28.3.16

El mantel





Estar adentro o estar afuera, he ahí el sentido de un verbo al respirar, cuando ser atraviesa los límites temporales. Tú y yo nos acostumbramos a poner un mantel sobre la mesa para conversar de asuntos que en la mesa no cabían. Divisas, viajes sin equipaje, sabores que recorrerían las espaldas hasta florecer noches secas. Sobre el mantel, simplemente: una panera plástica, trozos de pan que se enfriaban y endurecían, un par de pequeñas tazas a medio llenar con el reflejo circular de una luz que de una lámpara pendía temblante... era como un planeta libre de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, cargado de colores genuinos de un espacio íntimo, de un silencio insoportable pero fecundo. ¿Nos hubiéramos atrevido a cruzar las manos por ese mundo que al margen de nosotros dos dominaba su propia calma? Y de mantenernos tomados de las manos, ¿Sabríamos cuándo volver al exterior para retomar el aire de la sensatez? Estar adentro o estar afuera, pero estar juntos. O estar separados por esas fronteras que físicamente, por ahora, son infranqueables, pero ser juntos. Atravesar el tiempo, de manera que ausentarse y presentarse resulten compases de un ritmo típico, un baile extraordinario tal vez, pero de complicidad líquida, que si las pieles, cada una por su parte, se recogen sorprendiendo a los espejos, sepan los espejos transgredir la ley de la materia, y se dejen beber. "Estar adentro" o "estar afuera" es una cosa nada más que de distancia, ya lo ves. Y si en esa distancia vemos palabras, la distancia decanta en tiempo, y el tiempo se vuelve una cuestión de proximidad, a excepción del mantel, que permanecerá en la retina quién sabe en cuántos pliegues lejano e imborrable.

19.3.16

Primeras trazas de otoño




Cuando sale el frío
__________________ese poema entra

en tus bolsillos __ aguarda
________________________junto al sosiego cubierto

de plumas
___________porque en tus ternuras
_______________________________ brota la tarde del sol.








foto

14.3.16

Desnudez del amparo



Sobre ese amor sepultado junto a los príncipes
su vapor azul tiernamente sube a la memoria de los árboles
donde como pájaros recitábamos la luz de Mustafá.

Los colores brillantes colgaban como campanas afinadas de las paredes
hasta la entrada triunfal de un viento tejido por rapiñas oscuras.

Y uno a uno los espejos de nácar se desprendieron de las coronas,
de tu abanico,
de tu sombrilla de papel acribillada aquella noche por la lluvia,
de las florecitas diminutas de tus sueños de infancia,
de tus botones atesorados en cajitas de té,
de la mesa de las manos juntas.

Y volaron contra la superficie de la luna,
frente a la paz de un niño
despierto que intentaba adivinar el origen de su sueño

Similar al tiempo una nube densa cubrió las heridas planetarias
los cortes de aquella tormenta que un pequeño mundo irradió
y sobre la llana amnesia universal
el sol derramó su rayo favorito

Amor sin príncipes, ni orientes ni ungidos
Pacto simple e insulso de levantar caminantes contra la soledad del útero
Perdón del error eterno
un naufragio persistente
vueltas y vueltas del vicio de sufrir
porque la nada espanta.

Los árboles cubren con sus hojas los llanos tristes, pero no se inclinan.
Digna desnudez del amparo
amor por fin compasivo.






foto: Here


8.3.16

Del jardín de tus ríos mis colores se desangran



Atravesar la foto Polaroid
y encontrarte en sus colores
como encuentra el sol su templanza
en el  fondo marino
en su sal pacificado

Y susurrar en tus hombros de plata
las tormentas de la sana infancia
Acontecer ofrendados
el uno al otro
reverentes cofre, terciopelo y esmeraldas 
en la tensión sagital del verbo amante

Hasta disolver el retrato
de la noche 
en el eje 
de la simiente
en el perfil de la danza sacra
voraces y aturdidos navegantes
fulminados en signos 
de extinción
por el mismo resplandor narcisista 

originario 
de este bebernos 
inmisericorde.





foto: link