11.10.16

Sueño en una vasija




Un insecto de colores metálicos en medio de la nada oscura
habla a través de un rostro apropiado y humanizado:

“Las sombras de los árboles se introducen en el río,
Sin alterar el curso, se posan en el fondo y armonizan con el movimiento transparente del agua.
Y porque las sombras también son transparentes, el río no interrumpe su flujo.
Así conviven los espíritus jubilosos cuando no esconden nudos de la carne.”

La copa de las miradas, el círculo íntimo, contiene la bebida de plata,
a su vez, la sed del viajero adelantado.
Alrededor revolotean formas rígidas en custodia
amenazan como cataclismos.
El viajero abre su boca hacia el poniente,
de su garganta emerge música de diamantes.
Las miradas vaciaron hace siglos la luz del astro.  

En el borde de una corona se desprenden las hojas de los colores,
a su vez de las palabras que pretendían eternizarlas en paisajes de musas.
Las aves negras retornan a la noche,
Y cada una extingue una estrella entre sus alas
Se confunden los navegantes allí
abajo, atribuyendo cualidades absolutas a constelaciones incompletas.

El viajero sigue su camino, saciado, transformado
en perlas que encierran cosmos y cosmos que encierran dioses.








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