19.4.10

45 grados de esquinas y dilo


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¿Sabes para qué son estos nudillos?-- me dijo la anciana al lado, sentada. No --le respondí. Para acordarme de cuando tejía. --¿A crochet?. --¿Se nota? --No sé, lo decía porque los tejidos a crochet son bonitos; hay que acordarse de las cosas bonitas primero, ¿No? --Sí, cierto, y al último también, para sacar la vista de los nudillos y seguir adelante con el resto de las manos.

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Va sentada al frente y le sonríe a las rayas rápidas del paisaje. A mi lado, la mitad de un muchacho sonríe, su otra mitad es un misterio panorámico. Le dice en silencio que podría invitarla a conocer los nombres de las cosas que sobreviven a las noches. Ella entiende lo contrario: la belleza está en la piel, como dicen las tontas de la tele; cree en el rojo de sus labios, no en sus labios. Él le dice que viajar no es para siempre, menos con los rostros evasivos. Si fuera la vida --ella frunce el ceño-- esta efímera experiencia, renunciaría a mi belleza. La ventanilla es rectangular. Rectangular y profunda.

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Torcido un paraguas mira la lluvia en el pavimento: --"Así que de eso se trataba después de todo".

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Los niños hasta que aprenden a jugar con sus propias sombras; levantan un pie, zapatean de espalda al sol y ríen. La mamá y la otra mamá, lelas, hacen morisquetas y cuentan anécdotas sobre pañales. Un papá grita por los ojos con la boca tapada, el otro papá mira a la otra mamá con cara de huérfano. Todos desaparecen, menos los pañales. Las sombras hasta que aprenden a jugar con sus propios niños; bajan un pie, sombrean de guata al sol y ríen. Con el tiempo los niños se llenan de pelos e ideas oscuras (quizá por la sombra de los pelos).

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Ella frente al espejo espera que la imagen le diga cómo se hacen las cosas en el mundo real. A su vez la imagen del espejo espera que la imagen real le diga cómo se hacen las cosas en el mundo imaginario del espejo, que si bien parece imaginario, las simetrías conjuntan razón suficiente para reclamar autoridad del realismo implicado. Sin poder establecer una partida justa, quién deja de esperar primero, a suerte de dados o cortesía imaginaria manifestada, ambas imágenes envejecen sin anuncio. Las espaldas mutuamente bloquean las certezas.

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¡La ropa ya está seca!¡La ropa ya está seca!¡Dile a Superman que la capa ya está seca, como las hojas en otoño estampadas en el parque con chicle colegial. Superman, já, ¡Las pinzas!





[foto: 1Happysnapper (photography)]