23.12.15

Como amo los girasoles



I

Girasoles. En todas las esquinas hoy venden girasoles. Por entonces, las mitades del mundo solían ofrecerlos a la otra parte como signo de reconciliación.

II

Arturo Rojas, el poeta. La noche en que lo vi personalmente, me encontraba yo junto a una amiga conversando una cerveza en uno de esos bares porteños. Él entró como entra cualquier comerciante ambulante a los bares a ofrecer sus productos, pero bajo uno de sus brazos, firmes a sus costillas cargaba sus trabajos, libros encuadernados seguramente por él mismo, poemas fotocopiados y tapas de papel marmolado, los que recuerdo. Se acercó a nuestra mesa y me ofreció unos con una breve presentación, para verlos. Los hojeé, otros los leí. Quise regalarle uno a mi amiga, pero preferí ser egoísta. Unos se debían a impresiones más prolijas que otros. Le compré uno, de pocas hojas, suerte de pequeña antología.

Sabía del vate porque años antes compré una antología de poetas porteños en la que Arturo aparecía como editor. Todos poetas jóvenes, de los cuáles algunos han continuado publicando. De otros no tengo idea. Algo en su cara, que aparecía en la contratapa, me llamaba la atención, parecía mirar hacia un punto del horizonte, pero que no pertenecía al horizonte. Sentí más curiosidad dado que no aparecían poemas suyos en aquel libro.

Al tiempo después, años, busqué información suya en internet. Fue cuando me enteré de que se había suicidado. Por inanición. No sé dónde dejé ese libro suyo, recuerdo levemente un poema sobre planetas.

III

Santiago está lleno de polillas, parece un sueño. La película donde llueven ranas. Aquí llueven polillas. Pero ya nos hemos acostumbrado. En semanas las veremos construyendo edificios y levantando parques temáticos, paralelas a nosotros, los humanos, que llegamos en lluvias milenarias.

IV


Te amo, como amo los girasoles, porque me convierto en un cometa que cruza galaxias, y esas flores galácticas me miran y me dicen, me gritan, me cantan “vas por buen camino”. Y pienso atrincherado en mi estela: sepa Dios qué maravilla el color de sus pétalos que entra por mis ojos y endulza mi corazón.

13.12.15

¡Que le corten la cabeza!

Selfies. Rostros sin paisajes, sin fondo. Caras sin profundidad. Te busco entre tantas jpg. Te busco por tu nombre, por el cual acudía a las calles y plazas aquello que entendías por alma. Pero tú no eres ni tu alma ni tu nombre ni tu fotografía. Huyes al más profundo de los fondos que esconde tu pulso. No pidas transparencia desde el fondo del pantano. No te atrevas. Tu rostro inmovilizado, máscara de colores RGB, sonríe eternamente mientras dure el hardware enchufado. Output. Selfies. Rostros sin cuerpo. Sonrisas degolladas de sus bocas. Máscaras planas. Algunas revoluciones habrán comenzado con la guillotina, cortando cabezas a los opositores. Pero tú, querida, eres bienvenida sin tu cuerpo, sin tus movimientos, sin tu olor. La reina roja lo ordenó y el sueño obedeció: ¡Que le corten la cabeza! Y en serie, como automóviles, los rostros sin torso cubrieron la faz del planeta unplugged. Bienvenida eres a la revolución de los ídolos... sin culpa ser amados por lo que no son.





8.12.15

Central Park, zombies y solitariedades



Central Park. Una gran manzana verde, rodeada de falos grises amenazantes, ansiosos por penetrarla, inseminarla, devorarla, rozan con sus chispeantes tentáculos rectangulares su perímetro tembloroso. Así recordaría, la musa, aquella escena en que al centro de la pantalla daría su último grito el último ser humano sobre la faz de la Tierra, rodeado de zombies a punto de morir sin sesos, a punta de brutales mordiscos...

--¿Tú dices que Central Park es una metáfora de ese ser humano solo al medio entre los zombies?

--Sí. De hecho creo que la imagen de los zombies corresponde a los edificios que rodean Central Park... suerte de vidas sin vida propia, organismos que por solo moverse suponemos que tienen vida. Del mismo modo, hemos creído que todo aquello que tiene movimiento es en sí un ser dotado de vida propia. Entonces los automóviles tienen vida, los edificios, los autómatas, los softwares diseñados para acompañar a ancianos, la ciudad entera en definitiva.

--Probablemente se deba al abuso de estimulaciones vídeo-sonoras de los dibujos animados, que desde pequeños nos son embutidas como si las necesitáramos...

--Es que en realidad las necesitamos.

