12.7.10

Del arte sin origen


Esa especie de arte que no es arte, porque arte es una palabra antigua, anterior al signo, al espacio; propio del tiempo, de lo inicial, del aire; el signo, el espacio, es posterior, para la palabra, en particular para la palabra arte, esa que no es la especie de arte sino el arte en plenitud, como el mismísimo Big Bang. No sabemos cómo fue ese primer estallido, pero lo sospechamos, lo recordamos por dentro. Algo que recorre nuestra naturaleza nos da pistas de aquella ruptura inicial, por eso lo intuimos, navega en la sangre, en nuestro calcio. El arte, por tanto, de la mano con la creación inicial, con el cero que abrió sumas y gases, no prospera en iniciativas burdas de los egoismos, enfermedad contemporánea. No habrá arte mientras el artista no vuelva a esa memoria común inicial. No hay arte sino guarda relación con esta primera abertura, la que sospechamos, la creación fundadora. Los soliloquios materialistas rápidamente se esfuman, porque la materia es posterior, lo anterior es la explosión a la cual todos los elementos, los visibles y los invisibles, están conectados, es una memoria, y no especie de memoria (que sería propio de la especie de arte que no tiene origen), memoria profunda, tal cual como aquello que navega en la sangre y huye de nombres, de codificación. Cuando el arte ilumina la materia, prescinde de la palabra muerta, la palabra-consecuencia, la palabra-material, y viene a la memoria un destello del primer estallido, y otro, cualquiera, otro ser humano, lejos, que aprecia aquello que porta arte, fulminantemente también conecta con aquel primer estallido, y ambos están conectados por esta memoria común que ocurre en el origen mismo de todas las cosas y de todos los átomos y de todos los electrones. Es el origen siempre presente que en cada verdadera obra se revela para dar cuenta de la unidad, de que toda novedad es un recuerdo de la creación-una a la cual toda pequeña creación pertenece, un árbol de estallidos que rememoran la raíz. Y tiene que ver con la verdad. El arte (y no la especie de arte), ante todo, es verdad pura.




[foto: NASA Goddard Photo and Video]