26.12.16

De la quietud



Porque así como si pudiéramos estar
al mismo tiempo en el Himalaya y en las estepas americanas
a un clic de distancia,
una nevasca en medio del sol no nos sorprende.

Nos estamos deteniendo, amor mío,
las órbitas de los errantes se desnudan
y como perlas de un collar roto nos dispersamos
sin fuerza propia.

La luna de hoy es sólo un recuerdo sepia 
de la infancia, estamos ciegos
frente a su luz, nuestros vaticinios
son parodias de telescopios obsoletos.

Cada vez más inmóviles, amor mío,
anclados en un mar de salivas amargas y espesas
alucinados con letanías
de una raza extraña que del cuerpo nuestro humor succiona.

El placer por los ídolos de piedra nos volvió rígidos
el ego halló su madriguera segura en el cisma
en este aliento sideral petrificado
El ángel del fuego decepcionado vuelve a su casa.

Las lágrimas del hijo no caen sólo apuntan
el camino del retorno
Las imágenes eléctricas de nuestras fiestas planearán

los desiertos que seremos.

Pero los afortunados serán 
lluvia de un nuevo país.
La tierra un rostro 
a un beso diario y jubiloso.




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25.12.16

Dejar es el dolor de la cura



Las grandes uwasyiks* no están para pequeñeces. No se trata de negar el cuerpo. Al contrario. Es enaltecer el cuerpo, reflejarlo en el firmamento. Las grandes uwasyiks buscan las cimas de las colinas, independiente de sus alturas como una forma de ubicar el corazón y no de envolver la vista con un determinado paisaje extraordinario. Pues las grandes uwasyiks hablan como si el corazón hablara, tal como el músculo que es, capaz de detener el organismo sin salir de su refugio. El silencio es parte del pulso, del lenguaje, y no dice lo que los otros silencios piensan que dice. Precisamente, en eso se distinguen. Las grandes uwasyiks no acuden a metáforas de seres alados, alas no necesitan, porque ellas fluyen en el universo de lo visible y de lo invisible como raíces de nubes, encienden los átomos lejanos y cercanos como lámparas de almizcle conectadas por una red de seda. Las grandes uwasyiks oyen el acorde de los dioses cuando hacen el llamado al unísono de elevar el campamento. Atrás deberán quedar los arados ya estériles, también las voces que cruzaban las habitaciones oscuras. Nuevas artes anuncian los dioses y la piel está dispuesta a ser besada por nuevas criaturas que de amores sublimes provienen. Atrás, dejar atrás es el siguiente paso, dejar es el dolor de la cura.


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*Uwasya (plural: uwasyiks): Palabra que brota en reemplazo de una muy antigua llamada "alma". Su brotar es similar al cambio de piel de las serpientes o al de algunos insectos. su significado es es similar al del "alma", pero en un sentido evolucionado, tendría un valor multidimensional, es decir su sentido de unicidad estaría trascendido. Es muy probable que esta palabra se disuelva como un hielo en la boca al pronunciarla o que haga aparecer la figura de un árbol imaginario. Se trataría entonces de una manera de cambiar de estado dimensional, vale decir aparecería en otra dimensiones transfigurada, pero expresando la misma idea, despareciendo luego como la figura de un árbol, una piedra u otra figura-palabra conocida.





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20.12.16

Los amigos de mi humano



Los amigos de mi humano hablan
en lenguas arquetípicas,
valle hermoso donde llueve
plata y las estrellas cantan
aromas frutales.

No entran al jardín
las criaturas de luz extinguida
ni las de fría sangre arrítmica
ni las que como reptiles vibran. Ellas,
horribles, imitan
la forma trágica del ocaso.

Los amigos de mi humano brillan en la noche
y en sus manos habita el calor
original del universo,
herederos son del ángel radiante que vence
en la mañana al viejo impostor del Uno
quien susurra el desvío al viajero y a las tribus
de lenguas pedestres.

Los amigos de mi humano, tocan la tierra
con sus labios y lloran
mineral ardiente cuando se entristecen,
nuevas viñas cuando ríen,
manantial de mieles cuando aman.

Todo es fiesta y regocijo en el círculo de la no-muerte
Y no hay lugar para  las criaturas horribles,
Las que vomitarán veneno de envidia
de la propia fealdad cultivada
frente a un tagut que las calma y las enrabia.




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6.12.16

Verbos del navío


Fundar un mar con esas lágrimas, 
la soledad es una buena excusa para inventar
imágenes y semejanzas y hacer
creer que el poder es algo propio en lo ajeno.

Crear corazones y luego naipes con corazones
echados al azar entre carruseles de caballos
sueltos, para enamorarse y creer
en el amor que parece libre.

Juntar palabras de una y otra boca
alrededor de un fruto prohibido
Enhebrar fragancias
dulces para cubrir los sexos.


Un motivo para acercarse
rodear y dejar el aire
en suspenso, para descubrir que la piel tiene
un lenguaje original
morder

Masticar la carne y aprender
su medida
cuando la luna se nos muestra hermosa

cuando el sol contrae
la sombra a ras de las mejillas
y los dedos rozan
la gravedad de los oleajes

Heme por ahí con textos
difusos impresos en mis velas roídas
Un faro alumbrará este naufragio
y cesará el llanto y creerás que es

la orilla de una tierra prometida.




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5.12.16

Sinfonía que no fue


Llevé entre mis manos aquel pequeño piano que guardaba las melodías íntimas. Un pequeño departamento, unos cuantos muebles y nosotros sentados en el suelo hablando del calor, de la música que nos emocionaba. Cansados de conversar nos acomodábamos recíprocamente en nuestros cuerpos y dejábamos que ese pequeño piano nos contara sobre la luz que nos cubría, en su idioma. En su idioma de teclas y cuerdas tensadas.

Intenté aprender los acordes exactos, para decirle a tu corazón lo mucho que amaba oírlo en la mañana, mi cabeza apoyada entre tus sueños y los míos. Tu arritmia era lo que buscaba cuando intentaba escribir una canción nueva, pues era así como se comunicaban las aves imaginarias en el borde de nuestra casa de madera, de fuego, de humo, de aire, de ilusión. Estoy seguro que ahí en el fondo, entre los nidos, se escondía un poema.

No hay razones para continuar sosteniendo este piano, pequeño piano entre mis manos. Cada nota es un silencio amargo que arranca un agudo dolor de los ojos. No hay razones para insistir como acróbata sobre un pentagrama roto.

Abrir las manos, separarlas, y que caiga el pequeño piano, para que en su propia sombra sus átomos hallen paz bajo una sinfonía que no fue.





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27.11.16

Suyúd


Se alejó la silueta de Al Ghazali:
un perro sediento al interior de una jarra vacía
ladra al corazón
Un escorpión
hace suya la escritura y el hadiz.

