23.6.16

Por los ojos de la señora



Hoy tuve un buen día. De manera que lo que diré no tiene que ver con hoy ni con algo personal. Sólo algo que vi en la cara de una señora que viajaba conmigo en un bus, un fin de semana de mi infancia. Y de eso, ya hace años.Y lo recuerdo muy bien, porque lo que le ocurrió a la señora nunca más lo vi, ni en señoras ni en ningún tipo de terrícola. Todavía no me lo creo, aunque haya ocurrido. Anoté esa fecha en un tatuaje, contra todo delirio y laguna. Sus ojos aumentaron de tamaño a tal nivel que su rostro se hizo cada vez más pequeño, convirtiéndose la señora entera en un par de ojos inmensos apoyados directamente sobre el suelo. Cuando sus ojos ya no podían crecer más, impedidos por el tamaño del bus (y también por quienes nos desplazábamos junto a ella), de sus pupilas salieron, como culebras voladoras, palabras y palabras, unas tras otras, de tal manera que al hilarlas decían algo así como lo siguiente:

Las personas que frecuentan a personas idiotas o estúpidas, son por lo general estúpidas o buenas personas o se terminan enfureciendo. Buenas personas serían aquellas capaces de tolerar y amar a su prójimo como a sí mismo e inmunes a toda ofensa, verbal o física. Serían de una categoría misteriosa. Las estúpidas, por su parte, podrían sospechar que algo no anda bien, por lo que se distinguirían como estúpidos conscientes, pero para no sentirse solas, porque ello las obliga a a enfrentar lo que esencialmente son (y lo que les asusta, en esencia, es ser verdaderamente bellas almas), siguen conviviendo entre los estúpidos. El problema aquí es que la estupidez hasta cierta edad pasa desapercibida sin levantar cuestionamientos, para la especie humana en su totalidad resulta gracioso, simpático y hasta natural, pero luego es demasiado evidente y se vuelven personas ridículas y llegan a dar lástima. En especial dan lástima aquellas personas dotadas de nacimiento con algún talento artístico, que al juntarse con estúpidos terminan mermando su potencial. Quienes se terminan enfureciendo, están como atrapados en las redes de los estúpidos, hay cierta dependencia, pero que a diferencia de las estúpidos “conscientes”, esta se relaciona con el morbo o con la esperanza de verlos desaparecer mediante un genocidio o, por efecto de un milagro, convertirse de chasquido en seres maravillosos, dulces y no-estúpidos. La única solución para los enfurecidos es cortar los hilos de la dependencia y unirse a nuevas redes, no de enfurecidos ni de estúpidos conscientes, sino a redes relacionadas con lo que esencialmente son (es muy probable que también tengan miedo de mirar hacia el interior). Es entonces cuando podrán apreciar lo estúpido que también podían llegar a ser, el riesgo de enfurecer desde tan cerca, porque podían ser confundidos con los estúpidos conscientes agradados y con los ultra tolerantes...

En eso, los ojos de la señora rápidamente volvieron a su tamaño original , y yo, aturdido y con el recuerdo aún de las últimas palabras que ya se habían desvanecido en el interior del bus, de un grito volví a lo cotidiano.

--¿Qué me mirai tanto, cabro?