27.11.10

Nos amamos como resonancias


Abrir las puertas en el sentido de las agujas del reloj.
La soledad evitada porque garantiza silencio
tiempo vivo para uno,
ese uno detrás del nombre más íntimo.
Hablar con un indigente
de las cosas que no nos pasan. Esta vida
de ciudad tan aislada después de todo.
Las cornisas nunca antes estuvieron
tan libres de palomas.
La arruga se asoma hacia adentro, y su longitud pinta a nocturno.
Tus audífonos quieren tocarse, pero obstaculiza tu cabeza.
Una banda sonora para cada individuo evasor de su propio silencio.
¿Y dónde se acumulan todos esos silencio ignorados?
Detrás de las miradas planas.
Seres gráficos, sin sombras, sin arrugas.
Cabellos de colores para decir estoy
vivo en este gris, tanto como las flores
de los cementerios.
Los colores de las frutas desaparecen en las bocas.
Nos amamos como resonancias,
te acopio a mis nostalgias.
Las carreteras dividen los barrios, los conductores veloces
cercenan pichangas y se deslizan como horizontes truncos las cabezas
de los niños sin juego,
con humo,
con miseria ruidosa,
sin juego.
Los audífonos quieren tocarse, anularse en un único silencio,
tiempo vivo para uno, sin cabeza,
pero la ciudad no los deja.
Nos amamos la piel como resonancias,
cuando es tibia y brota aroma.
Tu olor me invita a tu silencio, la puerta.
Las puertas primero tocan los dedos.





[foto: may the circle remain unbroken]