Por el desierto de los ojos corre
un río con piedras preciosas,
al fondo el vergel desamparado
una noche sorprendió por el poniente.

Un velo de seda cuelga
en un árbol seco y solitario
al que los viajeros se arriman
para prosternarse. Intento decirles que no
es la Kaaba pero mi voz se transforma
en arena que disipa el viento.

¿Dónde has dejado la brújula, mensajero?
¿volverán las cenizas al fuego de tu cueva?
Hallé en una montaña el silencio del recuerdo
pero entre los genios de la llanura
perdí la señal de plata.

Ibn Arabi me mira
tras las estrellas y los cuatro elementos.
Una alfombra de geometrías perennes bordadas
flamea oculta sólo oigo
circular la sangre por un mar que envejece
como los pilares pétreos de un reino humillado.

¿Dónde has dejado la brújula, mensajero?
Aquella que brillaba sobre el sol.

24.11.16

Poemas abandonados




Nos movemos tan rápido, de un lugar a otro, que ya ni estamos. Las palabras se las lleva el viento. Salimos a buscarlas. Primero a pie, luego en auto, después en avión. Nos pasamos de largo. Y perdemos las palabras en el pasado por ir demasiado rápido. Entonces inventamos una nueva forma de amarnos, con palabras sin aire, sin viento, palabras sin cuerpo, palabras más rápidas que el viento. Y ahora nos quedamos atrás, mudos en el tiempo, parapetados en gesticulaciones sin saber qué decimos, qué entiendes. Tú dices amor y yo aplaudo. Lloras y yo muero. Mueres y culpo al sol. Te beso y me desangro. Me muerdes y florezco. Así se marcharon las palabras y quedamos como símbolos de una civilización extraterrestre en un vasto desierto. Como escupitajos de tinta en un mar blanco sin orillas, parecemos poemas abandonados.







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16.11.16

Signo propio




Así en ese momento en que la vida se desmembra y figura sospechosa frente al espejo del tiempo, todo lo que no es la muerte, todo lo conocido, se vuelve una emergencia, y lo que te ha parecido inerte desde siempre, arroja una luz, que, por pequeña que sea, alcanza en la esperanza, para cubrir el cuerpo, este cuerpo que se vuelve polvo, se desintegra y deja su signo propio en palabras, palabras sobre cosas, cosas que inertes soportan nombres vitales impropios.




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10.11.16

Célula



Conocimiento para cerrar.
Conocimiento para abrir.
Conocimiento para atrapar
Conocimiento para dejar ir.

Varían las formas para contener el agua
Ninguna es suficiente para contenerla rígida.
El hielo deforma la forma que oprime.

Conocimiento para perjudicar
Conocimiento para beneficiar.
Conocimiento para dominar
Conocimiento para liberar.

La semilla permanece oculta un tiempo aproximado
La frontera de mostrarse es difusa
Los ojos ven el brote, pero no ven el agua que estructura su forma.

Conocimiento para humillar
Conocimiento para elogiar.
Conocimiento para comprimir
Conocimiento para expandir.

La flor antecede al fruto
Los colores de la flor anteceden a los colores del fruto
El fruto contiene una semilla cuyo color conquista la madurez.

Conocimiento para inhalar
Conocimiento para exhalar.





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15.10.16

Pasos alrededor de un té



Él pidió claridad, ella le ofreció un té. Él lo pidió tibio, ella lo consideró y completó con palabras blandas la espera. Sentido del humor. Mientras tanto, afuera, por la ventana, los últimos colores cálidos del día se retiraban con el ademán típico de los días amables, un sol lento que se curva como un caracol en su casa,  un puñado de estrellas como fuegos artificiales asomados desde sus cabellos largos y lisos. Perfume de hojas y madera. Revuélvelo, le puse un poco de miel. Y la miel adoptó la forma de una sonrisa. Gracias, está muy bueno. Y esa sonrisa atravesó la distancia de la ventana del sol amable y adoptó la forma brillante de su boca, y esa boca se transformó en una sonrisa curativa. Polen. ¿Parará la lluvia esta noche? Dicen que habrá luna llena. Estará detrás de esta lluvia, sembrando imaginaciones. Dicen de esta lluvia que mata a los pajaritos. La mayoría de ellos estará arriba, sobre las nubes, contemplando el plenilunio. ¿Quieres más té? Bueno. Pétalos. Vuelo.



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14.10.16

Entre líneas



El dios de tu escritura descansa

Y mientras descansa

los dioses de ese dios trabajan

entre líneas.




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11.10.16

Sueño en una vasija




Un insecto de colores metálicos en medio de la nada oscura
habla a través de un rostro apropiado y humanizado:

“Las sombras de los árboles se introducen en el río,
Sin alterar el curso, se posan en el fondo y armonizan con el movimiento transparente del agua.
Y porque las sombras también son transparentes, el río no interrumpe su flujo.
Así conviven los espíritus jubilosos cuando no esconden nudos de la carne.”

La copa de las miradas, el círculo íntimo, contiene la bebida de plata,
a su vez, la sed del viajero adelantado.
Alrededor revolotean formas rígidas en custodia
amenazan como cataclismos.
El viajero abre su boca hacia el poniente,
de su garganta emerge música de diamantes.
Las miradas vaciaron hace siglos la luz del astro.  

En el borde de una corona se desprenden las hojas de los colores,
a su vez de las palabras que pretendían eternizarlas en paisajes de musas.
Las aves negras retornan a la noche,
Y cada una extingue una estrella entre sus alas
Se confunden los navegantes allí
abajo, atribuyendo cualidades absolutas a constelaciones incompletas.

El viajero sigue su camino, saciado, transformado
en perlas que encierran cosmos y cosmos que encierran dioses.








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5.10.16

El problema



A
decir
verdad yo

no tengo problemas
con Dios

Es Dios
quien tiene problemas

conmigo.




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3.10.16

Triza de un rasgo



Te pareces a la mujer del verbo
cuando sopla la química del sueño,
Pero también a la música que escuchas.
Entonces ahí un mar recuerda las tazas de la tarde
Y el té presenta en su brillo un carrusel
De reflejos reunidos en fiesta.

La música comienza
en tus labios: un boceto tímido
 Se esfuma en la casualidad
mientras al oído dejo
una vocal insinuada.

Pero esta imagen no te pertenece
como no el silencio a las calles infantiles
por donde retorna el hombre
a buscar su feliz trascendencia

Viva imagen aborda al alma gris
Insufla
 los colores interiores de la reverencia

Un planeta de coros volcánicos
frente a la elocuencia de las olas libres
se desangra
Por la señal premonitoria 
de un mito temible que nos brota.







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26.9.16

Resuello de la carne



El caudal se repliega en sí mismo antes de disolverse, lo que fue superficie es corriente íntima, y lo que es corriente íntima será superficie.

Las pieles para las palabras sustraen colores de fuentes anónimas, en el oscurecimiento transmutan los diálogos atómicos, las fuerzas milenarias restauran su inversión.