--¿Cómo, a qué te refieres?

--Claro, las necesitamos. Porque fíjate tú, que ustedes, los seres humanos, son una especie en su conjunto que posee una consciencia propia, pero que no radica en sus partes. Vale decir, ustedes son un organismo vivo que toma decisiones en función de su supervivencia, y parte de esas decisiones tiene relación con lo que ven y lo que oyen. Por cierto, con todo aquello que influye a través de los sentidos, oler, tocar. Entonces, si casi de manera automática los adultos imponen dibujos animados a sus niños, es porque, desde una perspectiva de conjunto son necesarios para que la especie sobreviva.

--¿Y eso pasa por atribuirle vida a cosas que en su ser no las tienen?

--Exacto. Porque además el ser humano es la especie más solitaria en todo el universo... Luego vienen los demonios y los ángeles, pero ese ya es otro tema, mucho más complejo, porque no se trata del mismo tipo de “solitariedad”, como tampoco se trata de los mismos infinitos cuando nos referimos a los números naturales o a los números reales.








30.11.15

Diré



Este pequeño trozo de ciudad conserva aún los espacios fantasmas que sostuvieron en colores nítidos nuestros pasos y nuestra música. Nuestra música, por cierto, aquella suma barroca de intervalos por los que fluyó nuestra propia danza, teledirigida y accidentada, como uno de esos tantos objetos lanzados a la estratosfera que los televidentes luego desprecían una vez caídos. No, no se trata de ángeles. 

En nuestra danza seríamos, iríamos de norte a sur, o de regreso, o en dirección oriente mirando la cordillera para no perdernos, o al poniente por el subterráneo corriendo por un fin de semana con mar. 

Seré más egoísta que tú, espectro mío, diré que dirás lo que mis sueños te ordenan; celebraré el simulacro de una fiesta trascendente a ras del desplazamiento callejero, sin importar los nuevos edificios que hoy intersecan los pálidos paisajes cíclicos, y los antiguos demolidos, que abren hoy nuevas plazas para inventar nostalgias. Diré que nuestro arribo se debía a una fundación común, a un pacto mutuo, una lucha por la que seríamos cómplices, y que ante colosos y  titanes seríamos invencibles, sin la necesidad de volvernos monstruos o de proyectar fuego por nuestras fauces. Seríamos vencedores, siempre seríamos vencedores, porque el pacto nuestro consistía en amarnos. Diré que la fuerza surgiría de aquella presión caótica contra nuestras voluntades armonizadas que acudían al ritmo de un lenguaje autónomo y supremo. Eramos nosotros y el universo. Diríamos que pensábamos lo mismo, al decirnos lo que pensábamos. Nuestro pacto consistía en amarnos.

Ignoro el tiempo por el cual mi recorrido tenga algún sentido ahora de llamar comienzo. Comienzo de qué. Diría que quizás sólo busco ver los colores reales de esos espacios, rincones, paredes, veredas, postes, esquinas, a la gente real, trágica o alegre, que camina y permanece en ellos el tiempo suficiente. Diría constatar que también fuimos sólo como ellos, transeúntes, prescindibles personajes de una historia mucho más larga, y no bailarines. O que quizás la música no nos pertenece y no nos pertenecerá nunca, sino a la ciudad como parte de un montaje mayor que no guarda relación alguna con el amor, los seres humanos y sus luchas.

Insistiré, lo que dure este tiempo indefinido de nuevo comienzo, en traslapar el movimiento de tu silueta difusa por debajo del mecanismo necesario de la supervivencia, hasta hallarme en otra boca, otras manos, otra saliva, otra carne viva que le exija a mi carne tibia vivir como deben vivir las bestias, luchando contra el enfriamiento del universo, contra la expansión que aleja las necesidades gravitacionales de los cuerpos celestes y de los rojizos que se desean, contra el caos  disolvente, de memorias y actos puros, por el sueño de ese pacto, de ese único pacto que consiste siempre en amar.




foto: El Paseo, Chagall.

21.11.15

20.11.15

La boca que te beso



La boca que te beso tiene los poemas del mundo,
abierta al precipicio de este hambre
como una fruta suicida
vapor de amor y muerte.

La boca que te beso se muerde
a sí misma como el escorpión acorralado,
sangra arreboles que ofuscan el rito
de mi penitencia,
crucifica mis ojos
sentencia apostasía.

La boca que te beso trae música
desnuda sobre el silencio inerme
Lo aplasta
Tiembla la palabra entre papeles sin perfumes
La exclamación de un dios infame
Es sólo signo.

