30.11.15

Diré



Este pequeño trozo de ciudad conserva aún los espacios fantasmas que sostuvieron en colores nítidos nuestros pasos y nuestra música. Nuestra música, por cierto, aquella suma barroca de intervalos por los que fluyó nuestra propia danza, teledirigida y accidentada, como uno de esos tantos objetos lanzados a la estratosfera que los televidentes luego desprecían una vez caídos. No, no se trata de ángeles. 

En nuestra danza seríamos, iríamos de norte a sur, o de regreso, o en dirección oriente mirando la cordillera para no perdernos, o al poniente por el subterráneo corriendo por un fin de semana con mar. 

Seré más egoísta que tú, espectro mío, diré que dirás lo que mis sueños te ordenan; celebraré el simulacro de una fiesta trascendente a ras del desplazamiento callejero, sin importar los nuevos edificios que hoy intersecan los pálidos paisajes cíclicos, y los antiguos demolidos, que abren hoy nuevas plazas para inventar nostalgias. Diré que nuestro arribo se debía a una fundación común, a un pacto mutuo, una lucha por la que seríamos cómplices, y que ante colosos y  titanes seríamos invencibles, sin la necesidad de volvernos monstruos o de proyectar fuego por nuestras fauces. Seríamos vencedores, siempre seríamos vencedores, porque el pacto nuestro consistía en amarnos. Diré que la fuerza surgiría de aquella presión caótica contra nuestras voluntades armonizadas que acudían al ritmo de un lenguaje autónomo y supremo. Eramos nosotros y el universo. Diríamos que pensábamos lo mismo, al decirnos lo que pensábamos. Nuestro pacto consistía en amarnos.

Ignoro el tiempo por el cual mi recorrido tenga algún sentido ahora de llamar comienzo. Comienzo de qué. Diría que quizás sólo busco ver los colores reales de esos espacios, rincones, paredes, veredas, postes, esquinas, a la gente real, trágica o alegre, que camina y permanece en ellos el tiempo suficiente. Diría constatar que también fuimos sólo como ellos, transeúntes, prescindibles personajes de una historia mucho más larga, y no bailarines. O que quizás la música no nos pertenece y no nos pertenecerá nunca, sino a la ciudad como parte de un montaje mayor que no guarda relación alguna con el amor, los seres humanos y sus luchas.

Insistiré, lo que dure este tiempo indefinido de nuevo comienzo, en traslapar el movimiento de tu silueta difusa por debajo del mecanismo necesario de la supervivencia, hasta hallarme en otra boca, otras manos, otra saliva, otra carne viva que le exija a mi carne tibia vivir como deben vivir las bestias, luchando contra el enfriamiento del universo, contra la expansión que aleja las necesidades gravitacionales de los cuerpos celestes y de los rojizos que se desean, contra el caos  disolvente, de memorias y actos puros, por el sueño de ese pacto, de ese único pacto que consiste siempre en amar.




foto: El Paseo, Chagall.

21.11.15

20.11.15

La boca que te beso



La boca que te beso tiene los poemas del mundo,
abierta al precipicio de este hambre
como una fruta suicida
vapor de amor y muerte.

La boca que te beso se muerde
a sí misma como el escorpión acorralado,
sangra arreboles que ofuscan el rito
de mi penitencia,
crucifica mis ojos
sentencia apostasía.

La boca que te beso trae música
desnuda sobre el silencio inerme
Lo aplasta
Tiembla la palabra entre papeles sin perfumes
La exclamación de un dios infame
Es sólo signo.

Besa la boca que te beso cada vez que versa
cada vez que se humilla la carne por ser
esquirlas de estrellas y no brillar,
por pasar ante los dioses
mero signo
en la grafía del tiempo.

Besa mi boca tu beso
cuando le ocurres al poema
cuando se desmembra
el silencio y cae
al mismo tiempo
en dos abismos.





