7.2.11

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba


Hubo un tiempo para mirar sobre la curvatura y la transparencia. Mirar la luz extendida y como si perteneciera la forma; tan quieta cada segundo, sin pupilas. Aparecía el sol en cada grano de aire, múltiple; diría el incauto: muchos soles, y tomaría las órbitas el malicioso para distraer a los ciegos. Espuma.
Si nos sentamos sobre el filo de la noche, fue solo para oponernos a lo indefectible, ignorantes, en ausencia de un conocimiento que llenaba los poros. Siempre estuvo ahí.

Nosotros llegamos cuando la Tierra ya rotaba, cuando las estrellas eran gases detrás de las fotografías y las plantas ya dominaban una paciencia sublime. Solo tenemos esta espuma que vuelve una y otra vez en la blonda del mar a reventar los soles de un falso sueño, para empujarnos a la cuenta del sinnúmero de la curvatura y la transparencia, al origen de esa luz que recae en los granos de la arena, a la noche que se lleva todo y nos retira a la partida desde los ojos. La luz te asoma hacia el fondo: la espuma no sonríe mil veces, es tu simetría.







[foto: andres.moreno]