Besa la boca que te beso cada vez que versa
cada vez que se humilla la carne por ser
esquirlas de estrellas y no brillar,
por pasar ante los dioses
mero signo
en la grafía del tiempo.

Besa mi boca tu beso
cuando le ocurres al poema
cuando se desmembra
el silencio y cae
al mismo tiempo
en dos abismos.





Foto: https://ubersuper.com/coffee-kiss-ceramic/


18.11.15

Estaciones elásticas



Por alguna razón que mi memoria no desanuda, estuvimos haciendo como que esperábamos en la Estación Central. Un tren, hasta la localidad más lejana del sur cuyo nombre en ese momento no importaba, y en realidad nunca nos importó, debía partir, sacarnos de un sueño para entrar a otro. Jugábamos a esperar, a mirar el futuro de la mano. Accedimos al anden por el que no abordaban los pasajeros, preguntamos algunas cosas a algún funcionario que entraba a unas oficinas, preguntamos en boletería por los valores de los pasajes, compramos unos helados, hablamos un poco de viajes, de destinos y luego nos fuimos de ahí...

Ahora me recuerdo junto a ti, recuerdo ese espacio lejano que envolvió nuestro juego a partir. Nos prometimos viajes como niños astronautas, en medio de ese caos que me parecía inmenso. Debí recordar tus ojos, porque con tus ojos tendría frente a mi el universo entero.

Ahora somos un par de siluetas fantasmas, perdidos en recuerdos incoloros que acabarán por perderse en estaciones elásticas.

17.11.15

Objeto de una moneda



Pero ya cuando la tierra sea la casa
o nuestras cenizas se dispersen por cielos lejanos
dirán de mi

fue malo fue bueno
el hombre
cara o sello

Sin más valor que el objeto de una moneda.

15.11.15

Sordo



Estas canciones ya no me invocan paz.
son canciones que nos envolvían entre borracheras y bailes bajo las estrellas.
Hoy te veo desnuda y un cigarrillo apagado en tus labios,
Freud diría que es mi faro inútil.
Y lo cierto es que está oscuro,
de mis noches sólo estas canciones,
porque las estrellas se fueron
a bailar a otros cielos, sobre
nubes rosas sobre gente joven que espera
lluvias de amor.

Estas canciones ya no me invocan paz,
tiembla mi mano al rededor de tu cintura,
como tiembla el satélite de televisión al rededor del mundo,
cuando deja caer su saliva amarga en tus ojos rendidos.
Sólo conservo el pulso de tu boca desplegando el beso,
suerte de memoria sin peso ni nada
conmensurable.
Tu cintura me demanda tormentas, crímenes masivos,
cuando apenas soy capaz de silbar
la melodía del flautista.

Estas canciones ya no me invocan paz,
se reproducen sin parar como la nausea
en los casinos, de ancianas resignadas
al sexo de las máquinas.
Cada canción me muerde, perfora mi cabeza, me vomita.
Busco el silencio en el play, el silencio del útero,
la lluvia de espermios,
el origen de esta carne seca.

Estoy sordo. Con mis lenguas
clamo geometría a tus orejas.





14.11.15

El mundo que se cae a pedazos


El mundo se cae a pedazos,
pero seguimos amándonos,
casándonos y separándonos.

El presente consistiría en ver
el llanto como un acto de justicia,
y los sesos de tu padre por el suelo
la fragilidad de la supervivencia.

Pero de qué mundo me hablas,
qué mundo se cae a pedazos,
entre los pies de la amante o del ídolo de piedra
con labios humanos cerrados desde siempre.

Seguimos amándonos
hasta que alguien más
fuerte nos odie y vea
en nuestras manos entrelazadas
la posibilidad de asir un arma.

¿Confiarás en la palabra divisora
del maldito genio que entró por la ventana,
mientras inhalabas la frescura de la mañana,
O en el instante en que te llamé
para romper el ayuno con un beso
y compartir un café con tostadas?

El mundo se cae a pedazos
entre los dedos fríos,
entre sus espirales únicas que se expanden en el aire,
para hallarte,
rodearte
y traer de regreso la materia de tu cuerpo.

Afuera juega un niño con sus juguetes,
pequeños autos y hombres
plásticos que caben en las manos.
Veo el mundo imposible donde quisieron
nuestros egos estar.

Afuera juega un niño con todos los rostros del mundo,
y allende, más lejos, se matan hombres y mujeres
por obediencia a esos ídolos que te miran
con desprecio.

Quiero detener el momento de este abrazo,
porque entre nuestros torsos aparece
un mundo que jamás caerá,
porque depende de las gravedades de nuestros corazones.
Si nos separamos, te llevas una parte y yo la otra.