Y he aquí la figura del personaje compungido como un rayo frágil de ocasos legendarios. En la llanura cristalina donde danza el reflejo de la pupila atormentada, los extremos de la luz demarcan sus dominios. Cruje el personaje de angustias, como cerámicas de un templo alzado a deidades ideadas. Huesos y escritura sagrada, verbo trascendente en el gesto uterino, pigmentos del soliloquio de los minerales viajeros, juntos aúllan, brota la voz clamando su origen.

Ellos no quieren cuerpos. Huyen de la semántica primigenia. Un sutil balbuceo para expresar la ausencia. Prohibición de orgasmos, de contracciones y descansos. Reducir la esencia a vocales, y vocales a palpitaciones cansinas decrecientes. Envidiar a los vegetales eternamente, pero sonreír. Ellos no quieren cuerpos, sino palabras placenteras, sonoridades sensibles, pero sin cuerpo, sensibles pero sin cuerpo. De tanto oír promesas celestiales, de tanto morir en vida y levantarse entre los muertos, palabras placenteras para vivir como si la vida fuera tan sólo una palabra sin rumbo en un abismo avaro.


Crujirá el personaje como una lápida de dientes, en el meridiano servicial madero del héroe fugitivo. Y comeremos clavos para fijarnos al tiempo por el cual la estrella rebelde se inclina y resurge. Clavos para permanecer, inmóviles pero pensantes, como si así quisiera el cuerpo ilusorio, paciente en el jardín de las nadas.






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25.9.16

Rotar el filo





Recurrirás a los dibujos necesarios, para sostener el horizonte continuo que valida tu falsa autoestima, mientras la verdadera golpea desde el interior los muros de tus culpas, expansivamente.

60º

Me curvo alrededor de tu transgresión, tu piel. Me convierto en serpiente, rodeo tu cuello tibio y suave, te ofrezco una idea genial, a tus pies me inclino con reverencia y susurro. Estás de acuerdo. Esa es tu condena, me miras entre tus pies con soberbia.

180º

Cuentas
los viajes entre una efigie y otra.
 
Las cuentas 
con tus ojos,       en la distancia colosal que reduce
a lástima
el detalle, 

como un astro entre ellos.

240º

Viajas de esta manera a la velocidad de los volúmenes que brillan en el vacío y cuyos nombres impuestos jalan como arañazos desde la miniatura inquieta de la soledad universal. Las magnitudes envuelven el aliento dorado y conceden ebria paz a todas tus muertes.

300º

Contar con los dedos te retorna a la lentitud de la arena y a su juego infantil de palabras desdichas. Allí, entre los dedos, como entre quebradas geográficas, mueren tus parásitos intoxicados por onomatopeyas que un viento fulgurante arrastra de lejanías siderales.

360º


Carne móvil, sutura de barros y de brebajes insólitos: libera.




21.9.16

Cara feliz



*
Se dice del Karesansui (jardín zen) que las piedras tienen una cara o un lado feliz, y que su arte consistiría en esta apreciación.
La cara visible de las cosas no es exactamente la feliz, como tampoco el oficio desarrollado es una extensión de la virtud profunda.

*
Algunos creían que al acercarse al rectángulo se alejarían de la circunferencia, mas el espacio los sorprendió con un cilindro. Pero para darse cuenta de que ambas figuras estaban contenidas en la misma cosa, tuvieron que desprenderse de la fe geométrica que limitaba el campo de apreciación. Así surgieron las caras felices, como las de aquellas flores pequeñas al curvar el sol su luz sobre los colores en la espera.




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31.8.16

Portal tu mano



PULGAR

Nunca nada le creí a Aristófanes, el gran amigo de la familia. Cargaba, como una roca sobre su cabeza, el nombre de aquel comensal. Tanto así que siempre se creyó heredero de esa nefasta teoría, y de ser, más que su conservador, su innovador autorizado y exclusivo. Pues bien sabía que todo aquello de las mitades sólo eran patrañas, desilusiones y cine, ruin cine hormonal.

ÍNDICE

Cambiemos de geometría, como bien cambiaron las figuras para aquellos que observaron el falso axioma de Euclídes. Cambia la geometría, cambia la forma visual de las esferas. Y si cambian las esferas, cambia la música, cambian los poemas de Lihn. Estoy exhausto de un amor que se despedaza en pantallas táctiles.

CORDIAL

Sólo nos movemos en una topología que nos es permitida, como las moscas que circulan al interior de ese escaparate. Ahí las pequeñas desenlazan su mundo, se recrean y se confinan, se sienten y se reproducen. El amor, es esa suerte de aura que las reúne. Y desamor sería esta piedra a punto de romper el cristal, que nos separa de ellas, para que escapen, para la oportunidad de que escapen. Entonces, el espacio cambiará, y la fortaleza de ese amor será puesto a prueba.

ANULAR

Nuestro vecino es un turista y nunca dejará de serlo. O digamos, nosotros seremos siempre imagen sujeta de lo que él proyecta como pertenencia de un espacio al que está siempre llegando. El espacio del turismo tiene lado opuesto, consiste de revés, como la vestimenta, como las monedas, como los edificios deshabitados. El espacio del turista tiende a contraerse cada vez que el turista se aventura al arraigo, a invertir el habitar. En esa contracción espacial, los cuerpos humanos quedan suspendidos en el exterior, ahora desnudos y con un lenguaje similar al de las estrellas. El turista muere, como el gusano de la mariposa. Muere en el lenguaje de la desnudez.

MEÑIQUE

El patio está lleno de naranjos, es invierno. Si bajas el brillo y aumentas el contraste, sus frutos parecerán planetas de esa parodia de sistema que nos enseñaban en la escuela cuando niños. Habrán creído de nosotros que éramos estúpidos. Sabíamos bien que los planetas no son ni serán esferas, que todo es parte de un método antiguo para guiarnos hacia el despojo, la rivalidad entre lo externo y lo interno. Engaños perpetuos. Sabemos, bien y por el contrario, que el aliento del universo es una inhalación en estos momentos, en esta época sideral. Aumenta el brillo, disminuye el contraste... así es el sabor por dentro y por fuera, así nos amamos.







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28.8.16

Jarabe cíclico


Escuchar mil veces la misma canción, diluirla, de tanto escucharla, sobre la superficie del café que se enfría a centímetros de la mano. Un lápiz en un extremo --como si mirara todo el montaje, como si sintiera que ese teclado atentara contra su supervivencia-- apunta, enfoca y amplía el plano. Y la canción vuelve a sonar, se transparenta a sí misma en el aire acondicionado y el encierro, da vueltas y vueltas como la sangre al interior de la humanidad sin saber de aviones, calles y precipicios, ni de vértigos, gráficos financieros o de letreros luminosos que atentan contra la permanencia de sus caminos.

