26.12.16

De la quietud



Porque así como si pudiéramos estar
al mismo tiempo en el Himalaya y en las estepas americanas
a un clic de distancia,
una nevasca en medio del sol no nos sorprende.

Nos estamos deteniendo, amor mío,
las órbitas de los errantes se desnudan
y como perlas de un collar roto nos dispersamos
sin fuerza propia.

La luna de hoy es sólo un recuerdo sepia 
de la infancia, estamos ciegos
frente a su luz, nuestros vaticinios
son parodias de telescopios obsoletos.

Cada vez más inmóviles, amor mío,
anclados en un mar de salivas amargas y espesas
alucinados con letanías
de una raza extraña que del cuerpo nuestro humor succiona.

El placer por los ídolos de piedra nos volvió rígidos
el ego halló su madriguera segura en el cisma
en este aliento sideral petrificado
El ángel del fuego decepcionado vuelve a su casa.

Las lágrimas del hijo no caen sólo apuntan
el camino del retorno
Las imágenes eléctricas de nuestras fiestas planearán

los desiertos que seremos.

Pero los afortunados serán 
lluvia de un nuevo país.
La tierra un rostro 
a un beso diario y jubiloso.




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25.12.16

Dejar es el dolor de la cura



Las grandes uwasyiks* no están para pequeñeces. No se trata de negar el cuerpo. Al contrario. Es enaltecer el cuerpo, reflejarlo en el firmamento. Las grandes uwasyiks buscan las cimas de las colinas, independiente de sus alturas como una forma de ubicar el corazón y no de envolver la vista con un determinado paisaje extraordinario. Pues las grandes uwasyiks hablan como si el corazón hablara, tal como el músculo que es, capaz de detener el organismo sin salir de su refugio. El silencio es parte del pulso, del lenguaje, y no dice lo que los otros silencios piensan que dice. Precisamente, en eso se distinguen. Las grandes uwasyiks no acuden a metáforas de seres alados, alas no necesitan, porque ellas fluyen en el universo de lo visible y de lo invisible como raíces de nubes, encienden los átomos lejanos y cercanos como lámparas de almizcle conectadas por una red de seda. Las grandes uwasyiks oyen el acorde de los dioses cuando hacen el llamado al unísono de elevar el campamento. Atrás deberán quedar los arados ya estériles, también las voces que cruzaban las habitaciones oscuras. Nuevas artes anuncian los dioses y la piel está dispuesta a ser besada por nuevas criaturas que de amores sublimes provienen. Atrás, dejar atrás es el siguiente paso, dejar es el dolor de la cura.


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*Uwasya (plural: uwasyiks): Palabra que brota en reemplazo de una muy antigua llamada "alma". Su brotar es similar al cambio de piel de las serpientes o al de algunos insectos. su significado es es similar al del "alma", pero en un sentido evolucionado, tendría un valor multidimensional, es decir su sentido de unicidad estaría trascendido. Es muy probable que esta palabra se disuelva como un hielo en la boca al pronunciarla o que haga aparecer la figura de un árbol imaginario. Se trataría entonces de una manera de cambiar de estado dimensional, vale decir aparecería en otra dimensiones transfigurada, pero expresando la misma idea, despareciendo luego como la figura de un árbol, una piedra u otra figura-palabra conocida.





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20.12.16

Los amigos de mi humano



Los amigos de mi humano hablan
en lenguas arquetípicas,
valle hermoso donde llueve
plata y las estrellas cantan
aromas frutales.

No entran al jardín
las criaturas de luz extinguida
ni las de fría sangre arrítmica
ni las que como reptiles vibran. Ellas,
horribles, imitan
la forma trágica del ocaso.

Los amigos de mi humano brillan en la noche
y en sus manos habita el calor
original del universo,
herederos son del ángel radiante que vence
en la mañana al viejo impostor del Uno
quien susurra el desvío al viajero y a las tribus
de lenguas pedestres.

Los amigos de mi humano, tocan la tierra
con sus labios y lloran
mineral ardiente cuando se entristecen,
nuevas viñas cuando ríen,
manantial de mieles cuando aman.

Todo es fiesta y regocijo en el círculo de la no-muerte
Y no hay lugar para  las criaturas horribles,
Las que vomitarán veneno de envidia
de la propia fealdad cultivada
frente a un tagut que las calma y las enrabia.




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6.12.16

Verbos del navío


Fundar un mar con esas lágrimas, 
la soledad es una buena excusa para inventar
imágenes y semejanzas y hacer
creer que el poder es algo propio en lo ajeno.

Crear corazones y luego naipes con corazones
echados al azar entre carruseles de caballos
sueltos, para enamorarse y creer
en el amor que parece libre.

Juntar palabras de una y otra boca
alrededor de un fruto prohibido
Enhebrar fragancias
dulces para cubrir los sexos.


Un motivo para acercarse
rodear y dejar el aire
en suspenso, para descubrir que la piel tiene
un lenguaje original
morder

Masticar la carne y aprender
su medida
cuando la luna se nos muestra hermosa

cuando el sol contrae
la sombra a ras de las mejillas
y los dedos rozan
la gravedad de los oleajes

Heme por ahí con textos
difusos impresos en mis velas roídas
Un faro alumbrará este naufragio
y cesará el llanto y creerás que es

la orilla de una tierra prometida.




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5.12.16

Sinfonía que no fue


Llevé entre mis manos aquel pequeño piano que guardaba las melodías íntimas. Un pequeño departamento, unos cuantos muebles y nosotros sentados en el suelo hablando del calor, de la música que nos emocionaba. Cansados de conversar nos acomodábamos recíprocamente en nuestros cuerpos y dejábamos que ese pequeño piano nos contara sobre la luz que nos cubría, en su idioma. En su idioma de teclas y cuerdas tensadas.

Intenté aprender los acordes exactos, para decirle a tu corazón lo mucho que amaba oírlo en la mañana, mi cabeza apoyada entre tus sueños y los míos. Tu arritmia era lo que buscaba cuando intentaba escribir una canción nueva, pues era así como se comunicaban las aves imaginarias en el borde de nuestra casa de madera, de fuego, de humo, de aire, de ilusión. Estoy seguro que ahí en el fondo, entre los nidos, se escondía un poema.

No hay razones para continuar sosteniendo este piano, pequeño piano entre mis manos. Cada nota es un silencio amargo que arranca un agudo dolor de los ojos. No hay razones para insistir como acróbata sobre un pentagrama roto.

Abrir las manos, separarlas, y que caiga el pequeño piano, para que en su propia sombra sus átomos hallen paz bajo una sinfonía que no fue.





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