Imagen: Joe Webb

13.11.15

Frecuencia



Una sensación como de luz
en el centro del corazón.
Y a ti te pasa,
se queda atravesando ahí
también.

Nos hacemos frecuentes.

5.11.15

Desierto florido


¿Qué recuerdas cuando ves que el desierto florece
si los colores huyen de tus ojos cuando los cierras?

El perfume inalcanzable de tu piel tibia entre mis pétalos
proyectan jardines sonoros entre las nubes: violines de terciopelo púrpura,
coros de ángeles flamígeros, sinuosas sinfonías de pequeños
gestos sangrientos.

Y yo me estrello contra el cristal curvo de tu atrapa sueños,
como un insecto primitivo que revive
enclaustrado en una piedra de ámbar.
Gestos sangrientos.

Me estrello contra el diamante de tu ojo, por dentro,
por intentar recolectar en vano
los colores que se estrellan contra los inviernos.
Pero sobre nadas y todos, para rescatar
la música de las flores

de tu piel
fría.




1.11.15

No son nuestros corazones, son nuestros oídos



A lo largo de dos años intenté reunir las condiciones para juntarnos. Fracasé. Probamos primero con intercambiar algunas palabras por teléfono, pero vestigios de rabia y pena interferían los sonidos y en definitiva lo que queríamos decir. Intentamos luego con fijar algún lugar, un espacio concurrido, para protegernos de nosotros mismos, de nuestras lenguas mordaces. Pero tampoco resultó, y no fueron necesarias entonces las palabras. Bastaron unos gestos que fueron mal interpretados, para dar por concluida la cita antes de comenzarla. Situaciones similares a estas, a tropiezos de malos entendidos, fueron sucediendo a lo largo de dos años. Hasta que un día, en el pasillo de los yogures, el pasillo más frío de todo el supermercado, casualmente nos encontramos. Ella acompañada de su marido y su bebé, yo con mi mujer, sin hijos. Nos saludamos en el borde de la indiferencia. Miré a mi pareja, sin querer le dije con los ojos quién era esa mujer, y nos fuimos. Desde ese día me dediqué a buscar secretamente los números que podrían volver a contactarme con ella. Números, quién lo diría, alejamiento y atracción bajo los números. Revisé una vieja cuenta de correo electrónico, en la que pude dar con el número de un amigo suyo, por entonces también un colega de uno de sus trabajos.

--Ella me dijo la última vez que hablamos que no te diera nada.
--Sí, si me dijo, pero hoy nos encontramos y estuvimos conversando todo el día, me dio su número, pero lo boté por error junto a unas boletas que tenía en el bolsillo.
--Bueno, te lo voy a dar, pero en cualquier caso no le digas que yo te lo dí. Tú sabes, no quiero estar metido en líos, o que se enojé de más conmigo.
--No te preocupes, si en todo caso ella misma me lo dio anotado, sólo que lo perdí.

 Tuve el número en mi billetera una semana. Lo sacaba con la intención de llamar, pero pronto me arrepentía y lo volvía a guardar. Una tarde, mientras me encontraba solo en casa (mi mujer había salido por todo el día de compras, se acercaba navidad), sentí la libertad y la seguridad para llamarla. Me contestó.

--Yo sé porqué me llamas, pero no vuelvas a hacerlo. Te diré sólo una cosa.
--A ver, ¿Qué cosa?
--Hay algo anterior a nosotros por lo que jamás podremos estar juntos, ni por un café amargo para hablar de negocios. Y es que cada uno tiene una pulsación distinta. ¿Te acuerdas cuando me desnudaba el pecho y te pedía que te acercaras a oír cómo latía? Tú decías que era una arritmia, pero en realidad era tu oído. Cuando dormías yo me apoyaba en tu pecho, sin que te dieras cuenta, para oír tu corazón y también oía arritmias. No son nuestros corazones, son nuestros oídos. No hay nada que hacer.





fuente foto: http://blipoint.es/foto/pareja-en-el-cafe_92363

30.10.15

Recorro uno a uno los detalles de tu vestido...



Recorro uno a uno los detalles de tu vestido,
con los mismos ojos, mis ojos, que atravesaron
tu territorio íntimo,
viaje mía, detalle nuestro de un jardín marino.
Recorro, como fotografía, otros ojos aparecidos
sobre el valle, soy la estrella esa
envidiosa de tu frío.
Recorro tu tejido lejano, el hilo y la costura de tus palabras entredichas,
como un pez de río que viaja hacia su propia muerte.
Recorro un soliloquio de colores bordados, un aullido de alfiler, abriendo sangre,
Como esta sangre me recorre hasta siempre y golpea rea y ciega
sin entender hasta dónde, cuándo sigo.