Una canción deformada por la falta de tacto, diría el fantasma premonitorio de la musa infaltable, al oído; a este oído que atraviesa difícil los discursos aburridos de las sirenas solitarias. Pero los atraviesa. Una canción que, en palabras, es semejante a las frecuencias empuñadas que alguna vez pertenecieron a los pájaros y que probablemente fueron secuestradas por el vacío de una guitarra. ¿Qué fue de las guitarras resplandecientes, protagonistas indiscutibles de vídeo-clips de la década de los noventa? Tras los suicidios de los vocalistas, se retiraron de escena, hoy vagan a través de los mitos de jóvenes que basan sus vidas en objetos de consumo masivo. Como las sirenas solitarias de los mares premonitorios, cuando desaparecieron los marineros, de manera tal que estos se convirtieron en suerte de mitos para ellas.

La canción alguna vez fue carne, como el ídolo de las mayorías, pero la falta de afinación y los cambios bruscos de temperatura transformaron su materia blanda en un espejismo lagrimoso. Desde entonces llueve como si el cielo fuera piel, y el agua, sangre por el filo de una herida trágica. Dos. Dos heridas. Una en cada muñeca. Norte y sur.


Dolor en el montaje, percibe un lápiz desde un extremo, como si sintiera, como si sintiera que en otra vida sería con toda probabilidad una perfecta arma corto punzante. Pero el dolor, para sanar, también puede cubrirse con tinta, como se cubre la porcelana bajo otras alquimias y deidades. Similar estrategia a la de una llave que tras cerrar una puerta, es lanzada al vacío. ¿A cuál vacío? A ese vacío de donde huyen las cosas que tienden a enfriarse, como cosa fuera este texto, por ejemplo. Como cosa este texto en su aroma inmanente, por ejemplo. Sellar con oro la arteria fundamental sería un ademán artístico, rayano de una belle époque algo impropia, falsa y hasta ridícula, o una manera de condenar a la Belleza por siempre a las piernas del poeta. Tranquilidad para la herida, paciencia para el lápiz, refugio en la musa.





28.7.16

Visiones en una matriz




(1,1)

Seres únicos como las soledades del andén
Al frente
O el rayo que avisa el final del sueño
envuelto en pañuelos de vidrio

(1,2)

Venir del retorno
Como la primera piel del parto
El oleaje de la era
y un pez de escamas fulgurantes 
Las miradas de los pasajeros

(2,1) 

Resplandece la palabra en la materia
Humilla al ídolo oxidado 
Brota el signo en un espacio sin letras
Perlas nocturnas como sus pupilas
me amo en ellas

(2,2)

Seres únicos, como las soledades del bosque
Vegetal placenta y pliegue primitivo
Resplandecen aun en el seno de la luz

Un signo silencioso y amable
en carne.








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16.7.16

El óleo con luz propia, dulce



Veo la mañana entre
tus manos
curvadas alrededor del pistilo

Veo la copa llena
de cielo irreverente entre tus manos
cuando tejen los rayos para el astro

Aire veloz
crayón de esa música láctea

Suave olor pudor de esa piel
movediza duna fundida

Las hojas amarillas del cristal cubren
el óleo con luz propia, dulce

giran abajo las ideas como pájaros enjaulados,
furiosos

 Tus ojos de ámbar fecundan mi deseo.


Me abraza tu cuerpo como ruge 
el origen cósmico en la savia milenaria. 








/foto/“Gardener & The Centre of The Universe” – Oil painting by Jana Brike/

26.6.16

Abrir de boca. Saliva



Te transformé en palabras. Una manera de dibujarte sin que te des cuenta de que te dibujo, de que te tengo a una distancia imprudente. Los fantasmas saben bien de lo que hablo. Ellos conocen el arte de rodear y oler sin abrazos ni mordidas. Y no es que no quieran. La naturaleza lo impide, como impide que el agua salobre se mezcle con la dulce. El rubor es de origen sobrenatural; si te ocurre, tienes la cabeza puesta en esos mundos sin estrellas condenados al frío imborrable de la última noche. Aquí, si entras, el rubor rotará en tu ombligo y te trenzará los nervios de la ingle. Abrir de boca. Saliva. Por eso, transformada en palabras, como si de un dibujo se tratase tu existencia, la genialidad de tu belleza queda contenida en el campo de mis deseos favoritos, de esos deseos míos, secretos, ocultos en las cavidades químicas del sexo, del hambre tentacular, mis deseos primarios, sangrientos, sobre tu carne evolucionada y exquisitamente compleja. A saltitos te escribo, te toco, me sitúo en múltiples lenguas sobre tu sal. Como dedos arácnidos a ras de un almíbar tibio y luminoso. Un pulso negro y derramado entra en tu pudor y tiñe tu néctar cristalino, un brebaje que se vuelve tornasol y por el que suspiran los insectos aturdidos incapaces de símbolos. Sólo suspiran, aprenden a suspirar, imitan a esos hombres torpes incapaces de masticar los verbos púbicos. Un gesto miserable une insectos y hombres cobardes, un gesto que aplasto con la punta de la pluma a carcajadas. Por eso río, río mientras me meto con todos mis dientes, con todas mis armas, con todas mis escamas, en la criatura blanda que imita tu forma colorida, entro en el dibujo aromático que intenta suplantarte, que me rinde idolatría, que me desea a mí, a este ser que serpentea hacia la muerte con aliento cavernario y meteórico, en la réplica exacta que me desea tanto como el trazo que pronuncia su trascendencia literal, perversa y hospitalaria. Abrir de boca. Saliva.











/foto/

23.6.16

Por los ojos de la señora



Hoy tuve un buen día. De manera que lo que diré no tiene que ver con hoy ni con algo personal. Sólo algo que vi en la cara de una señora que viajaba conmigo en un bus, un fin de semana de mi infancia. Y de eso, ya hace años.Y lo recuerdo muy bien, porque lo que le ocurrió a la señora nunca más lo vi, ni en señoras ni en ningún tipo de terrícola. Todavía no me lo creo, aunque haya ocurrido. Anoté esa fecha en un tatuaje, contra todo delirio y laguna. Sus ojos aumentaron de tamaño a tal nivel que su rostro se hizo cada vez más pequeño, convirtiéndose la señora entera en un par de ojos inmensos apoyados directamente sobre el suelo. Cuando sus ojos ya no podían crecer más, impedidos por el tamaño del bus (y también por quienes nos desplazábamos junto a ella), de sus pupilas salieron, como culebras voladoras, palabras y palabras, unas tras otras, de tal manera que al hilarlas decían algo así como lo siguiente:

