31.8.16

Portal tu mano



PULGAR

Nunca nada le creí a Aristófanes, el gran amigo de la familia. Cargaba, como una roca sobre su cabeza, el nombre de aquel comensal. Tanto así que siempre se creyó heredero de esa nefasta teoría, y de ser, más que su conservador, su innovador autorizado y exclusivo. Pues bien sabía que todo aquello de las mitades sólo eran patrañas, desilusiones y cine, ruin cine hormonal.

ÍNDICE

Cambiemos de geometría, como bien cambiaron las figuras para aquellos que observaron el falso axioma de Euclídes. Cambia la geometría, cambia la forma visual de las esferas. Y si cambian las esferas, cambia la música, cambian los poemas de Lihn. Estoy exhausto de un amor que se despedaza en pantallas táctiles.

CORDIAL

Sólo nos movemos en una topología que nos es permitida, como las moscas que circulan al interior de ese escaparate. Ahí las pequeñas desenlazan su mundo, se recrean y se confinan, se sienten y se reproducen. El amor, es esa suerte de aura que las reúne. Y desamor sería esta piedra a punto de romper el cristal, que nos separa de ellas, para que escapen, para la oportunidad de que escapen. Entonces, el espacio cambiará, y la fortaleza de ese amor será puesto a prueba.

ANULAR

Nuestro vecino es un turista y nunca dejará de serlo. O digamos, nosotros seremos siempre imagen sujeta de lo que él proyecta como pertenencia de un espacio al que está siempre llegando. El espacio del turismo tiene lado opuesto, consiste de revés, como la vestimenta, como las monedas, como los edificios deshabitados. El espacio del turista tiende a contraerse cada vez que el turista se aventura al arraigo, a invertir el habitar. En esa contracción espacial, los cuerpos humanos quedan suspendidos en el exterior, ahora desnudos y con un lenguaje similar al de las estrellas. El turista muere, como el gusano de la mariposa. Muere en el lenguaje de la desnudez.

MEÑIQUE

El patio está lleno de naranjos, es invierno. Si bajas el brillo y aumentas el contraste, sus frutos parecerán planetas de esa parodia de sistema que nos enseñaban en la escuela cuando niños. Habrán creído de nosotros que éramos estúpidos. Sabíamos bien que los planetas no son ni serán esferas, que todo es parte de un método antiguo para guiarnos hacia el despojo, la rivalidad entre lo externo y lo interno. Engaños perpetuos. Sabemos, bien y por el contrario, que el aliento del universo es una inhalación en estos momentos, en esta época sideral. Aumenta el brillo, disminuye el contraste... así es el sabor por dentro y por fuera, así nos amamos.







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28.8.16

Jarabe cíclico


Escuchar mil veces la misma canción, diluirla, de tanto escucharla, sobre la superficie del café que se enfría a centímetros de la mano. Un lápiz en un extremo --como si mirara todo el montaje, como si sintiera que ese teclado atentara contra su supervivencia-- apunta, enfoca y amplía el plano. Y la canción vuelve a sonar, se transparenta a sí misma en el aire acondicionado y el encierro, da vueltas y vueltas como la sangre al interior de la humanidad sin saber de aviones, calles y precipicios, ni de vértigos, gráficos financieros o de letreros luminosos que atentan contra la permanencia de sus caminos.

Una canción deformada por la falta de tacto, diría el fantasma premonitorio de la musa infaltable, al oído; a este oído que atraviesa difícil los discursos aburridos de las sirenas solitarias. Pero los atraviesa. Una canción que, en palabras, es semejante a las frecuencias empuñadas que alguna vez pertenecieron a los pájaros y que probablemente fueron secuestradas por el vacío de una guitarra. ¿Qué fue de las guitarras resplandecientes, protagonistas indiscutibles de vídeo-clips de la década de los noventa? Tras los suicidios de los vocalistas, se retiraron de escena, hoy vagan a través de los mitos de jóvenes que basan sus vidas en objetos de consumo masivo. Como las sirenas solitarias de los mares premonitorios, cuando desaparecieron los marineros, de manera tal que estos se convirtieron en suerte de mitos para ellas.

La canción alguna vez fue carne, como el ídolo de las mayorías, pero la falta de afinación y los cambios bruscos de temperatura transformaron su materia blanda en un espejismo lagrimoso. Desde entonces llueve como si el cielo fuera piel, y el agua, sangre por el filo de una herida trágica. Dos. Dos heridas. Una en cada muñeca. Norte y sur.


Dolor en el montaje, percibe un lápiz desde un extremo, como si sintiera, como si sintiera que en otra vida sería con toda probabilidad una perfecta arma corto punzante. Pero el dolor, para sanar, también puede cubrirse con tinta, como se cubre la porcelana bajo otras alquimias y deidades. Similar estrategia a la de una llave que tras cerrar una puerta, es lanzada al vacío. ¿A cuál vacío? A ese vacío de donde huyen las cosas que tienden a enfriarse, como cosa fuera este texto, por ejemplo. Como cosa este texto en su aroma inmanente, por ejemplo. Sellar con oro la arteria fundamental sería un ademán artístico, rayano de una belle époque algo impropia, falsa y hasta ridícula, o una manera de condenar a la Belleza por siempre a las piernas del poeta. Tranquilidad para la herida, paciencia para el lápiz, refugio en la musa.