26.9.16

Resuello de la carne



El caudal se repliega en sí mismo antes de disolverse, lo que fue superficie es corriente íntima, y lo que es corriente íntima será superficie.

Las pieles para las palabras sustraen colores de fuentes anónimas, en el oscurecimiento transmutan los diálogos atómicos, las fuerzas milenarias restauran su inversión.

Y he aquí la figura del personaje compungido como un rayo frágil de ocasos legendarios. En la llanura cristalina donde danza el reflejo de la pupila atormentada, los extremos de la luz demarcan sus dominios. Cruje el personaje de angustias, como cerámicas de un templo alzado a deidades ideadas. Huesos y escritura sagrada, verbo trascendente en el gesto uterino, pigmentos del soliloquio de los minerales viajeros, juntos aúllan, brota la voz clamando su origen.

Ellos no quieren cuerpos. Huyen de la semántica primigenia. Un sutil balbuceo para expresar la ausencia. Prohibición de orgasmos, de contracciones y descansos. Reducir la esencia a vocales, y vocales a palpitaciones cansinas decrecientes. Envidiar a los vegetales eternamente, pero sonreír. Ellos no quieren cuerpos, sino palabras placenteras, sonoridades sensibles, pero sin cuerpo, sensibles pero sin cuerpo. De tanto oír promesas celestiales, de tanto morir en vida y levantarse entre los muertos, palabras placenteras para vivir como si la vida fuera tan sólo una palabra sin rumbo en un abismo avaro.


Crujirá el personaje como una lápida de dientes, en el meridiano servicial madero del héroe fugitivo. Y comeremos clavos para fijarnos al tiempo por el cual la estrella rebelde se inclina y resurge. Clavos para permanecer, inmóviles pero pensantes, como si así quisiera el cuerpo ilusorio, paciente en el jardín de las nadas.






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25.9.16

Rotar el filo





Recurrirás a los dibujos necesarios, para sostener el horizonte continuo que valida tu falsa autoestima, mientras la verdadera golpea desde el interior los muros de tus culpas, expansivamente.

60º

Me curvo alrededor de tu transgresión, tu piel. Me convierto en serpiente, rodeo tu cuello tibio y suave, te ofrezco una idea genial, a tus pies me inclino con reverencia y susurro. Estás de acuerdo. Esa es tu condena, me miras entre tus pies con soberbia.

180º

Cuentas
los viajes entre una efigie y otra.
 
Las cuentas 
con tus ojos,       en la distancia colosal que reduce
a lástima
el detalle, 

como un astro entre ellos.

240º

Viajas de esta manera a la velocidad de los volúmenes que brillan en el vacío y cuyos nombres impuestos jalan como arañazos desde la miniatura inquieta de la soledad universal. Las magnitudes envuelven el aliento dorado y conceden ebria paz a todas tus muertes.

300º

Contar con los dedos te retorna a la lentitud de la arena y a su juego infantil de palabras desdichas. Allí, entre los dedos, como entre quebradas geográficas, mueren tus parásitos intoxicados por onomatopeyas que un viento fulgurante arrastra de lejanías siderales.

360º


Carne móvil, sutura de barros y de brebajes insólitos: libera.




21.9.16

Cara feliz



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Se dice del Karesansui (jardín zen) que las piedras tienen una cara o un lado feliz, y que su arte consistiría en esta apreciación.
La cara visible de las cosas no es exactamente la feliz, como tampoco el oficio desarrollado es una extensión de la virtud profunda.

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Algunos creían que al acercarse al rectángulo se alejarían de la circunferencia, mas el espacio los sorprendió con un cilindro. Pero para darse cuenta de que ambas figuras estaban contenidas en la misma cosa, tuvieron que desprenderse de la fe geométrica que limitaba el campo de apreciación. Así surgieron las caras felices, como las de aquellas flores pequeñas al curvar el sol su luz sobre los colores en la espera.




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