19.10.15

Si por amor te invoco, por tu espíritu me hablarán las estrellas



Desde luego, apareció ante sus ojos una figura que más de alguien diría una bella mujer, de habilidades superficiales sorprendentes, mágica. Pero a los oídos no tardó en revelar la vacuidad de sus alcances espirituales.

Y es que la belleza no puede prescindir de profundidad. Los rostros hermosos son, queramos o no, de barro, y al barro el tiempo seca, resquebraja y despide al polvo.

Amada mía, si por amor te invoco, por tu espíritu me hablarán las estrellas. Y por tu inquieta, vertiginosa y estremecedora alma espero, aun sea mi paradero eterno el mismísimo abismo.

12.10.15

Retrato de la violencia



La violencia es como un flujo, es un espíritu, que vive desde los orígenes del universo. Es una energía que circula por los mundos, y en este mundo sobrevive atravesando almas, interviniendo cuerpos humanos. Es necesario entender que la violencia no surge en las individualidades humanas, sino que estas se dejan atravesar por su espíritu y adquieren o manifiestan sus infinitas formas. El cuerpo  y el intelecto humano se convierten en su expresión física. La violencia una vez satisfecha, abandona y sigue fluyendo por el mundo, pero no necesariamente abandona del todo, pues es como un cometa.

Sólo los preparados pueden canalizar la energía de la violencia y convertirla en beneficio, sin dejar que se deposite ni deje rastros en sus particularidades. Intentar absorberla puede resultar pernicioso, ya que se trata de un espíritu antiguo, de gran tamaño y fuerza. Tendremos la impresión de que una vez absorbida la hayamos eliminado, pero lo que en verdad ocurre es que la vamos comprimiendo en nuestro ser, vamos construyendo en nosotros una suerte de memoria suya, y nuestra consciencia individual pasa a un estado intermedio. Es decir, la violencia se deposita, o deposita parte de sí, y actúa en nosotros desde el inconsciente. Lo saludable es canalizarla, dejarla fluir, que nos atraviese sin obstáculos procurando que su salida sea conducida a activar mecanismo beneficiosos, como por ejemplo alguna actividad deportiva, o insultar a alguna cosa, una presencia inanimada, algún cuerpo frío.

Si no sabemos interpretar correctamente nuestra humanidad como un conducto, para que la fuerza de la violencia continúe su fluir, transformará negativamente nuestra humanidad, la corroerá, y progresivamente afectará nuestro entorno. La violencia es uno de los espíritus de la separación, hay que saberlo, es su acometido dejar en el mundo humanidades solas, aisladas. A diferencia del amor, cuyo propósito es fusionar, la violencia, junto a otros espíritus, se propone enfriar.

Cabe advertir que la violencia, como todo espíritu, no está sujeta a categorías desde la palabra, es decir, no basta con señalar determinados actos humanos como violentos, estos no son nada más que expresiones, consecuencias. Lo importante, y lo verdaderamente útil, es detenerse, contemplar, en la precaución. Es necesario aprender, ante todo, a leer los flujos invisibles.


5.10.15

Se acaba el tiempo para decir lo que queremos decir



A semejanza de la imagen parecer eternos
pero no lo somos
Se acaba el tiempo para decir lo que queremos decir
para estar donde queremos estar
a imagen semejante de nada más

Aquí
no somos eternos
las palabras brotan o mueren asfixiadas
con el tiempo nuestro
afuera o adentro.

4.10.15

Recuerdo en una tienda de chinos



El jazmín desapareció de mi vocabulario,
el california rolls de mi paladar.
Algo de ellos son extraídos de mi memoria,
como peces de un lago limoso al caer la tarde,
sin ser lo uno ni lo otro.
Quizás sea la imagen del chino ese, que sin tener idea de este secreto, levanta
un caja de té verde, para ofrecérselo a una señora interesada en comprarlo,
como cuando tú te anticipabas a los primeros sabores
y yo luego los probaba mirándote la boca.

3.10.15

El espejo del viajero



El amor tiene un solo deseo: 
la fusión de los corazones. 

-ElElla, Miguel Serrano.


¿Abandona el viajero realmente toda estadía?
¿Abandona el ser al útero que fue su cosmos?
¿Y abandonó tu templo a los átomos
de las estrellas fundacionales?
¡Cómo podrá abandonar entonces la fiesta
de este mundo, el viajero que te observa en el espejo!
Incluso cuando en este mundo
observó que las estrellas fundacionales, el útero y los ojos de la amada
eran uno,
un solo mundo del que jamás ha salido.

