30.4.16

28.4.16

El poema de la lámpara





Si eres capaz de ver la luz que nosotros no vemos, entonces quédate esta noche y dinos cómo es. Perdimos la piedra de la fuente al multiplicarnos sin verso. Alguno de nosotros la vendió o la extravió o la entregó sin resistencia a los imitadores de sangre. Quedamos a oscuras sin darnos cuenta hasta que la ira y la violencia inundó los valles. Un mensajero que observaba todo desde las montañas bajó para mostrarnos el espejo del cielo. Y ahí nos vimos, dándonos golpes, escupiendo espuma negra por las bocas rotas, llenos de enojo, de impotencia, chocando unos contra otros, mujeres pariendo lobos ensangrentados, niños cazando cuervos y ancianos desnudos bailando por monedas falsas. Quédate esta noche y muéstranos la luz, dinos cómo era, tráenos el recuerdo, el poema de la lámpara.









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24.4.16

Los viajes importados



La mayor cantidad de personas que he conocido en mi vida, viajó a algún lugar del mundo en su juventud. O al menos antes de tener hijos, formar familia o establecer un hogar. Otros tantos lo harán, dicen, cuando jubilen, cuando sean adultos mayores.

Las contadas veces que he salido del país ha sido por circunstancias de fuerza mayor. El casamiento de un hermano, una gira de estudios y una mujer de la cual me enamoré hasta perder mi brújula. Pero no es de mí que quiero hablarles.

Mis amigos que viajaron cuando jóvenes vivieron sus viajes como un preámbulo de lo que querían hacer con sus vidas en adelante, es decir, sus viajes servirían para confluir en sus formas familiares. Narrarían a sus hijos entonces, sus aventuras y reuniones, reservándose los relatos de aquellas relaciones que alterarían el orden tradicional de sus roles. Serían todas imágenes un poco inventadas, porque en los momentos vivos la variedad de estímulos es rebosante, difícil de contener. Dependerá de la inteligencia y del nivel emocional de los viajeros, la calidad de los relatos. Quienes atravesaron el Atlántico y el Pacífico para abrir únicamente las mismas latas rojas que llenan los supermercados del barrio, sólo podrían festejar la suma de sus venas (dicen por ahí que son 90.000 kilómetros). Los hijos sólo serán capaces de abstraer lo que sus padres fueron capaces de abstraer. Por eso resulta a veces más fácil tomar fotografías, comprar souvenir, coleccionar postales, y todo lo que se diga de los viajes que sea sólo un complemento de esas imágenes, no al revés y jamás la columna principal de la experiencia.

Así, ellos viven como intermediarios entre bosquejos reducidos de turismos monocromáticos  y un mundo que forman con los mismos mantras de siempre, entre paredes, artefactos, dogmas, mitos y costumbres heredadas, sólo abiertos a la posibilidad de que sus hijos alcancen la irreverencia mental que tuvieron ellos, para salir y ver el mundo con sus propios ojos. Será entonces, cuando los lugares recuperen sus reflejos perdidos como espejos deformados, ecos que retornan con extrañeza. Así es como los lugares cambian sus destinos, como aquellos personajes que sufren un accidente en sus rostros y cambian completamente sus expresiones. En definitiva cambiarán también sus sentimientos.







/foto:pinterest/


22.4.16

Mi nombre quedó en el papel





Es que como no dejaste de mirarme, yo creí verme necesario a tu lado.

Fue así como encontré la manera de atravesar las dimensiones del papel y desprenderme de sus partículas, y adoptar otras que en la suma y en la densidad adquirían una plasticidad grata y novedosa. Al mismo tiempo que de mí aparecían sombras y tonalidades, según mi exposición a las fuentes lumínicas, aumentaba en mi la temperatura, tanto por fuera como por dentro... interior y exterior también surgían como nuevas cualidades en mí.

Entonces ya una vez conformado me acerqué a ti y te dije mi nombre. Lo dije tal como aparecía en el papel, pero por alguna razón no lo pudiste oír. Busqué todas las maneras en mí posibles, para extraer mi nombre del papel y llevarlo a tus oídos. Es que no bastaba con mi imagen en este cuerpo.