Foto: https://ubersuper.com/coffee-kiss-ceramic/


18.11.15

Estaciones elásticas



Por alguna razón que mi memoria no desanuda, estuvimos haciendo como que esperábamos en la Estación Central. Un tren, hasta la localidad más lejana del sur cuyo nombre en ese momento no importaba, y en realidad nunca nos importó, debía partir, sacarnos de un sueño para entrar a otro. Jugábamos a esperar, a mirar el futuro de la mano. Accedimos al anden por el que no abordaban los pasajeros, preguntamos algunas cosas a algún funcionario que entraba a unas oficinas, preguntamos en boletería por los valores de los pasajes, compramos unos helados, hablamos un poco de viajes, de destinos y luego nos fuimos de ahí...

Ahora me recuerdo junto a ti, recuerdo ese espacio lejano que envolvió nuestro juego a partir. Nos prometimos viajes como niños astronautas, en medio de ese caos que me parecía inmenso. Debí recordar tus ojos, porque con tus ojos tendría frente a mi el universo entero.

Ahora somos un par de siluetas fantasmas, perdidos en recuerdos incoloros que acabarán por perderse en estaciones elásticas.

17.11.15

Objeto de una moneda



Pero ya cuando la tierra sea la casa
o nuestras cenizas se dispersen por cielos lejanos
dirán de mi

fue malo fue bueno
el hombre
cara o sello

Sin más valor que el objeto de una moneda.

15.11.15

Sordo



Estas canciones ya no me invocan paz.
son canciones que nos envolvían entre borracheras y bailes bajo las estrellas.
Hoy te veo desnuda y un cigarrillo apagado en tus labios,
Freud diría que es mi faro inútil.
Y lo cierto es que está oscuro,
de mis noches sólo estas canciones,
porque las estrellas se fueron
a bailar a otros cielos, sobre
nubes rosas sobre gente joven que espera
lluvias de amor.

Estas canciones ya no me invocan paz,
tiembla mi mano al rededor de tu cintura,
como tiembla el satélite de televisión al rededor del mundo,
cuando deja caer su saliva amarga en tus ojos rendidos.
Sólo conservo el pulso de tu boca desplegando el beso,
suerte de memoria sin peso ni nada
conmensurable.
Tu cintura me demanda tormentas, crímenes masivos,
cuando apenas soy capaz de silbar
la melodía del flautista.

Estas canciones ya no me invocan paz,
se reproducen sin parar como la nausea
en los casinos, de ancianas resignadas
al sexo de las máquinas.
Cada canción me muerde, perfora mi cabeza, me vomita.
Busco el silencio en el play, el silencio del útero,
la lluvia de espermios,
el origen de esta carne seca.

Estoy sordo. Con mis lenguas
clamo geometría a tus orejas.





14.11.15

El mundo que se cae a pedazos


El mundo se cae a pedazos,
pero seguimos amándonos,
casándonos y separándonos.

El presente consistiría en ver
el llanto como un acto de justicia,
y los sesos de tu padre por el suelo
la fragilidad de la supervivencia.

Pero de qué mundo me hablas,
qué mundo se cae a pedazos,
entre los pies de la amante o del ídolo de piedra
con labios humanos cerrados desde siempre.

Seguimos amándonos
hasta que alguien más
fuerte nos odie y vea
en nuestras manos entrelazadas
la posibilidad de asir un arma.

¿Confiarás en la palabra divisora
del maldito genio que entró por la ventana,
mientras inhalabas la frescura de la mañana,
O en el instante en que te llamé
para romper el ayuno con un beso
y compartir un café con tostadas?

El mundo se cae a pedazos
entre los dedos fríos,
entre sus espirales únicas que se expanden en el aire,
para hallarte,
rodearte
y traer de regreso la materia de tu cuerpo.

Afuera juega un niño con sus juguetes,
pequeños autos y hombres
plásticos que caben en las manos.
Veo el mundo imposible donde quisieron
nuestros egos estar.

Afuera juega un niño con todos los rostros del mundo,
y allende, más lejos, se matan hombres y mujeres
por obediencia a esos ídolos que te miran
con desprecio.

Quiero detener el momento de este abrazo,
porque entre nuestros torsos aparece
un mundo que jamás caerá,
porque depende de las gravedades de nuestros corazones.
Si nos separamos, te llevas una parte y yo la otra.