Las personas que frecuentan a personas idiotas o estúpidas, son por lo general estúpidas o buenas personas o se terminan enfureciendo. Buenas personas serían aquellas capaces de tolerar y amar a su prójimo como a sí mismo e inmunes a toda ofensa, verbal o física. Serían de una categoría misteriosa. Las estúpidas, por su parte, podrían sospechar que algo no anda bien, por lo que se distinguirían como estúpidos conscientes, pero para no sentirse solas, porque ello las obliga a a enfrentar lo que esencialmente son (y lo que les asusta, en esencia, es ser verdaderamente bellas almas), siguen conviviendo entre los estúpidos. El problema aquí es que la estupidez hasta cierta edad pasa desapercibida sin levantar cuestionamientos, para la especie humana en su totalidad resulta gracioso, simpático y hasta natural, pero luego es demasiado evidente y se vuelven personas ridículas y llegan a dar lástima. En especial dan lástima aquellas personas dotadas de nacimiento con algún talento artístico, que al juntarse con estúpidos terminan mermando su potencial. Quienes se terminan enfureciendo, están como atrapados en las redes de los estúpidos, hay cierta dependencia, pero que a diferencia de las estúpidos “conscientes”, esta se relaciona con el morbo o con la esperanza de verlos desaparecer mediante un genocidio o, por efecto de un milagro, convertirse de chasquido en seres maravillosos, dulces y no-estúpidos. La única solución para los enfurecidos es cortar los hilos de la dependencia y unirse a nuevas redes, no de enfurecidos ni de estúpidos conscientes, sino a redes relacionadas con lo que esencialmente son (es muy probable que también tengan miedo de mirar hacia el interior). Es entonces cuando podrán apreciar lo estúpido que también podían llegar a ser, el riesgo de enfurecer desde tan cerca, porque podían ser confundidos con los estúpidos conscientes agradados y con los ultra tolerantes...

En eso, los ojos de la señora rápidamente volvieron a su tamaño original , y yo, aturdido y con el recuerdo aún de las últimas palabras que ya se habían desvanecido en el interior del bus, de un grito volví a lo cotidiano.

--¿Qué me mirai tanto, cabro?








21.6.16

Solsticio




La noche más larga
La luna más redonda
El frío más intenso
Nosotros más.-






Santiago, 21 junio de 2016.-

20.6.16

Todas las ventanas del mundo dan a la belleza




Todas las ventanas del mundo dan a la belleza, pero hay que saber mirar. Pero antes de mirar, ubicarse en el punto exacto, como una llave que abre una puerta, ser la fiesta única en la distancia mínima. Lleno y vacío mutuamente amparados. Y es que todas las ventanas del mundo dan a la belleza, haya o no haya luz derramada por el cielo, migren o no migren golondrinas, lo apuñale o no un arcoiris, lo rasmille o no la lluvia de la noche más larga, como la cabellera perfumada de la musa cuando brota la tinta. Dan a la belleza las ventanas, incluso si el cielo con todos sus habitantes, licores, frecuencias de radio perdidas y collares escupidos de perlas ingrávidas, cabe entero en el interior de la habitación que te rodea los jugos, que nos rodea la sustancia, que nos acaricia, nos paladea, nos traga, la habitación con su pintura transpirada, ante las desnudeces mutuamente amparadas. La ventana que mira el muro gris del estacionamiento, la que mira el cuarto oscuro de la familia revelada, la ventanita del baño de vidrio empavonado tras los lamidos con música de Bowie, la ventana que mira la gigantografía parpadeante del veneno efervescente, la ventana que me mira cuando te miro que me miras mientras juro por dentro, en un silencio atronador, venoso y antropófago, que todas, absolutamente todas las ventanas del mundo dan a la belleza, pero que hay que saber mirar.











/foto/

Gaviotas



Una bandada de gaviotas
cruza el cielo.
Te preguntas si acaso siempre
lo hacen en número impar.





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3.6.16

Un perfume de mujer prohibida



Resultaría más fácil enfrentar la realidad con la ficción, por el mero miedo de no fracasar mintiendo. La realidad es inasible. Cualquier intento leve de tocarla, para afirmar que de ella hemos alcanzado una caricia, conduce a la ignición. La realidad lejos está de nuestras pequeñas verdades, porque nuestras pequeñas verdades son como frágiles telarañas de las cuales colgamos, tanteamos, aquello que sería capaz de soportar. Los rostros, las voces y los diálogos con el tiempo se desfiguran y sólo nos quedamos con el trazo elemental. Todo se reduce a monosílabos. Sí o no. Luz, no luz. Los vacíos son llenados por nuestras intenciones, que no son otra cosa que diminutas esferas vacías, como de cristal. Algo así como muñecas adentro de otras muñecas. Terminamos por pulir la franqueza de los relieves, altos y bajos, peleas y amor intenso, y a todo eso le ponemos de fondo un cielo, azul y límpido.

Cuando nos conocimos, nos dijimos mutuamente que seríamos fieles a nuestros personajes, pero nunca aclaramos si nuestros personajes convivirían según nuestros íntimos planes particulares. Lo terrible fue que nunca supe quién eras. Tu personaje me quedó claro. Pero quien movía su piel, jamás lo supe. Nuestra relación me resultó, por lo tanto, un juego fantasmal, atravesar un laberinto, terminar todo eso fue retornar al día anterior de conocernos. Estaba yo allí corrigiendo mis dibujos, acostumbrado quizás a imaginar situaciones contra el papel. Quizás por eso no me sorprendió que aparecieras rodeada de mito, eslabón de una extraña epifanía.

Cuando lo nuestro acabó, salí de una suerte de máquina del tiempo. Por cierto, envejecí como todos allá afuera, pero me reintegraba como un completo desconocido. Había dejado de beber mucho antes de conocernos, quizás unos tres años. Tardé en asimilar la gran variedad de marcas de cervezas nuevas. Muchos de los amigos o estaban casados, eran padres o se habían convertido en zombies de sus trabajos, conservaban al menos sus nombres y correos electrónicos. La ciudad me recibía solitaria y con un perfume de mujer prohibida. Todo ese resurgimiento se lo debería a la reina de Saba, que apareció de manera fulminante para quitarme el velo de los ojos y que luego de la sacudida se retiró sigilosamente.

Admitir que te recuerdo no es categórico, porque eres la mitad visible de un personaje que creí conocer. Cada vez que indagaba por tu voz e intentaba viajar por tu respiración, me aparecía desde tus ojos un abismo nocturno intimidante, difícil de penetrar. Mi aliento se desintegraba, huía a la superficie de las dificultades domésticas. Toda la información que he podido recopilar tras nuestra separación me ha revelado aquella imagen iluminada que me fue restringida. Es por ello que me refiero a un personaje, y cada vez que elimino una fotografía, la ficción es aplacada con discreta satisfacción.

Lo que no acabo de entender: porqué la musa intervino.