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17.4.16

Navegantes ciegos



Nos pasó exactamente lo que les pasa a los navegantes ciegos: chocar con témpanos y creer que los temblores son propios del barco, y que la explosión de agua es lluvia, propia de la estación y del clima. Tan equivocados estábamos.

--Invítame a mirar por sobre el muro, ¿Qué ves?
--Sube y mira por ti misma, pero controla tu ira, no te entristezcas ni te angusties.
--¿Podré ver el final de la historia?
--Claro que puedes. Pero debes saber que este muro es una ilusión, que viajamos en un barco cristalino y que más allá de estos bordes brillantes somos océanos desconocidos, con incontables especies habitando en el interior.






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14.4.16

Pequeña estrofa en tu bolsillo para una canción



Sube a la hoja amiga
ahora que emerge la brisa
pliega tus alas un instante
hasta que el sol y su calor
abra las nubes.


10.4.16

Vas y le dices




--¿Qué hacer?
--Yo que tú iría y le diría.
--¿Cómo? ¿Así? ¿Así sin más?
--Pues, claro. La cortas de tanto enigma, dejas lo que estás haciendo, vas y le dices.
--Pero es que no hay ninguna certeza.
--Pues vas y le dices.
--No puedo, no sé lo que ve cuando me ve.
--Pero es que tienes que ir. Convertido en un pájaro, un insecto o en lo que prefieras, pero tienes que ir. Créeme, tienes que ir.
--¿Y puedo ser cualquier animal?
--El que quieras, toda emoción vale.




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8.4.16

Desnudez humana junta




1

Ese extraño deseo que nos vino de pronto. Nos sacamos la ropa en medio de la muchedumbre que marchaba constante de ida y vuelta, del trabajo a la casa, de la casa al trabajo, cafés, esquinas y dealers, fracasos sexuales, y nos echamos a correr, libres, enérgicos, como rayos estelares. Robamos las flores del puesto de la vuelta, tomaste las astromelias y yo los lilium, que los había de muchos colores y sabores y tentáculos. “Después se los pagamos”, le dije a la vendedora. “Mentira, jamás, es un robo, y lo disfrutamos, nos excita”, me corregiste, y continuamos corriendo y riendo, desnudos, más desnudos que las palomas que nos miraban espantadas, avergonzadas de tan confiada desnudez humana junta.

2

Eres pequeña, diminutiva. Eres como una cajita de cartón que doblo minuciosamente, para ver cómo las pequeñas sombras de los pliegues aparecen y desaparecen en ti, en tu piel, que es de cartón, dura, rígida pero delicada, mínima. Ya quisiera yo que tu alma estuviera de verdad en tu corazón, para saber que algo intangible existe en algo blando dentro tuyo, y así concretar algo, comerte el alma a mordiscos, y tragarla lentamente, hasta la última gota de sangre, como si en esa última gota estuviera la última gota también de tu alma. Y para que dejes de fingir que eres completamente de cartón, rígida y dura, para que de verdad los seas, y de verdad me convenzas de que no sientes, y pueda doblarte sin remordimiento, hasta el último pliegue, hasta que tus propias sombras te aúllen, te devoren y te desaparezcan.

3


Cruzar palabras, como quien cruza datos, meros signos que facilitan las máquinas, y creer que nuestros sentidos se proyectan a través de estas, y que somos realización de los signos. Mentirse a sí mismos, creer que lo que dice el otro es la mejor representación de lo que pensamos de nosotros mismos. ¡Morir! ¡Muerte merecéis! ¡Tocar es lo que os hace falta! ¡Presionar la piel de verdad! ¡Palpar! ¡Sentir que el corazón está al borde del precipicio, que puede caer, ser despedido del cuerpo de tanta presión. Padecer el aire que hace falta, y oler ¡Oler! ¡Oler la carne! ¡Oler, cómo su vapor cambia durante el día, cómo el sol secuestra las fragancias humanas y con ellas fecunda jardines y bosques inconmensurables! ¡Inhala cerca de la carne, en cuclillas, recorre los poros abiertos con tus pestañas, a orillas del corazón, poner la oreja en su pecho y presionar, presionar, presionar con la cabeza, con la inteligencia sometida al caudal de sus venas, para que el corazón arranque de esa jaula! ¡Morir de tacto! ¡Como miel entre lenguas de fuego! ¡Arrancar!






foto: Tapis Orgie, Malika Favre.