Imagen: Joe Webb

13.11.15

Frecuencia



Una sensación como de luz
en el centro del corazón.
Y a ti te pasa,
se queda atravesando ahí
también.

Nos hacemos frecuentes.

5.11.15

Desierto florido


¿Qué recuerdas cuando ves que el desierto florece
si los colores huyen de tus ojos cuando los cierras?

El perfume inalcanzable de tu piel tibia entre mis pétalos
proyectan jardines sonoros entre las nubes: violines de terciopelo púrpura,
coros de ángeles flamígeros, sinuosas sinfonías de pequeños
gestos sangrientos.

Y yo me estrello contra el cristal curvo de tu atrapa sueños,
como un insecto primitivo que revive
enclaustrado en una piedra de ámbar.
Gestos sangrientos.

Me estrello contra el diamante de tu ojo, por dentro,
por intentar recolectar en vano
los colores que se estrellan contra los inviernos.
Pero sobre nadas y todos, para rescatar
la música de las flores

de tu piel
fría.




1.11.15

No son nuestros corazones, son nuestros oídos



A lo largo de dos años intenté reunir las condiciones para juntarnos. Fracasé. Probamos primero con intercambiar algunas palabras por teléfono, pero vestigios de rabia y pena interferían los sonidos y en definitiva lo que queríamos decir. Intentamos luego con fijar algún lugar, un espacio concurrido, para protegernos de nosotros mismos, de nuestras lenguas mordaces. Pero tampoco resultó, y no fueron necesarias entonces las palabras. Bastaron unos gestos que fueron mal interpretados, para dar por concluida la cita antes de comenzarla. Situaciones similares a estas, a tropiezos de malos entendidos, fueron sucediendo a lo largo de dos años. Hasta que un día, en el pasillo de los yogures, el pasillo más frío de todo el supermercado, casualmente nos encontramos. Ella acompañada de su marido y su bebé, yo con mi mujer, sin hijos. Nos saludamos en el borde de la indiferencia. Miré a mi pareja, sin querer le dije con los ojos quién era esa mujer, y nos fuimos. Desde ese día me dediqué a buscar secretamente los números que podrían volver a contactarme con ella. Números, quién lo diría, alejamiento y atracción bajo los números. Revisé una vieja cuenta de correo electrónico, en la que pude dar con el número de un amigo suyo, por entonces también un colega de uno de sus trabajos.

--Ella me dijo la última vez que hablamos que no te diera nada.
--Sí, si me dijo, pero hoy nos encontramos y estuvimos conversando todo el día, me dio su número, pero lo boté por error junto a unas boletas que tenía en el bolsillo.
--Bueno, te lo voy a dar, pero en cualquier caso no le digas que yo te lo dí. Tú sabes, no quiero estar metido en líos, o que se enojé de más conmigo.
--No te preocupes, si en todo caso ella misma me lo dio anotado, sólo que lo perdí.

 Tuve el número en mi billetera una semana. Lo sacaba con la intención de llamar, pero pronto me arrepentía y lo volvía a guardar. Una tarde, mientras me encontraba solo en casa (mi mujer había salido por todo el día de compras, se acercaba navidad), sentí la libertad y la seguridad para llamarla. Me contestó.

--Yo sé porqué me llamas, pero no vuelvas a hacerlo. Te diré sólo una cosa.
--A ver, ¿Qué cosa?
--Hay algo anterior a nosotros por lo que jamás podremos estar juntos, ni por un café amargo para hablar de negocios. Y es que cada uno tiene una pulsación distinta. ¿Te acuerdas cuando me desnudaba el pecho y te pedía que te acercaras a oír cómo latía? Tú decías que era una arritmia, pero en realidad era tu oído. Cuando dormías yo me apoyaba en tu pecho, sin que te dieras cuenta, para oír tu corazón y también oía arritmias. No son nuestros corazones, son nuestros oídos. No hay nada que hacer.





fuente foto: http://blipoint.es/foto/pareja-en-el-cafe_92363