2.6.16

Amigos



Se despliegan los amigos como las palomas
como las migajas al interior de las palomas

La brisa inaugural del otoño trae
en sus hebras los pigmentos de la primavera
pero huele a caca de palomas

El mismo sol que abre las flores
abre la infancia en recorridos de campo
abre bocados para las moscas

Vivir el último día como el primer poema
O morir en el poema como mueren los días
Palomas como poemas para las moscas

Las palomas, las multitudinarias palomas
las migajas, las multitudinarias migajas
Los amigos, los pocos amigos de la plaza.







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29.5.16

Esfuerzo de arte



Fingir en tu música,
creer que soy saliva
en ella mientras la escuchas.
Descomponer los arreglos,
memorizar las notas,
convertirlas en guitarra
pura, verme en tus dedos,
soplar la oreja,
balancear el aro,
tararear que me quieres.

Disfrazarme de amante,
sepultarme en tu escenario,
temblar desde el vientre,
maquillarme en luna llena, sonreírte
en el baño, leerte a Safo,
mientras apoyo una pierna
en el eje de tu sexo, olvidarme de tu edad,
de los trasnochados,
de los moralistas,
del sufrimiento apostólico,
de la cruz romana,
inhalarte e inflamarme.

Así me toco esta noche,
antes de que las aves negras te coman
el corazón partiendo por la boca alcoholizada,
con música tuya con imitación fanática mía,
con cierto esfuerzo de arte.







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27.5.16

Cuerda floja



Te contaré cómo fue que llegaría hasta ti,
caminando sobre el trazo de aquel color
con el que intenté contener al sol. Al principio
extraería de tus ojos los pigmentos
para la base del lienzo. Y en adelante
todo lo demás sería acrobacia.






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21.5.16

El guardián de tus poemas



Yo fui uno de esos que salían de sus guaridas a rescatar poemas. Los hallábamos de quienes los escribían en pequeñas esquelas que luego doblaban y encomendaban, a través de amigos, para sus amores platónicos, pero que por desgracia se perdían en el camino, por traición de esos amigos o porque esos amores desaparecían al ocultarse el sol.

Poemas, todo tipo de poemas.

Algunos rescates demandaron la valentía de detener el tiempo y con muchísima fuerza y sacrificio retrocederlo, con el fin de evitar que las llamas devoraran por completo sonetos, coplas y versos libres, destinados a musas, amantes y amores rotos. Sólo era posible salvarlos si tanto las cenizas como el humo se hallaban en un radio a la redonda no mayor que la edad del destinatario. Por supuesto, a ciencia cierta, era muy difícil saber ese dato, por lo que sólo nos dejábamos empujar por la angustia y hacer todo lo que la aventura deslizara a nuestro alcance.

El tipo de rescate más común era el de aquellos que el viento dispersaba por los espacios abiertos de la ciudad y que la gravedad luego se encargaba de arruinarlos entre escombros y basura, entre hojas secas que alfombraban los parques y el barro fétido que se aposa en las alcantarillas. Muchos de esos poemas eran textos inconclusos, abiertos, con muchos silencios y blancuras, de manera que  a veces nos divertíamos inventándoles finales, suspensos, rimas,  o hacíamos de ellos alguna suerte de juegos, como imaginábamos hacían los dadaístas.

Siempre supe --siempre creí en realidad-- que los poemas extraviados no estaban para nada sujetos al azar o a las circunstancias de acontecimientos externos a ellos, sino que poseían para sí mismos su propia determinación, es decir que eran autopoiéticos, incluso. Poemas autopiéticos... sí, tenía que ser así o algo así. Entonces, ellos, los poemas, decidían dónde querían estar, así como lo deciden los poetas. Porque los poetas, son, queramos admitirlo o no, poemas encarnados en seres humanos. Pero ese es otro tema. Lo que sí podemos decir, porque lo sabemos, es que los poemas toman decisiones de su lugar, de su origen y de su destino.

Fue así que, un día, desafiando las reglas de la institución, materialicé la idea de trazar un jardín al interior de mi pequeña guarida... ¡Un jardín de poemas! Un jardín con todos aquellos poemas que yo sabía podían pertenecerte.

Como te decía, los poemas tienen vida propia, y están donde están porque es ahí donde quieren estar. Y dado que mi guarida, mi encantador nido es diminuto, y por lo mismo apenas entran los rayos de sol, la única manera de ofrecerles la luz que necesitan para vivir es abrir mi pecho y dejar que los latidos irradien hasta ellos los escasos nutrientes que puedo brindarles. Con un cuchillo cartonero, todas las mañanas corto con extrema precaución, frente al espejo del baño, de arriba a a abajo, la delgada piel que cubre mis costillas en tanto dejo que se proyecten horizontalmente los finos ríos de luciérnagas.  Esa es mi biblioteca.

Mi biblioteca. Pero en realidad es tu biblioteca, porque en ella guardo todos los poemas tuyos que rescato entre catástrofes y demencias, entre odios y decepciones. Entre escritores cuyos nombres se precipitan por el abismo de los nombres y lectores que juegan a leer rostros en las páginas blancas.

Ignoro el día en que te asomes por esa puerta, que tenga algún sentido este jardín y sus flores que me miran como leales hermanas solteronas. Aquí guardo, secretamente, tus poemas. Son todos tuyos. Tan secretamente quizás que hasta me entere de que sigilosa, punto por punto, has entrado, o que vienes entrando en sílabas o en pequeños párrafos a diario, viva también como un poema, el último poema.









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15.5.16

Los amantes subterráneos



Algunos se convirtieron en almas voladoras
con el pretexto de bajar satélites y estrellas a la amada.
Otros sólo balbucearon deseos narcisistas, sin importarles
si la amada sería la misma al subir y al bajar.

En cambio yo, me convertí en un animal de los subterráneos,
porque mi corazón magnético
me sugirió que cerca del centro de la Tierra conservaban su brillo piedras
preciosas que ningún ojo había loado jamás.

Los amantes de los cielos son visibles,
la espera por ellos no exigen paciencia ni equívoco.
Los amantes de los subterráneos, invisibles,
muchas veces son olvidados por la amada, la belleza y la esperanza,
también ellos olvidadizos,
pueden pasar toda la vida sondeando ilusiones brillantes,
como también aparecer derrotados o triunfantes
entre muchedumbres o desiertos fatales.
Cada piedra preciosa encierra
un canto que sólo los ojos de la amada entienden,
himno o réquiem.

Muchos amantes subterráneos mueren en el intento,
Quedan atrapados en las oscuras cavidades,
caen por pozos directos al magma,
o son aplastados por derrumbes impredecibles.
Quienes logran salir son muy pocos, obligados,
para sobrevivir, a convertirse en especies vegetales,
por lo general flores exóticas al alcance de la amada,
que si no está atenta, pasarán sin advertencia o mayor signo.






.



12.5.16

Cuando te vi



Cuando te vi
Me lloraron los ojos

Pero
no te ilusiones

No me lloré por completo.