2.10.15

El naufragio



Ay de este valle, de personas solas, que a la mínima ruptura tiemblan y se dispersan.
Dos optaron por construir un barco juntos, por desafiar juntos a la mar de las soledades, a la violencia de las caravanas de vampiros y bestias de almas oscuras que devoran los corazones amorosos, que destruyen hogares y se enriquecen con las tristezas del prójimo.
Dos optaron por la ruta valiente, a pesar de los naufragios de otros soñadores. Y los sacudió la tormenta horrenda. Sacudió el frágil barco y lo hizo trizas. Y a ellos los separó la vorágine. Pero la tragedia no provino del mar furioso, sino de las soledades que flotaban pasivas al rededor, de las tristes soledades que aceptan las rupturas como parte del destino, ¿No es este el mayor signo de confundirnos con la materia? ¡Ay, Solitariedades, que sucumben junto al frío universo, que padecen entropía cuando son ustedes la esperanza de los cielos iluminados! ¡Cuánto fuego necesitarán sus corazones para fundirse todos en un solo y perpetuo corazón de amantes!

29.9.15

Sobre ese mundo humano con las lenguas




Vernos a nosotros mismos, desde la cima de una torre, ahí abajo diminutos nosotros, sentados frente a frente ante una mesa circular de un café, terraza sin toldo, nubes a propósito. Vernos desde lo alto y comprender cómo nos miramos en lo diminuto, en la paciencia horizontal, cómo intercambiamos frases y gestos, quizás compartir una servilleta de papel a la altura de las manos que, sin darnos cuenta, pasa de un lado a otro a torpes empujoncitos, en la medianía de la conversación, pequeños aún más pequeños movimientos con los dedos, movimientos breves y aleatorios, pulsaciones al vacío en ese campo de juego donde las bocas esculpen palabras y viceversa, sobre la mesa, sobre ese mundo tan humano, con las lenguas. Bebes tu mocachino, bebo mi expreso doble. Tú tomas una de azúcar, yo cambié a la sucralosa. Desde lo alto de la torre nos miramos a nosotros mismos allá abajo. Abajo sólo nosotros, sin demonios, ángeles ni espectros. Arriba, estamos en silencio, escondidos en trajes de palomas callejeras, grises y uniformes sobre una torre, creyendo que lo comprendemos todo, pero sin adentrarnos aún en lo específico.

28.9.15

Fundación del alma jubilosa



No. Su presencia es afirmación pura: de ella brotan
los poemas como manantiales de oro líquido.
Y no hay tiempo para el ocaso.
Atrás quedó el antiguo retrato del moribundo viajero
prisionero de una imagen superflua a ras de un pequeño
mar que mantenía las distancias sometidas a la angustia.

No. No hay tiempo para los ocasos. Su presencia es luz vasta,
océano fulgurante de rabiosa gravedad.
Ella es guardiana del misterio, portal de universos,
fundación del alma jubilosa.



17.9.15

Breve conversación entre el junco y la garza



¿Quiénes son los aventajados, amiga mía?

--Los aventajados son aquellos que por más que intenten abandonar el camino del ser, siempre son reimpulsados o retornados a él.

¿Son quiénes vislumbran su destino?

--Sí, pero no sólo ellos. También los hay entre quienes porfían en los extremos. Y es que ellos no pertenecen a ningún extremo. Tanto los que vislumbran su destino como quienes no caen en la cuenta, pero que están destinados al camino del ser, son como peces que fluyen por el centro de un río junto a la corriente sin el más mínimo esfuerzo. Quienes se adhieren a los extremos, son como peces cautivados por algún señuelo o que probaron algo arrojado a las orillas, y mueren en las orillas por un anzuelo, o de inanición en la espera de que caiga algún otro bocado. Los aventajados son los peces del centro, jamás engañados profundamente por señuelos o exquisitos bocados que caen de falsos sustentadores.

¿Ellos son quienes a pesar de detenerse por instantes en las orillas, vuelven a la corriente central del río?

--Efectivamente. Pero no vuelven porque la iniciativa surge en sus cuerpos o en sus deseos. Vuelven porque la fuerza central del río siempre los contuvo. Ellos integran la energía central, como los glóbulos la sangre.

¿Puede el desdichado en alguna de las siete ramas del olivo, ser un aventajado?

--Desde luego. El aventajado es feliz y es triste, es rico y es pobre, es bello y es horrible, es veloz y es lento, es frágil y es fuerte, es hablador y es silencioso, es maloliente y es perfumado. La ventaja es que ni la dicha ni la desdicha son su casa.

