21.1.10

El obrero y las hormigas


Cada vez que llegaba a ocupar la mesa de su taller la encontraba llena de hormigas; lo que hacía suponer que cada día anterior alguien, descuidadamente, comía en ella y dejaba migas antes de marcharse.
Matar animales siempre le hubo sido prohibido, salvo que de ellos debiera servirse humildemente para vivir. "Un elefante --sabía-- encierra tanta complejidad como un mosquito, mi tamaño no es superior a sus vidas".
La mesa, sin embargo, era su espacio de trabajo; en ella colocaba sus herramientas y pulía sus obras. "Llena de hormigas --pensaba-- me es imposible trabajar correctamente; pero tampoco puedo correrlas, pues podría darles muerte".
Con paciencia, entonces, aprendió a ubicar sus herramientas en los espacios sin hormigas. Con paciencia, luego, apoyaba los materiales y suavemente los volteaba hasta hacerlos coincidir con las áreas despejadas. Con el tiempo aprendió a hacerlo más rápido e incluso, ya cuando llegaba el momento de pulir sus obras, hasta podía dirigir el polvo logrando que ni siquiera una astilla cayera sobre una hormiga.
Fue así como el obrero aprendió a compartir su mesa junto a las hormigas.
Fue así como sus obras adquirieron los finos y más complejos detalles.


[foto: jurvetson]