11.5.16

Pasó la tormenta



Pasó la tormenta. Lo sé porque quedamos repartidos como muñecos de porcelana entre los escombros. Porque tal vez por afuera nos vean como escombros de porcelana repartidos, porque tal vez lo de sentir es algo oculto, velado por la espuma. Porque el corazón brilla en realidad como una lámpara de galaxias.

Las fotografías rotas exigen continuidad, anhelan cuerpo y paisaje entero. Entonces, les ofreces tu imaginación, porque además es todo lo que queda: flota entre nubes rosas y lámparas de galaxias.

Pasó la tormenta, definitivamente. Las últimas lluvias barrieron los últimos detalles, los del tacto, los más difíciles de quitar: se esconden en los poros, navegan por la sangre como submarinos blindados.

Pasó la tormenta y estalló el barco de mi canción, zozobró antes por los bordes de un mar dulce. Sin suelo, extraviado entre clamores de criaturas anfibias, descubrí en mi espalda alas de mi propia piel, y una sombra bajo mis pies, para jugar con las olas. Los peces auténticos saben quien soy, me saludan con el gesto fraternal de los minerales primitivos.

Las fotografías desaparecen a la misma velocidad con que aparecieron, a un clic por el dedo índice que a nada apunta. Cruzaron instantes por la espiral del cerezo en flor, contra el rayo de las carnes agrias. Dirás que vuelven a su origen y tienes razón. Razón es lo único que te queda.

Pasó la tormenta, pero yo persiste en su lugar. Y persiste en lo que ha quedado de mí: cuerpo como pétalos huracanados alrededor de una lámpara de galaxias.


9.5.16

La rueda del diálogo inconcluso




Y nos encontraremos como perlas al rededor del mismo cuerpo,
en una órbita común, pero ajena a nuestra naturaleza.

Nos reúne un pleito que estalla y desaparece, del cual ambos somos testigos.
Tú llegarás siempre después,  por cada ciclo,

en cambio yo te estaré esperando en algún lugar,
porque habré llegado antes.

Me reconocerás por una prenda antigua, será
de la última época en que nos reconocimos.

Como un pájaro en el vuelo veré cómo se mueven las piezas del tablero.
Mira mi sombra que acarician tus pies, ahí hay un signo del poema oculto.

Adelantaré el paso, para que no caigas.
Porque aunque eres fuerte y eres capaz de ver todos los colores,

no conoces los ríos interiores de las bestias.
Son ríos de aguas blancas y negras, que se mezclan

como el crin de los caballos que huyen del fuego en estampidas.
Nos distancian años, nos tocamos en palabras desde los extremos,

somos el satélite y el astro caídos al barro.
Tu rostro lejano sonríe cuando me ofreces tu espalda inalcanzable.

Es el modo de verte sin que me veas.
Es el pacto, de alejarte lo suficiente, para extrañar tus detalles.

Dirán mis amigos desde los cometas, que es un exceso este magnetismo terrestre,
que jamás debí entrar a esta danza interminable.

Pues aquí me tienes cansado sobre mis alas, pendiente
de que mi sombra no abandone tus pies,

hasta ver juntos el signo de la puerta, y entrar a la siguiente época,
nuevamente, como completos desconocidos, hasta el nuevo pleito que nos reúna.

Y nuevamente nos distancien años,
como extremos de un poema oculto.

3.5.16

Vida allá afuera




Y si encontramos vida allá afuera, amada mía,
podrán decirnos que nosotros somos los muertos.

Dos vidas que se miran frente a frente,
una y otra vez
la misma pregunta por el origen.








foto: Rudolf Bonvie, Dialogue, 1973.-

30.4.16

28.4.16

El poema de la lámpara





Si eres capaz de ver la luz que nosotros no vemos, entonces quédate esta noche y dinos cómo es. Perdimos la piedra de la fuente al multiplicarnos sin verso. Alguno de nosotros la vendió o la extravió o la entregó sin resistencia a los imitadores de sangre. Quedamos a oscuras sin darnos cuenta hasta que la ira y la violencia inundó los valles. Un mensajero que observaba todo desde las montañas bajó para mostrarnos el espejo del cielo. Y ahí nos vimos, dándonos golpes, escupiendo espuma negra por las bocas rotas, llenos de enojo, de impotencia, chocando unos contra otros, mujeres pariendo lobos ensangrentados, niños cazando cuervos y ancianos desnudos bailando por monedas falsas. Quédate esta noche y muéstranos la luz, dinos cómo era, tráenos el recuerdo, el poema de la lámpara.









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24.4.16

Los viajes importados



La mayor cantidad de personas que he conocido en mi vida, viajó a algún lugar del mundo en su juventud. O al menos antes de tener hijos, formar familia o establecer un hogar. Otros tantos lo harán, dicen, cuando jubilen, cuando sean adultos mayores.

Las contadas veces que he salido del país ha sido por circunstancias de fuerza mayor. El casamiento de un hermano, una gira de estudios y una mujer de la cual me enamoré hasta perder mi brújula. Pero no es de mí que quiero hablarles.

Mis amigos que viajaron cuando jóvenes vivieron sus viajes como un preámbulo de lo que querían hacer con sus vidas en adelante, es decir, sus viajes servirían para confluir en sus formas familiares. Narrarían a sus hijos entonces, sus aventuras y reuniones, reservándose los relatos de aquellas relaciones que alterarían el orden tradicional de sus roles. Serían todas imágenes un poco inventadas, porque en los momentos vivos la variedad de estímulos es rebosante, difícil de contener. Dependerá de la inteligencia y del nivel emocional de los viajeros, la calidad de los relatos. Quienes atravesaron el Atlántico y el Pacífico para abrir únicamente las mismas latas rojas que llenan los supermercados del barrio, sólo podrían festejar la suma de sus venas (dicen por ahí que son 90.000 kilómetros). Los hijos sólo serán capaces de abstraer lo que sus padres fueron capaces de abstraer. Por eso resulta a veces más fácil tomar fotografías, comprar souvenir, coleccionar postales, y todo lo que se diga de los viajes que sea sólo un complemento de esas imágenes, no al revés y jamás la columna principal de la experiencia.

Así, ellos viven como intermediarios entre bosquejos reducidos de turismos monocromáticos  y un mundo que forman con los mismos mantras de siempre, entre paredes, artefactos, dogmas, mitos y costumbres heredadas, sólo abiertos a la posibilidad de que sus hijos alcancen la irreverencia mental que tuvieron ellos, para salir y ver el mundo con sus propios ojos. Será entonces, cuando los lugares recuperen sus reflejos perdidos como espejos deformados, ecos que retornan con extrañeza. Así es como los lugares cambian sus destinos, como aquellos personajes que sufren un accidente en sus rostros y cambian completamente sus expresiones. En definitiva cambiarán también sus sentimientos.







/foto:pinterest/


22.4.16

Mi nombre quedó en el papel





Es que como no dejaste de mirarme, yo creí verme necesario a tu lado.

