10.5.09

Galaxias en las raíces de tus cabellos


I.

Una piedra arrojada a la fuente; luego se hunde; al atravesar la superficie del agua, las ondas se abren y cesan progresivamente. ¿Y qué fue lo último en tus ojos? ¿la piedra o las ondas, su gesto?
El nombre inseparable de la materia no es otra cosa que la manera soportable de suceder. El vacío, simplemente nombrado vacío, lo que nos supera, nos absorbe, nos contiene, nos disuelve. Estoy arrojando piedras, una tras otra, en la fuente, tratando que todas caigan en la misma huella, letra tras letra sobre el blanco de la página. Y acaso si aparece el gesto: una palabra zarpando a una memoria.

II.

El vacío es lo difícil cuando se lo busca, porque se lo busca como cosa, como nombre, como meta que siempre delata la materia en su finitud. Pero no. Se trata de lo otro, del complemento (diríamos en teoría de conjuntos), de lo innumerable e inmedible, sin aristas, sin ángulos. ¿Ves cómo los niños se excitan cuando los llevas de paseo a una escena natural, en contacto con el planeta desnudo? La alegría que se derrama de sus rostros evidencia una cierta complicidad, una especie de retorno, como si les fuera familiar, como si ya lo conocieran; el Recuerdo. Y lo innombrable sacude cualquier expectativa. No se trata de árboles o arreboles sobre las montañas, ni de azul entre la espuma ni de tierra húmeda detrás de los pechos. El recuerdo tan solo de estar vinculado desde los átomos transforma al cuerpo en gesto.

III.

Pero pareciera que la piedra fuera tan solo el volumen, aquello en la fuente que se ofusca mientras se sumerge; aquello tal que si toco, mi cerebro reacciona y responde: "es una piedra". Y las ondas, aparte, tan solo una resultante, el efecto como ajeno. Pero la materia, conclusa, conjunto de adherencia, como autonomía volumétrica, es la levedad de la mirada, es la incapacidad inherente de testimoniar plenamente la realidad. ¡Cuán lejos están los átomos de nuestro universo nombrable! ¡Más allá, quién sabe, galaxias en las raíces de tus cabellos!

IV.

Una anticuada civilización se vanagloria de sus logros a partir de cuánta materia ha nombrado, ordenado. Ninguna edificación es la más grande para quien se sabe habitante del Universo; del mismo modo, a otra escala, ninguna criatura animal le es insignificante solo porque sus ojos no lo perciben. Cada volumen inmenso, cada volumen diminuto, es un gesto que puede ser encerrado en un nombre, pero la aventura de nombrar no trasciende los tamaños.

V.

El afán de conservar los bienes naturales no satisfará idearios materialistas, pues la materia es reducción de nuestra ya limitada capacidad de comprensión y los bienes naturales responden a actos mayores. La forma de un animal no responde a su lleno como integrante numerable de la fauna. El Universo se expande, se transforma, surgen nuevas especies, nuevos gestos que articulan su inquieto discurso. Vida a sus anchas. Ejemplo a la mano: ¿habrás sabido que existieron alguna vez zoológicos?; sí, los hubo. El pájaro en la jaula deja de ser pájaro. La piedra en la fuente deja de ser piedra sin sus ondas.

VI.

La lluvia es una fiesta. El agua no cae, nos atraviesa. Las nubes tan arriba, el mar tan abajo. Y entonces nos toca aquello tan distante. Gotas viajeras, pasan sin saludar porque ya nos conocen.
Y nuestro organismo, carne y paciencia, tan agua, tan cerca, tan viajero.

VII.

Ojo con los Gestos.



[foto: HAMED MASOUMI]

1.5.09

Improvisación para una auxiliar de aseo



O que va en la próxima estación
Donde otros se sientan a esperar
Y ya no suena el tren como ido.




[foto: Comunidad Viabinaria; música: "Improvisación para una auxiliar de aseo" - Panchez]