16.9.15

Las manchas de la luna



Eso que oportunamente llamamos amor,
eso que estuvo en la imagen común de nuestras imágenes
particulares,
nos ha abandonado.

Eso que fue amor, por autoridad de la palabra,
se marchó de tu cuerpo
y el brillo de tus ojos volvió a ser el de la luna.
Lejano resplandor de una cara.

Pero también se marchó de mi cuerpo,
y en mis ojos viste el mismo brillo,
la misma luna solitaria.
Abajo las desperdigadas palabras.

Eso que llamamos amor, llena
y vacía simples cuerpos de barro,
viaja de vasija en vasija,
para ser a medias bebido.

El vacío que no es si no
la sed natural del consuelo
reanuda las contemplaciones
por lo que reducidos a meros recipientes creemos
/ que ya no nos amamos.

Pero la realidad nos silencia lo contrario
Aquí estamos hasta imaginarnos en el otro
Yo en el tuyo y tú en el mío
Bajo la misma luna confundidos
Entre palabra, luz y olvido.

12.9.15

Las flechas del reloj




Y si las flechas del reloj
apuntaran a su centro,
¿Fijaríamos horas para los desencuentros,
y en los desencuentros
placer por las despedidas?

El instante del saludo ofrece la misma figura
de entrada o de salida.
Pero el amor le da sentido al instante.


11.9.15

Como un limón




Como un limón
Exprimir el corazón
hasta que caigan
todas
las

gri
mas

Toditas
to
das.

25.8.15

La distancia mínima

VERANO

Algo más, o algo menos, de cien metros, cerca de allí. Por el mismo paseo paralelo a la línea ferrea. Paralelo también a ese mar casi impalpable, ausente, enrejado.

Aquella vez salimos juntos, a recrearnos. Ella en bicicleta, yo al trote. Algo simple, cotideano, aunque no costumbre. Tomar aire, movernos, alguna excusa para ser cortés, abrirle la puerta y entrar juntos de regreso a la casa. Salimos juntos. Se ocultaba el sol. Aunque eso de salir juntos… hasta cierto punto. Más bien, ibamos paralelos, sin embargo desfasados en el tiempo, a distintas velocidades.

En algún punto –eso sí que fue un punto--, nos separamos sin vernos. Yo corría adelante, y ella, atrás, optaría por un rumbo propio. Ella quizás pensando, creyendo, que era el camino que yo había tomado. Pero no. Yo seguí de largo, sin mirar atrás, corrí hasta que, al ver el reloj y la oscura noche ya quieta, me pareció oportuno volver. Desde luego, no la vi. Creí, pensé, que en algún punto ella se quedó esperándome, o descansando (o ambas cosas).

De regreso no la veía en ninguna parte. Me intranquilicé. No tenía como contactarla. Ni celular ni mensajes telepáticos. Corrí dos veces por el mismo trayecto y nada. La noche teñía a todos por igual. Pero ella, encendería las lucecitas de su bicicleta, estaba seguro. Decidí volver a casa, con la esperanza de verla ahí, y que me dijera “no te vi, así que mejor me vine”. Llegué y nada.

Salí nuevamente, por tercera vez a recorrer el mismo trayecto, paralelo a la línea ferrea, a ese mar casi impalpable, ausente. Creí, pensé, en lo peor.

¿Secuestro? ¿Rapto? ¿Acaso nunca salimos juntos? ¿Desvanecimiento? ¿Por qué tan repentino?

Cuando ya todas las peores fantasías se habían ramificado como un fractal por mi imaginación, veo a lo lejos las pequeñas lucecitas intermitentes de su bicicleta, y desde luego, era ella, era con su particular modo de andar: la rueda delantera, a intervalos indecisa, pero firme bajo sus brazos de avecilla. Milagrosamente, única.

Vi que venía, y no recuerdo si hacia ella iba yo corriendo o me detuve ante esa suerte de sanación atmosférica que fulminó mi angustia. Era ella. Estaba ahí y venía. Grité su nombre y se acercaba, y avanzabamos el uno al otro. Y la abracé. Y en medio de los dos, toda esa angustia se asfixiaba y desaparecía. Y lloré por la irrupción de ese miedo, de esa amenazante amputación del alma. Y la abracé, la presioné hacia mi corazón, la besé, y aferrado a su cuerpo --porque sin duda ahí adentro estaba el alma que yo ahí amaba-- dejé de llorar.

Volvimos juntos a casa y juntos entramos.


