14.1.09

El cuerpo de Javiera

Me he despertado con la clara convicción de que la consistencia del mundo actual se nutre de fanatismos. La dificultad de adaptarse, por lo tanto, consiste en no comprender del todo, como el fanático mismo, la idea última que corona el hilo invisible de los sucesos. El fanatismo no tiene valor moral, en principio. El fanático es quien le atribuye (por mera énfasis de su fe) su condición. En este sentido cualquier artificio puede convertirse en un fanatismo, en un exceso. El fin, necesariamente materializado, es el que determinará su valor moral. Por ejemplo, Javiera, a mi lado, está durmiendo. Si yo creyera que Javiera debiera dormir para siempre, podría hacer que ocurra. Que duerma para siempre puede entenderse como un exceso. Todo dependería de si me llego a convencer... si mi fe en el sueño prolongado de Javiera me convence lo suficiente como para movilizar mi cuerpo y hacerlo realidad. El cuerpo mismo de Javiera sería entonces el artificio. El alma de Javiera sería el testigo que evalúa el sentido de moralidad del exceso. Porque la separación del alma de Javiera y del cuerpo de Javiera sería el quiebre del sueño prolongado de Javiera. El fanatismo no permite pruebas preliminares, experimentos, puesto que todo acto motivado por la fe se supone real y verdadero. No hay lugar a ficciones. Javiera ahora duerme a mi lado, porque yo estoy convencido de que ella duerme. Lo opuesto a dormir es estar despierta. Y ella no está despierta. Nada más real y verdadero que eso. El cuerpo de Javiera es un acto de fe. El cuerpo no se moverá hasta que el alma vuelva a él. El Alma de Javiera es el agente que permite establecer el valor moral. Es el alma de Javiera la que hace comprender la muerte como un equivoco ontológico, un acierto de mi realidad materializada; realidad por cuanto moral.
Dada la separación del alma del cuerpo, es dificil hablar de Javiera, como una persona. Mas si ella estuviera despierta (condición necesaria y suficiente para que el cuerpo y el alma se fusionen) sabría que la amo. Que la amé. Y que la amaré.



[Extracto del Cuaderno de Investigaciones Metafísicas de N. Robles (1967-2007), 5-ene-1989]