carne y hueso me imagino los poetas con Facebook, en puntillas, soplando suavecito las nucas como fantasmas.

22.1.09

Quédate conmigo

Afuera el mundo se nos presenta hostil, violento. Los medios nos aconsejan que es mejor atrincherarnos en nuestros cubos, mirar apenas por las ventanas, levantar muros y alambrados contra las armas y el odio. La paz entonces es una resultante, un bien frágil que el miedo mantiene aislado en cuclillas. Miedos y medios: una sutil transposición de vocales.
Pero no es más que una debilidad de nuestro individualismo, de incapacidad para con el mundo.
Es tiempo de empezar a salir a las calles y llenarlas de paz, tejerla nuevamente de modo que abrigue nuestras ciudades, nuestros continentes, nuestros cielos y nuestros mares. Reducir el odio a su mínima expresión. Ponerle oído al otro, que canta también su paz desde otra trinchera en el mundo.


Playing For Change: Song Around the World | Stand By Me from Concord Music Group on Vimeo.

[Fuente vídeo: http://www.playingforchange.com/]

15.1.09

Taller de posesía

El poeta estaba sentado al frente, cual profesor. Nosotros acá, callados, alumnos. El poeta dijo --iniciativa de homo ludens-- que cambiáramos de puesto: él se sentaría donde estamos nosotros, y nosotros nos ubicaríamos adelante, en la tarima, donde él. Nos cambiamos y recitamos un poema suyo. Fue como teatro.

14.1.09

El cuerpo de Javiera

Me he despertado con la clara convicción de que la consistencia del mundo actual se nutre de fanatismos. La dificultad de adaptarse, por lo tanto, consiste en no comprender del todo, como el fanático mismo, la idea última que corona el hilo invisible de los sucesos. El fanatismo no tiene valor moral, en principio. El fanático es quien le atribuye (por mera énfasis de su fe) su condición. En este sentido cualquier artificio puede convertirse en un fanatismo, en un exceso. El fin, necesariamente materializado, es el que determinará su valor moral. Por ejemplo, Javiera, a mi lado, está durmiendo. Si yo creyera que Javiera debiera dormir para siempre, podría hacer que ocurra. Que duerma para siempre puede entenderse como un exceso. Todo dependería de si me llego a convencer... si mi fe en el sueño prolongado de Javiera me convence lo suficiente como para movilizar mi cuerpo y hacerlo realidad. El cuerpo mismo de Javiera sería entonces el artificio. El alma de Javiera sería el testigo que evalúa el sentido de moralidad del exceso. Porque la separación del alma de Javiera y del cuerpo de Javiera sería el quiebre del sueño prolongado de Javiera. El fanatismo no permite pruebas preliminares, experimentos, puesto que todo acto motivado por la fe se supone real y verdadero. No hay lugar a ficciones. Javiera ahora duerme a mi lado, porque yo estoy convencido de que ella duerme. Lo opuesto a dormir es estar despierta. Y ella no está despierta. Nada más real y verdadero que eso. El cuerpo de Javiera es un acto de fe. El cuerpo no se moverá hasta que el alma vuelva a él. El Alma de Javiera es el agente que permite establecer el valor moral. Es el alma de Javiera la que hace comprender la muerte como un equivoco ontológico, un acierto de mi realidad materializada; realidad por cuanto moral.
Dada la separación del alma del cuerpo, es dificil hablar de Javiera, como una persona. Mas si ella estuviera despierta (condición necesaria y suficiente para que el cuerpo y el alma se fusionen) sabría que la amo. Que la amé. Y que la amaré.



[Extracto del Cuaderno de Investigaciones Metafísicas de N. Robles (1967-2007), 5-ene-1989]


6.1.09

Minuto de fama


Un hombre triste entra a su casa para mitigar su tristeza, que, de izquierda a derecha, ya circula en sus calles. Se dirige al lavamanos, lava su cara y se mira al espejo durante un minuto: en sus ojos el reflejo de la ventana: la tristeza saludando de derecha a izquierda. El hombre triste entra en su propia humanidad en busca de su eje de fuga.

Un hombre triste en su casa se sienta, enciende el televisor para olvidarse en tristezas intencionalmente ajenas. Ve un país triste con música ambiental triste, con personas tristes que corren por calles sin final adentro de ese limitado rectángulo, también triste también propio. Se para de su sillón, se dirige al lavamanos, lava su cara y se mira al espejo durante un minuto: en sus ojos el reflejo de su televisor: la tristeza saludando, plena en su simetría.

El hombre más triste del planeta ve a los hombres tristes lejos del mundo. Se pregunta por qué son tan tristes, por qué tanta tristeza pesa sobre sus hombros, sobre sus armas y sus atesoradas tristezas. Se pregunta por un minuto mientras envejece.

El hombre más triste del planeta espera su turno en un rincón de su tristeza, para que las cámaras de televisión vengan a sus calles, a su casa, a su espejo; para mostrarle al mundo, lo triste que puede llegar a ser sentirse feliz por un minuto
mientras se envejece
mientras se asemeja
mientras se fuga.


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[foto: neoprolog]