27.1.09

Topofobia del muro (o discurso de Lunín Uba Nuba)

La Gran Muralla China podría ser recordada como una anécdota lunar, que por su tamaño, largo y ancho, puede ser vista a algo así como 400.000 km, supuestamente. Claro que tendríamos que creerles a quienes, antes que nosotros, se han despegado de la superficie terrestre dicha distancia o más. A nuestra parte --terrícolas comunes y silvestres, semi-alados-- podría bastarnos la lección de nuestra recordada profesora de historia: "una construcción alzada alrededor del siglo V antes de Cristo por el imperio chino de turno". Y entonces lo importante no serían ni su ancho ni su largo, sino su alto. Ocho metros más-menos que, según mi profesora, levantaron los chinos para protegerse de los mongoles y los manchúes terrestres.
Estados Unidos, en lo suyo, al 2006 levantó su muro (más bajito y más feíto que el chino) en la frontera con México. Lo suyo: impedir la entrada de inmigrantes (terrestres) ilegales desde sur.
Antes, por allá en Europa, entre 1961 y 1990, más-menos, un muro llamado "de Berlín" separó en dos (o más bien en tres: Todesstreifen en medio) un territorio con un mismo nombre (la separación obligó a denominar políticamente las regiones como occidental y oriental). Cinco metros de alto, digamos, para dar sombra a dos economías y metodologías políticas rivales (cuál de las dos más macabra).
Israel tampoco podía quedarse fuera. Su muro aprobado en 2002, debería extenderse 700 km de sur a norte y su espesor bélico debería estar entre 50 y 100 m de ancho. Los gobernantes israelitas de turno dicen (los medios dicen que estos dicen) que es para proteger a los civiles israelitas de los "terroristas" palestinos. No entraremos en detalle sobre esta problemática, pues a los minutos de escribir este artículo, está en pleno que se hierve (aunque sepamos que los israelitas son los equivocados).

Así, por allá, por acá, las naciones levantan sus muros con la finalidad de protegerse. Curioso. Eso dice, la mayoría: protegerse. Curioso pues son las naciones más poderosas (o más armadas) las que recurren al término de protegerse. Las naciones más débiles, en cambio, quedan afuerita, como a la intemperie; tal el indigente en la ciudad acusado injustamente de ladrón. Tan típico de vecinos. Tan típico que da hasta para turismo. Por un lado la máscara, por el otro la vergüenza.
Quizá tengamos futuro para ver si estas culebras estáticas (las que extienden los gobernantes desalmados de hoy en día) la acepten como atractivo turístico nuestros hijos y nietos, cual caso del armatoste chino o de las migas del muro berlinés; o bien como pasajero documento de violaciones de Derechos Humanos, apilado, lleno de polvo, en algún archivador, en alguna bodega de la ONU, como un dato más de internet.

Desde la luna, la historia se escribe de otro modo. Más esférica. Todos los muros parecen cicatrices, y no se ven sus causas. Esto algo nos debe decir. Que algo nos sirva de moraleja.


[Discurso de Lunín Uba Nuba en el Congreso Contra la Privatización de la Luna, Región de Hencke, 14 febrero de 2087, día de los enamorados]


-