6.1.09

Minuto de fama


Un hombre triste entra a su casa para mitigar su tristeza, que, de izquierda a derecha, ya circula en sus calles. Se dirige al lavamanos, lava su cara y se mira al espejo durante un minuto: en sus ojos el reflejo de la ventana: la tristeza saludando de derecha a izquierda. El hombre triste entra en su propia humanidad en busca de su eje de fuga.

Un hombre triste en su casa se sienta, enciende el televisor para olvidarse en tristezas intencionalmente ajenas. Ve un país triste con música ambiental triste, con personas tristes que corren por calles sin final adentro de ese limitado rectángulo, también triste también propio. Se para de su sillón, se dirige al lavamanos, lava su cara y se mira al espejo durante un minuto: en sus ojos el reflejo de su televisor: la tristeza saludando, plena en su simetría.

El hombre más triste del planeta ve a los hombres tristes lejos del mundo. Se pregunta por qué son tan tristes, por qué tanta tristeza pesa sobre sus hombros, sobre sus armas y sus atesoradas tristezas. Se pregunta por un minuto mientras envejece.

El hombre más triste del planeta espera su turno en un rincón de su tristeza, para que las cámaras de televisión vengan a sus calles, a su casa, a su espejo; para mostrarle al mundo, lo triste que puede llegar a ser sentirse feliz por un minuto
mientras se envejece
mientras se asemeja
mientras se fuga.


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[foto: neoprolog]