18.12.10

Arte de alas


Cuando las aves se desplazan por el aire, la mirada se eleva tras ellas para recordarle al corazón cuánto anhela desligar al cuerpo completo de su proyección en la tierra; esa extraña idea de libertad asociada a los volúmenes inconexos, aislados de otros cuerpos. Pero por cierto que esas aves no son independientes de la física transparente que las rodea; ellas están ahí por esfuerzo de sus alas, de sus colas, de sus formas enteras que dialogan con formas irracionales y escurridizas. Son libres porque sus volúmenes están plenamente comprometidos con tal libertad: sus alas reiteran en pliegues y despliegues muchísimas veces, repetición constructiva --de un ritmo--, el torax permanece en un eje de simetría, estable en medio de la repetición musical de las alas; desde el pico a la cola y desde el extremo de un ala hasta el extremo de la otra, cada partícula de hueso, de pluma, forma parte del desprendimiento total que construye el vuelo; ritmo y estabilidad como ejes intersecados que construyen libertad volumétrica; vuelo: decimos sin arte. Vuelo para los ojos, vuelo para el corazón que repite su tímido deseo por salir de ese oscuro volumen carnoso, irregular y estridente dando golpecitos cerca del aire, de los pulmones.


[foto: Antífama]