INVIERNO

Venía yo de regreso por aquel mismo lugar, algo más, o algo menos de cien metros, cerca de allí. Por el mismo paseo paralelo a la línea férrea. Paralelo también a ese mar casi impalpable, ausente. Ausente andábamos el uno para el otro, ya unas cuantas semanas. En algún lugar de la memoria la voz construye sus túneles, imita al viento, o a un crujir de hojas rendidas, para confundirte, vuelve a adentrarse, hasta que ella misma se extravía de sí misma.

 Venía recordando precisamente aquel momento feliz, en que la vi aparecer, después del angustioso extravío, cuando a lo lejos, y ahora a plena luz de la tarde, una silueta familiar se aproximaba de frente. Era ella. ¿Era ella? En realidad, dudé de si era ella. Esperé hasta tenerla muy de frente para saber si en realidad era ella.

Pero pasó por mi lado sin mirarme, y, cabe esperar, sin abrir palabra alguna. Y nos cruzamos en sentidos contrarios como completos desconocidos. Sería no más de un metro esa efímera distancia. Estoy convencido de que era ella, o al menos se trataba de su cara y su cuerpo, sus brazos de avecilla.
Se alejó por mi espalda y no sé si se volteó. Yo no lo hice.


EQUINOCCIO

Quienes ven todo plano, creen que los eclipses son maravillosos encuentros, fusiones celestiales que se revelan al ritmo natural del Universo. Los pequeños habitantes del planeta Tierra sólo ven lo que el epicentro puede ofrecerles. La gravedad del corazón engaña a los sentidos, y pareciera que las constelaciones bailaran en torno a su percusión. Pero ¿Cuántas colisiones deprimirían la elegancia de la creación si dependieran de cada corazón, de los mil impacientes? Lo cierto es que quienes vemos los mil y un instantes de las estrellas, somos testigos profundos del cuántos y por tanto damos cuenta de que los eclipses no son sino breves cercanías en el inconmensurable continuo, y quizás en ello radique un gesto de la belleza. Es decir, que en lo inconmensurable, florece la distancia mínima, el número primo del recuerdo, y que esa distancia, esa medida, se desvanece tan pronto entre los cuerpos implicados como el Universo se demuestra fecundo. Breve el instante en que dos cuerpos celestes saben quiénes son, sin acudir a nombres, rígidas comprensiones, a través del extenso y silencioso vacío de las largas y lentas luces. Vacío, el desenlace perenne de aquella fecundidad.




Salvo tu luna

El día perfecto
/ Colores primarios
Y un trazo continuo
Del cual todo surge
/ Y al cual todo vuelve
Salvo tu luna.-

20.7.15

Paciencias enteras

Sólo en rectángulos
tu vida es perfecta
eléctricos o de papel
perfecto como el blanco no escrito
paciencias enteras sin decimal.

Bajo el sol, curva es la voz
Un corazón  irracional me escucha

Planetaria vinculación
entre los seres que se aman
que no se miden.




fuente imagen: http://emily-ree.deviantart.com/art/TV-Heads-442842970

2.6.15

Probablemente tú seas





Probablemente, tú seas una de esas personas a las que acuden todos aquellos que necesitan contar sus cosas, sus secretos. Porque eres de esas personas que guardan silencio y escuchan. La gente lo entiende así. El silencio, ese tipo de silencio que tú guardas, es como el interior irreversible de un gran baúl azul, una noche inmensa que multiplican las almas cuando nos imaginan. Y probablemente para cada una de esas personas, tú seas única, aunque para ti, quizás, ellas sean tantas como las estrellas, y del mismo tipo, similares entre sí, con sus historias y satélites, que te son fácil confundirlas. Pero no creo. Porque probablemente tú seas una de esas personas, una de esas amadas noches, que no sólo guarda silencio y escucha, sino que además distingue el tono de la voz a través de la piel. Porque sabes que el sonido es vibración y que las partículas de aire chocan hasta tus pentagramas y así tu piel se conmueve y comunica la particularidad de las voces por tu flujo sanguíneo a tus terminales nerviosas inconclusas. Y en tu silencio amable es muy probable que recolectes más de un color por cada tonalidad sonora, y tu piel capaz sea de traducir aquellos jardines sin vocales, de esas personas incapaces de contener sus flores e insectos, sus secretos innumerables. Tus silencios son profundos, astrales, guardan música y óleos, minerales y lágrimas, suavidad y exclamación, fugas y solsticios, nombres velados e intentos de testimonios como este breve, breve y aún más breve, grado de inclinación de mi sol.




1.6.15

Como la música del supermercado

Acercarme a ti quisiera
Rodearte
Como la música del supermercado que nadie sabe
de dónde sale
ni para quién es.

fuente foto: http://waterproofvalentines.tumblr.com/post/40113812716