19.10.15

Si por amor te invoco, por tu espíritu me hablarán las estrellas



Desde luego, apareció ante sus ojos una figura que más de alguien diría una bella mujer, de habilidades superficiales sorprendentes, mágica. Pero a los oídos no tardó en revelar la vacuidad de sus alcances espirituales.

Y es que la belleza no puede prescindir de profundidad. Los rostros hermosos son, queramos o no, de barro, y al barro el tiempo seca, resquebraja y despide al polvo.

Amada mía, si por amor te invoco, por tu espíritu me hablarán las estrellas. Y por tu inquieta, vertiginosa y estremecedora alma espero, aun sea mi paradero eterno el mismísimo abismo.