17.6.11

Las sombras de los peces



Pero el que es del mar no gasta su tiempo en dibujar peces en la arena. Pisa hasta donde lo vertical se complace de su propia sombra y vuelve con los dedos lisos para la sal y el viento. Escasas fueron las lluvias y ya los seres de tierra padecían la fragilidad de oler a materia. Aroma... esa otra penumbra. Materia --reflexionaron-- es lo que dura poco, como la arena, y no el trazo que en el fondo es sombra y pronto bocado del mar sin espuma.
Las olas, pequeña, son todos los dibujos esos que pudieron dar sombra, pero olvidados fueron por ciudades artificiales sin tinta. El sol es testigo y les celebra la fiesta dándoles ropaje de oro y plata: el gran triunfo de las escamas.




[foto: Cyron]

7.2.11

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba


Hubo un tiempo para mirar sobre la curvatura y la transparencia. Mirar la luz extendida y como si perteneciera la forma; tan quieta cada segundo, sin pupilas. Aparecía el sol en cada grano de aire, múltiple; diría el incauto: muchos soles, y tomaría las órbitas el malicioso para distraer a los ciegos. Espuma.
Si nos sentamos sobre el filo de la noche, fue solo para oponernos a lo indefectible, ignorantes, en ausencia de un conocimiento que llenaba los poros. Siempre estuvo ahí.

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba, cuando las estrellas eran gases detrás de las fotografías y las plantas ya dominaban una paciencia sublime. Solo tenemos esta espuma que vuelve una y otra vez en la blonda del mar a reventar los soles de un falso sueño, para empujarnos a la cuenta del sinnúmero de la curvatura y la transparencia, al origen de esa luz que recae en los granos de la arena, a la noche que se lleva todo y nos retira a la partida desde los ojos. La luz te asoma hacia el fondo: la espuma no sonríe mil veces, es tu simetría.







[foto: andres.moreno]

21.1.11

La ilusión de haber alcanzado el sol


Empieza como una broma, probar un poco, la vida parece demasiado evidente: nacer, morir: demasiada ceguera para no ver las ramas. Y pruebas.
Y la broma se extiende hasta los bordes, un fondo de ramas difuso, las risas o espinas, lejanas; a veces te toca elegir. Y eliges.
Suena una musiquilla detrás de la primavera, la televisión dice que ya eres adulto, que tus padres son aburridos, que el amor viene en libros de autoayuda, que Dios es propiedad privada. Y sigues probando con la excusa del arte.
Mientras bajas vas encontrando seres parecidos a ti, pero eso no significa que estás acompañado, y lo sabes: te sirven de peldaños; ellos también buscan la promesa de un sol en el centro de la Tierra. Y escarbas, y la sangre te escarba la carne para salir, nostalgia rojiza. Lejana fue la broma. Excarvan todos solos sus propios infiernos.
Miras, me miras, los ojos diminutos, un refugio húmedo, iríamos a la playa, la piel de gallina, agujeros en el sol, lejos está la nave y el amor. Algún recuerdo queda de ese amor, algo quiere decir la forma del ombligo, las espaldas de las madres.
Sonreíamos en esas fotos, pero no eran nuestras sonrisas, no eran las que se abrían en la infancia; esos dientes son más bien carnívoros, dragones huyendo de meteoritos. Nos confundimos de camino. Era solo una prueba, eso lo dijimos al principo, cuando pensábamos que las bromas se extendían. Ahora duele y hace frío. Es como metálico y está oscuro. Pronto nos quemaremos en el fondo con la ilusión de haber alcanzado el sol.




[foto: Campanero Rumbero]