Fue así como encontré la manera de atravesar las dimensiones del papel y desprenderme de sus partículas, y adoptar otras que en la suma y en la densidad adquirían una plasticidad grata y novedosa. Al mismo tiempo que de mí aparecían sombras y tonalidades, según mi exposición a las fuentes lumínicas, aumentaba en mi la temperatura, tanto por fuera como por dentro... interior y exterior también surgían como nuevas cualidades en mí.

Entonces ya una vez conformado me acerqué a ti y te dije mi nombre. Lo dije tal como aparecía en el papel, pero por alguna razón no lo pudiste oír. Busqué todas las maneras en mí posibles, para extraer mi nombre del papel y llevarlo a tus oídos. Es que no bastaba con mi imagen en este cuerpo.








{foto}

17.4.16

Navegantes ciegos



Nos pasó exactamente lo que les pasa a los navegantes ciegos: chocar con témpanos y creer que los temblores son propios del barco, y que la explosión de agua es lluvia, propia de la estación y del clima. Tan equivocados estábamos.

--Invítame a mirar por sobre el muro, ¿Qué ves?
--Sube y mira por ti misma, pero controla tu ira, no te entristezcas ni te angusties.
--¿Podré ver el final de la historia?
--Claro que puedes. Pero debes saber que este muro es una ilusión, que viajamos en un barco cristalino y que más allá de estos bordes brillantes somos océanos desconocidos, con incontables especies habitando en el interior.






[foto]

14.4.16

Pequeña estrofa en tu bolsillo para una canción



Sube a la hoja amiga
ahora que emerge la brisa
pliega tus alas un instante
hasta que el sol y su calor
abra las nubes.


10.4.16

Vas y le dices




--¿Qué hacer?
--Yo que tú iría y le diría.
--¿Cómo? ¿Así? ¿Así sin más?
--Pues, claro. La cortas de tanto enigma, dejas lo que estás haciendo, vas y le dices.
--Pero es que no hay ninguna certeza.
--Pues vas y le dices.
--No puedo, no sé lo que ve cuando me ve.
--Pero es que tienes que ir. Convertido en un pájaro, un insecto o en lo que prefieras, pero tienes que ir. Créeme, tienes que ir.
--¿Y puedo ser cualquier animal?
--El que quieras, toda emoción vale.




.



8.4.16

Desnudez humana junta




1

Ese extraño deseo que nos vino de pronto. Nos sacamos la ropa en medio de la muchedumbre que marchaba constante de ida y vuelta, del trabajo a la casa, de la casa al trabajo, cafés, esquinas y dealers, fracasos sexuales, y nos echamos a correr, libres, enérgicos, como rayos estelares. Robamos las flores del puesto de la vuelta, tomaste las astromelias y yo los lilium, que los había de muchos colores y sabores y tentáculos. “Después se los pagamos”, le dije a la vendedora. “Mentira, jamás, es un robo, y lo disfrutamos, nos excita”, me corregiste, y continuamos corriendo y riendo, desnudos, más desnudos que las palomas que nos miraban espantadas, avergonzadas de tan confiada desnudez humana junta.

2

Eres pequeña, diminutiva. Eres como una cajita de cartón que doblo minuciosamente, para ver cómo las pequeñas sombras de los pliegues aparecen y desaparecen en ti, en tu piel, que es de cartón, dura, rígida pero delicada, mínima. Ya quisiera yo que tu alma estuviera de verdad en tu corazón, para saber que algo intangible existe en algo blando dentro tuyo, y así concretar algo, comerte el alma a mordiscos, y tragarla lentamente, hasta la última gota de sangre, como si en esa última gota estuviera la última gota también de tu alma. Y para que dejes de fingir que eres completamente de cartón, rígida y dura, para que de verdad los seas, y de verdad me convenzas de que no sientes, y pueda doblarte sin remordimiento, hasta el último pliegue, hasta que tus propias sombras te aúllen, te devoren y te desaparezcan.

3


Cruzar palabras, como quien cruza datos, meros signos que facilitan las máquinas, y creer que nuestros sentidos se proyectan a través de estas, y que somos realización de los signos. Mentirse a sí mismos, creer que lo que dice el otro es la mejor representación de lo que pensamos de nosotros mismos. ¡Morir! ¡Muerte merecéis! ¡Tocar es lo que os hace falta! ¡Presionar la piel de verdad! ¡Palpar! ¡Sentir que el corazón está al borde del precipicio, que puede caer, ser despedido del cuerpo de tanta presión. Padecer el aire que hace falta, y oler ¡Oler! ¡Oler la carne! ¡Oler, cómo su vapor cambia durante el día, cómo el sol secuestra las fragancias humanas y con ellas fecunda jardines y bosques inconmensurables! ¡Inhala cerca de la carne, en cuclillas, recorre los poros abiertos con tus pestañas, a orillas del corazón, poner la oreja en su pecho y presionar, presionar, presionar con la cabeza, con la inteligencia sometida al caudal de sus venas, para que el corazón arranque de esa jaula! ¡Morir de tacto! ¡Como miel entre lenguas de fuego! ¡Arrancar!






foto: Tapis Orgie, Malika Favre. 



28.3.16

El mantel





Estar adentro o estar afuera, he ahí el sentido de un verbo al respirar, cuando ser atraviesa los límites temporales. Tú y yo nos acostumbramos a poner un mantel sobre la mesa para conversar de asuntos que en la mesa no cabían. Divisas, viajes sin equipaje, sabores que recorrerían las espaldas hasta florecer noches secas. Sobre el mantel, simplemente: una panera plástica, trozos de pan que se enfriaban y endurecían, un par de pequeñas tazas a medio llenar con el reflejo circular de una luz que de una lámpara pendía temblante... era como un planeta libre de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, cargado de colores genuinos de un espacio íntimo, de un silencio insoportable pero fecundo. ¿Nos hubiéramos atrevido a cruzar las manos por ese mundo que al margen de nosotros dos dominaba su propia calma? Y de mantenernos tomados de las manos, ¿Sabríamos cuándo volver al exterior para retomar el aire de la sensatez? Estar adentro o estar afuera, pero estar juntos. O estar separados por esas fronteras que físicamente, por ahora, son infranqueables, pero ser juntos. Atravesar el tiempo, de manera que ausentarse y presentarse resulten compases de un ritmo típico, un baile extraordinario tal vez, pero de complicidad líquida, que si las pieles, cada una por su parte, se recogen sorprendiendo a los espejos, sepan los espejos transgredir la ley de la materia, y se dejen beber. "Estar adentro" o "estar afuera" es una cosa nada más que de distancia, ya lo ves. Y si en esa distancia vemos palabras, la distancia decanta en tiempo, y el tiempo se vuelve una cuestión de proximidad, a excepción del mantel, que permanecerá en la retina quién sabe en cuántos pliegues lejano e imborrable.